Un militar australiano subió a la gran fragata española y se quedó a cuadros: era un calco del diseño de su propio destructor

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La explicación estaba a miles de kilómetros, en los astilleros españoles de Ferrol

Miguel Jorge

Editor

Que un militar australiano suba a una fragata española durante unas maniobras internacionales no es noticia. Que cuando lo haga se encuentre con un diseño calcado a su propio buque de guerra, ya es otra cosa. El oficial del destructor HMAS Sydney descubrió que la estructura de la fragata Álvaro de Bazán era prácticamente idéntica a la del barco en el que servía. La explicación de aquel parecido se encontraba a miles de kilómetros.

El descubrimiento. El teniente Nicholas Newton, oficial de guerra de superficie del HMAS Sydney, embarcó en la fragata española Álvaro de Bazán durante el ejercicio multinacional Pacific Dragon, centrado en la defensa aérea y antimisiles. Su misión consistía en trabajar como oficial de operaciones dentro del equipo de mando estadounidense desplegado en el buque español. 

Allí descubrió hasta qué punto conocía la arquitectura de aquella fragata: según explicó a Navy News, la publicación oficial de la Armada australiana, era exactamente el mismo barco que el Sydney, cuaderna por cuaderna. La semejanza resultaba especialmente llamativa porque Australia clasifica su buque como destructor y España denomina fragata al Álvaro de Bazán. 

¿Qué demonios estaba ocurriendo? 

El origen estaba en España. La explicación se encuentra en las fragatas españolas F-100, una familia de buques diseñada y construida por Navantia en Ferrol, cuya primera unidad fue precisamente la Álvaro de Bazán. Australia eligió esa arquitectura como base para desarrollar sus tres destructores de la clase Hobart: HMAS Hobart, HMAS Brisbane y HMAS Sydney. 

Navantia participó en el diseño y proporcionó apoyo técnico, mientras que la construcción se realizó en Australia mediante un programa industrial en el que intervinieron ASC, Raytheon y el Gobierno australiano. El Sydney, tercera y última unidad de la serie, entró en servicio el 18 de mayo de 2020. Dicho de otra forma, la experiencia de Newton puso de manifiesto hasta qué punto la ingeniería naval española había influido en la renovación de la flota australiana.

Un destructor estadounidense de la Clase Arleigh Burke en la cual está inspiradas las fragatas españolas de la clase Álvaro de Bazán. En concreto este es el USS Arleigh Burke (DDG-51)

Dos barcos casi idénticos, dos marinas diferentes. Aquí viene la segunda parte que explica el entuerto. El parentesco estructural no implica que ambas clases tengan exactamente los mismos equipos, capacidades o configuraciones, ya que Australia adaptó el diseño español a sus propios requisitos operativos. Los destructores Hobart incorporan el sistema de combate Aegis, que integra la información de los radares con sus armas para detectar y combatir amenazas aéreas, una tecnología que también utilizan las fragatas españolas F-100. 

El Sydney dispone además de misiles antibuque, torpedos, sonares, artillería naval y capacidad para operar con helicópteros. Newton encontró diferencias especialmente llamativas en la organización cotidiana de la tripulación española, cuyos horarios y procedimientos eran distintos de los australianos. También destacó el ambiente a bordo, las barbacoas en la cubierta de vuelo, la música y la hospitalidad de los marineros españoles.

La fragata F-101 Álvaro de Bazán

Siete barcos y un huracán acercándose. Curiosamente, la estancia del australiano en la fragata española terminó convirtiéndose en una prueba de coordinación internacional. Una vez completados los principales ejercicios de defensa antimisiles de Pacific Dragon, los buques participantes debían abandonar la zona ante la llegada de un huracán con vientos de hasta 121 kilómetros por hora. 

Había un problema: siete barcos necesitaban repostar combustible antes de poder alejarse con seguridad. Newton participó en la coordinación de los movimientos y del abastecimiento desde la Álvaro de Bazán, mientras el buque logístico estadounidense USNS Washington Chambers suministraba combustible a las unidades. La operación permitió que los siete barcos se dirigieran hacia zonas seguras antes de la llegada de la tormenta.

El valor de un diseño que cruzó medio mundo. Si se quiere también, la experiencia de Newton refleja el alcance internacional de un programa naval desarrollado originalmente para la Armada española. Las F-100 proporcionaron a Australia una plataforma sobre la que construir sus destructores de defensa aérea, adaptando un diseño ya existente a sus necesidades militares e industriales. 

Durante Pacific Dragon, ese parentesco permitió al oficial australiano reconocer inmediatamente la estructura de un barco extranjero, al tiempo que descubría al mundo las diferencias entre las dos marinas. La anécdota resume, además, una realidad poco conocida de la industria militar española: que uno de los pilares de la defensa naval australiana tiene su origen a miles de kilómetros, en los mismísimos astilleros de Ferrol.

Imagen | Contando Estrelas, U.S. Navy, 

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