Ministro Fernandez Díaz, estos otros 11 políticos dimitieron por escándalos menos graves que el suyo

Según las grabaciones desveladas por Público, el ministro del Interior español, Jorge Fernández Díaz, habría conspirado con el jefe de la Oficina Antifraude de Cataluña para "fabricar escándalos" contra dos rivales políticos, CDC y ERC. Las conversaciones revelan un carácter discrecional, arbitrario e incriminatorio en las acciones de Fernández Díaz, que se habría valido de su posición al frente de una institución pública para obtener rédito político propio. El escándalo es mayúsculo, pero la reacción del ministro ha sido un tanto inesperada: no anunciar su dimisión, sino investigar la filtración de las conversaciones.

Los archivos a los que ha tenido acceso Público revelan que, según Fernández Díaz, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, también estaba al tanto del proceder de su ministro. Su reacción, al igual que ante la de otros escándalos, no ha sido la destitución de su subordinado, sino afirmar desconocerlo todo.

El escándalo tiene la suficiente fuerza como para que el ministro del Interior presente su dimisión. Al menos si comparamos su particular trama conspirativa con los motivos que han llevado a otros políticos de diversos puntos del mundo a abandonar su cargo. En el fondo de armario hay escándalos de parecido calado, sociedades financieras opacas en paraísos fiscales, tesis doctorales plagiadas y un largo listado de cuestiones que han empujado, a muchos políticos, a dejar su cargo por motivos menos graves a los que se enfrenta Fernández Díaz hoy.

1. Laila Freivalds y el cierre de una página web

En 2006, Freivalds, ministra de exteriores de Suecia, presentó su dimisión tras admitir haber mentido a la prensa. Durante los días previos, el gobierno sueco había forzado, vía el proveedor de Internet de turno, el cierre de una página web de los Demócratas de Suecia, el creciente partido de extrema derecha del país. La web contenía caricaturas satíricas de Mahoma, poco después del escándalo mundial de las publicadas por el periódico danés Jyllands-Posten. Según Freivalds, el cierre no había sido ordenado por el gobierno, sino realizado de forma independiente por un subordinado. Era mentira y se descubrió.

Por ello, Freivalds, que arrastraba otras polémicas tras de sí, tuvo que dimitir.

2. Søren Gade y un libro escrito en árabe

Gade, a la izquierda.

Ministro de Defensa de Dinamarca, Gade se vio envuelto en un largo y extraño conflicto con la prensa y la oposición por varias filtraciones y publicaciones relativas a las tropas danesas tanto en Iraq como en Afganistán. En relación a las primeras, un miembro de su gabinete había filtrado a la prensa información sensible sobe las tropas de élites danesas en el país árabe. Y en relación a las segundas, un exsoldado logró publicar, pese a los intentos del ejército y del ministerio de detenerlo, un libro en árabe sobre su servicio en Afganistán y sobre el desempeño del ejército danés. Ambas informaciones terminaron con Gade.

3. Chris Huhne y una multa de tráfico

Secretario de Estado de Energía y Cambio Climático, Huhne había estado huyendo de una multa a su nombre desde 2003. Pese a haber sido descubierto conduciendo a más velocidad de la debida, Huhne logró que su esposa asumiera la multa en su lugar (por motivos de imagen política). Casi diez años después y ya como miembro del gobierno, el escándalo salió a la luz, Huhne lo negó todo, se sentó delante de un tribunal, tuvo que admitir el fraude y no sólo se vio obligado a dimitir, sino que pasó una breve temporada en prisión.

4. Carlo Malinconico y un hotel en la Toscana

Presidente del Consejo de Ministros de Mario Monti, Malinconico tuvo que dimitir en 2012 tras desvelarse que varios años antes había mantenido contactos y relaciones muy cercanas con empresarios relacionados con tramas de corrupción, e investigados en aquel momento. Malinconico era miembro del gobierno de Prodi cuando parte de sus facturas durante su estancia estival en un lujoso hotel de la Toscana fueron pagadas por empresarios investigados por el fraude en los contratos de la construcción tras el terremoto de Aquila. La historia terminó con su carrera política en el gobierno de Monti.

5. Alemania y quien quiera que plagie una tesis

Karl-Theodor zu Guttenberg.

El gobierno de Angela Merkel ha tenido hasta tres ministros acusados de plagiar sus tesis doctorales. La última, la ministra de Defensa Ursula von der Leyen, no ha dimitido. Dos antes que ella sí lo hicieron, y por el mismo motivo. El primero fue Karl-Theodor zu Guttenberg, un popular aristócrata en el gobierno alemán que regentaba la misma cartera que Von der Leyden. Guttenberg había copiado artículos de prensa y publicaciones de la embajada de EEUU en Berlín. La segunda, Anette Schavan, ministra de Educación cuya calidad de doctora por la Universidad de Düsseldorf le fue retirada por, de nuevo, plagiar en su tesis.

6. Michèle Alliot-Marie y un inoportuno viaje

"A cheap holiday in other people's misery", que cantaban los Sex Pistols. A Alliot-Marie se llevó por delante su carrera política unas vacaciones inoportunas. En 2011, en pleno levantamiento popular contra el régimen dictatorial de Zine El Abidine Ben Ali, la ministra francesa de exteriores había viajado a Túnez en compañía de su pareja invitada (en su avión privado) por Aziz Miled, un empresario tunecino cercano a Ben Ali y que, como redondeo al escándalo, tenía intereses económicos conjuntos con el padre de Alliot-Marie. La tormenta perfecta derivó en la dimisión de la ministra.

7. David Laws y los pisos de su amante

Secretario jefe del Tesoro, mano derecha del Canciller de Hacienda del Reino Unido, Laws tuvo que dimitir poco después de acceder a su cargo al desvelarse que había cargado al erario público gastos inaceptables. La mayor parte de ellos derivados de dietas destinadas al pago de alquileres de segundas viviendas... Donde no vivía él, sino su amante, James Lundie. La investigación, llevada a cabo por The Daily Telegraph, derivó en su salida del armario, en una suspensión de la propia Cámara de los Comunes y, finalmente, en su dimisión como miembro del gobierno por cuestiones de ética personal y política.

8. Demetrio Madrid y su no culpabilidad

Primer presidente de Castilla y León, Madrid se vio obligado a dimitir en 1986 tras ser procesado por la Audiencia Territorial con motivo de un conflicto laboral relacionado con su empresa textil, Pekus. Con su antigua, de hecho, dado que Madrid la había vendido antes de acceder a la presidencia. Fue imputado por teóricas irregularidades en los pagos, y dadas las presiones internas de su partido y su propia situación política, optó por dimitir. Tres años después el proceso judicial le declararía inocente y libre de todos los cargos.

9. Pavlos Geroulanos y el robo de un museo

Geroulanos, en el centro.

Ministro de Cultura y Turismo, Geroulanos, miembro del PASOK, se sintió en la obligación de presentar su dimisión cuando el robo de varias decenas de piezas arqueológicas en el Museo de Olimpia le puso en el centro de las críticas de la oposición y de la prensa. Fue un caso de incompetencia (las alarmas estaban desactivadas cuando se produjeron los hechos), y en consecuencia Geroulanos decidió marcharse del cargo. Su dimisión, sin embargo, no fue aceptada por George Papandreou, primer ministro.

10. Horst Köhler y una sugerencia incómoda

Presidente de Alemania, designado por la Asamblea Federal, Köhler tuvo un segundo mandato muy corto. En 2010, realizó unas declaraciones poco afortunadas a juicio de la clase política y de la prensa alemana: según Köhler, que en el momento de emitir sus opiniones volvía de un viaje a Afganistán, el ejército alemán debía defender los intereses comerciales de Alemania allí donde se encontrara. En un país como Alemania, una sugerencia de tal calibre tiene un natural carácter incómodo. Köhler, pese a especificar que se refería a Somalia, no encontró quien le apoyara y se vio obligado a dimitir.

11. Y ciertos papeles en cierto país centroamericano

Como cierre, un doble ejemplo, tan válido en España como en Islandia. Tanto José Manuel Soria como el más reciente primer ministro islandés, Sigmundur Davíð Gunnlaugsson, se vieron obligados a abandonar sus respectivos cargos al verse envueltos en el escándalo de los Papeles de Panamá. No tanto un escándalo de corrupción como otro de supuesta evasión de impuestos. Sin embargo, la débil imagen pública que ambos habían adquirido al revelarse que contaban o contaron con empresas offshore derivó en una insostenible posición política.

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