Despreciar Mad Max porque no es lo bastante macho es no haber entendido nada en 30 años de cine de acción

Mad Max: Furia en la Carretera ha sido noticia porque a) según la crítica es una obra maestra del cine de acción y b) a una parte de su autoerigido público no le ha gustado nada que Charlize Theron sea la protagonista, y el Max Rockatansky de Tom Hardy un secundario de lujo.

Sin entrar en spoilers: la nueva entrega de Mad Max es una película sobre una mujer, Imperator Furiosa, escapando hacia la libertad. Un puñado de tarados, tan adictos a la cultura del motor que la han convertido en religión y lenguaje, liderados por el villanísimo Immortan Joe quieren ponerla en su sitio. Pero ella tiene un camión de guerra. Y se encuentra con un autoestopista llamado Max.

Y a los MRA no les ha gustado nada esa premisa ni otra parte de la trama. ¿Que quiénes son los MRA? Pues un puñado de internautas aterrados por el auge del feminismo y que, como Inmortan Joe y sus locos de la gasolina, han formado un lenguaje propio: no lo llame machismo, llámelo “activismo por los derechos del hombre” (MRA, en sus siglas en inglés).

Los activistas han llamado al boicot de la película en una descerebrada espiral de vergüenza ajena, acusándola de destrozar el cine de acción al convertirlo en propaganda feminista. Y olvidando que algunas de las películas más influyentes del género están protagonizadas por mujeres, que se comportan como tales y que están grabadas a fuego en la memoria colectiva del espectador.

Ellen Ripley (Aliens)

Los aliens son el depredador perfecto del universo: xenomorfos insectoides que actúan por instinto con la eficacia de un Deep Blue jugando al ajedrez contra un niño de seis años. En la secuela de James Cameron un puñado de marines espaciales, inspirados directamente por los Starship Stroopers de Heinlein, se enfrentan a ellos con un resultado digno de Vietnam. La única que puede hacer frente a las criaturas es Ellen Ripley (Sigourney Weaver), que con un lanzallamas y un robot de carga se enfrenta al reverso oscuro de la maternidad en forma de Reina Alien. Todo queda entre madres.

Sarah Connor (Terminator 2)

La Madre Coraje del cine de acción, verdadero motor de Terminator 2. De camarera a experta en armas, lucha cuerpo a cuerpo y 30 maneras de acabar con robots asesinos. Por pura fuerza de voluntad e instinto materno: si John Connor tiene que salvar a la Humanidad, alguien tiene que enseñarle. Aunque sea una familia disfuncional compuesta por cyborg de acento austríaco, y una mujer a la que el Ángel de la Anunciación le dijo que lo que nos esperaba era el fuego termonuclear eterno.

Anderson/Ma-Ma (Dredd)

Dredd es el antecesor directo de lo que hemos visto en Mad Max: reinventa el cine de acción y delega todo el peso de la trama en sus personajes femeninos: la oponente Ma-Ma (Lena Haidey que, por cierto, fue Sarah Connor en la irregular serie de televisión de Terminator) y Anderson (Olivia Thirlby), la aprendiz de Juez. Aquí el personaje titular es un secundario monolítico, de rictus eterno y que juega el papel de maestro Jedi de una justicia pasada de vueltas. El resultado es una de las mejores películas que no has visto.

Makoto Kusanagi (Ghost in the Shell)

La influencia de la película de Mamoru Oshii basada en el manga de Masamune Shirow es muy simple: los propios hermanos Wachowski han reconocido que se plantaron delante de Joel Silver, le enseñaron Ghost in the Shell y le dijeron “queremos hacer esto en imagen real”. El resultado fue Matrix. Con la diferencia de que Neo era un Jesucristo de rictus impasible y Makoto Kusanagi una cyborg en busca de su alma humana... Y veremos qué queda con la llegada de Scarlett Johansson -a quien la acción le sienta estupendamente- al proyecto de Disney de convertir el anime en una película.

La Novia (Kill Bill)

Kill Bill tiene una premisa: coger todo el cine de nunchakos, ninjas, katanas y guantazos con gritito de Hong Kong y ponerlo a los pies de Uma Thurman vestida de Bruce Lee. Quejarse de semejante festival de acción y hemogoblina porque la protagonista sea una mujer despechada -y con razón- es como quejarse de que los helados están fríos, las playas paradisíacas tienen arena, los domingos no hay que poner despertador o de que Charlize Theron conduzca un camión salido del infierno con un brazo mecánico.

Katniss Everdeen (Los Juegos del Hambre)

Por favor, si el cine de acción es un género reservado únicamente a hombres muy hombres (tanto, que la visión de una mujer independiente les hace dudar de su masculinidad), que alguien me explique por qué Jennifer Lawrence se comió en la taquilla estadounidense a los Guardianes de la Galaxia o el Capitán América. O incluso sirvió para inspirar protestas en el mundo real. De las que te detenga la policía en una dictadura.

Lo explica bien la Motion Picture Asociation of America en su informe anual de 2014 (tan parecido al de 2013 y anteriores): no hay ninguna película de acción entre las más taquilleras en la que el porcentaje de hombres sea mayor del 60%. Ni a la inversa. Puede que a los MRA le guste, como a sus hermanos del Gamergate, pensar que viven en un mundo donde las mujeres son sujetos pasivos, salvo cuatro feminazis dispuestas a actitudes tan castradoras u ofensivas para el macho como reclamar personajes femeninos más potentes. Que no se limiten al papel de damisela en peligro o interés romántico.

Pero la caja registradora del videojuego y la taquilla del cine hablan solas: la mitad del público es femenino. Muy tonto ha de ser el productor o el editor que no quiera darles productos culturales para que se gasten el dinero. Y más tonto para suponer, en nuestros días, que los géneros culturales dependan del sexo.

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