Los 19 años de delirios que explican la épica detrás de la publicación de esta foto

Los medios especializados podrían haberlo hecho perfectamente: llega el 28 de diciembre, el día de los inocentes, y como noticia falsa anuncias que Terry Gilliam ha completado el rodaje de su obra sobre la vida del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. La broma la podrían haber estado publicando en los últimos 15 años.

Porque Gilliam ha vivido el que podríamos considerar el rodaje más desafortunado de la historia. Ni siquiera Coppola y sus meses de locura en Vietnam podrían igualar el cúmulo de desgracias que ha rodeado la adaptación a la gran pantalla del cuento más famoso de las letras hispanas. Pero el norteamericano lo anunció ayer en redes sociales: El hombre que mató a Don Quijote está listo, “QUIXOTE VIVE!” en las entusiasmadas palabras de su creador. Perseguir a sus propios gigantes ha tenido, para sorpresa de todos, un final feliz.

1998, cuando todavía había motivos para la ilusión

Este último ha sido el noveno intento. Antes de él han existido infinitas eventualidades, con rodajes fallidos de por medio, que empiezan en el año 1998. En principio este Quijote iba a ser una importante superproducción europea (40 millones). Estamos hablando del director de culto que en los últimos tiempos ha realizado 12 monos y Miedo y Asco en Las Vegas, así que es natural que le asignen un buen presupuesto y un plantel de actores de primera. En una entrevista durante la fase de preproducción Gilliam declaró: “Espero que sea muy divertido. Hemos sudado tinta para llegar hasta aquí”.

En el año 2000 el equipo aterriza en el paraje semidesértido navarro de Bárdenas Reales, dispuesto a filmar, para encontrarse con inundaciones fortuitas y un ruido de aviones de la OTAN, que sobrevolaban la zona, que impiden una grabación de audio in situ. También se echa a perder la escenografía, ya que el clima ha cambiado el color del paisaje, y hay incluso momentos donde el viento destroza el campamento. Un proyecto de rodaje de 90 días se convierte en un periplo de seis jornadas infructíferas. El director de fotografía comenta que en 22 años de experiencia “nunca se ha encontrado con tal cúmulo de mala suerte”.

Pero aún no habían llegado a lo peor: Jean Rochefort, el actor principal que llevaba ocho meses memorizando sus diálogos en inglés y que se había sumergido en el personaje, se hirió durante el rodaje y sufrió una hernia de disco. El poco metraje superviviente, como las escenas de Johnny Depp en el Monasterio de Piedra, acabarían como material tersimonial sobre el fiasco de esta empresa, como puede verse en el documental de 2002 Perdidos en La Mancha.

Y sólo vamos en octubre del año 2000.

El infierno burocrático y los torpedeos de Depp

Millones de euros en indemnizaciones y otros proyectos fílmicos de por medio, el runrún de la prensa en Cannes de 2005 sugirió que el ex Monty Python volvería a intentarlo. Y así fue. Como se supo, Gilliam se había pasado los últimos cinco años peleando contra los productores franceses y las aseguradoras alemanas, pero consiguió librar el entuerto legal: el guión volvía a sus manos y algunos de los viejos productores seguían apoyándole. En 2006 el director anunció en una rueda de prensa que se pondría manos a la obra en seguida, para más inri con un guión mejorado. Tanto él como Tony Grisoni habían tenido tiempo de desarrollar un libreto más interesante.

Por cuestiones de agenda, 2006 se convierte en 2008, que es cuando Gilliam se pone en serio con el trabajo preliminar. Entonces comienza el baile de intérpretes: en 2009 Robert Duvall garantiza ser el sustituto de Rochefort. Johnny Depp parece seguir comprometido, pero la estrella tiene en la mesa una serie de acuerdos con Disney que hacen posponer todo el rodaje hasta comienzos del año siguiente.

Es entonces cuando algo pasa con Depp: aunque su calendario de producción parece libre, cancela su aparición en el proyecto. Algo parece indicar que el actor no se fía de la capacidad de Gilliam para finalizar el rodaje, aunque también podría haber sido que el intérprete de Jack Sparrow estuviera ávido de realizar esos encargos más jugosos que le estaban ofreciendo. En mayo de 2010 se anuncia la incorporación de Ewan McGregor. El hombre que mató a Don Quijote ya lleva congelada otros tres años más.

Septiembre de 2010: a mes y medio de que comenzara el nuevo rodaje, la parte financiera de la película se desploma. Parece que los productores han decidido a última hora que no merece la pena invertir en una película que ha perdido a Depp en favor de McGregor. Es imposible sacar adelante la producción sin esos fondos. “Algún día volveré a ponerme con esta idea, pero ahora mismo si no te gastas un par de cientos de millones de dólares en un proyecto hollywoodiense lo llevas claro”, lamenta el director. Dos años después Disney anuncia que prepara su propio blockbuster sobre Don Quijote. Con Johnny Depp como protagonista.

Séptimo intento: cuando ya te has convertido en Don Quijote

Si todo lo anterior no había desalentado al creador, éste debería haber sido el último clavo en el ataúd del Quijote de Gilliam, como también Orson Welles vio frustrado su intento de llevar a la gran pantalla las andanzas del hidalgo muchos años atrás. Pero en sus declaraciones, el director de Los héroes del tiempo siempre indicaba que su idea no estaba del todo cerrada.

En agosto de 2013, ante el comentario de un periodista que le pregunta por qué no puede dejarlo, responde: “hay ciertas cosas que a veces te poseen, y ésta ha sido la posesión demoníaca que he sufrido durante años. La misma naturaleza de Don Quijote, un hombre que lucha contra la realidad, intentando explicarle al mundo que las cosas para él no son lo que aparentan sino la misma interpretación subjetiva de las mismas… En cierto modo, todo esto tiene una fuerte dimensión autobiográfica”.

Un par de meses después, mientras promociona Teorema Zero, el director anuncia que la preproducción de su Quijote ha vuelto a empezar por séptima vez. Con dinero español, con un nuevo guión y con John Hurt en sustitución de Robert Duvall. “El siete de la buena suerte, esperemos. Veremos qué pasa, ya sólo quiero hacerlo, cerrarlo y seguir con el resto de mi vida”.

El rodaje iba a empezar en septiembre de 2014 en las Islas Canarias. Ese mismo mes el director revela que ha habido un pequeño contratiempo y sus declaraciones sobre el tema empiezan a tener el cariz de un individuo enloquecido por su objeto de obsesión. Estas son sus palabras ante una pregunta sobre cuándo se reanudaría el rodaje:

Oh, no tengo ni la más remota idea, idiota. Realmente ya no sé nada. Estoy empezando a decirme a mí mismo 'si no funciona esta vez, lo dejo del todo’. He perdido demasiado tiempo de mi vida con esto. Tal vez lo que ocurre es que si vas a hacer el Quijote tienes que volverte loco como Quijote. ¿Cuántos años llevo? ¿Quince? Sí, hay un punto de determinación, de volverse loco e irracional. Toda la gente cabal de mi alrededor me dice ‘déjalo ya’, pero claro, esas son personas razonables.

Americanos, portugueses, españoles... dinero de quien sea

En junio de 2015 Amazon Studios se apunta a la producción y se compromete, además, a garantizarle un estreno comercial previo en salas a la película. En septiembre se cancelan todos los planes de rodaje. A John Hurt, que seguía siendo el protagonista, le han diagnosticado un cáncer de páncreas. El actor murió por esta misma enfermedad a comienzos de este año.

Pero el pasado es el pasado. Durante el festival de Cannes del año 2016 Gilliam anuncia que el nuevo plan de rodaje, producido por el portugués Paulo Branco, está planeado para empezar en octubre de ese mismo año. Ya no estamos ante El hombre que mató a Don Quijote, sino ante La muerte de Don Quijote.

El argumento ha dado infinidad de vueltas, y ahora se trata de la siguiente versión: Grisoni es un arrogante publicista que, inmerso en el rodaje de un anuncio, se encuentra por azar una copia de la peli que rodó cuando era estudiante: una reinterpretación de la famosa historia de Don Quijote. La nostalgia lo arrastra de regreso a la pequeña aldea española donde grabó su metraje en aquella época para ver cómo una serie de catástrofes le sumen en una enorme aventura. Sí, la película ya tiene una enorme carga autorreferencial, como si en todo este tiempo la idea hubiese cobrado consciencia.

Ahora tenemos a Jonathan Pryce (Quijote) Adam Driver (Grisoni), Stellan Skarsgård, Olga Kurylenko y Rossy de Palma en el reparto. Y 16 millones de presupuesto de mano de la productora de Branco, Alfama Films, una partida muy por debajo del mínimo de 21 millones que el director consideraba iba a necesitar para copar las expectativas de producción que le pedía la épica epopeya.

Pero sorpresa: en octubre de 2016 Branco se desvincula. Algo sucedió durante el rodaje de la parte asentada en Portugal que hizo que el nuevo productor recelase de la empresa; pero salieron al rescate económico el español Gerardo Herrero, la propia hija de Gilliam y Jeremy Thomas. La película vuelve a conocerse como El hombre que mató a Don Quijote.

Ante este nuevo paradigma, el portugués puso trabas a la finalización del rodaje, pero según afirman desde El País la sentencia del juicio francés que aún tienen pendiente no impidió el rodaje que ha tenido lugar en marzo de 2017 ni impedirá el estreno de la película en tiempos venideros.

El Quijote está rodado, pero no montado

Nos gustaría decir que, pesadillas aparte, estamos ante un final feliz. Pero dos décadas de disgusto nos hacen desconfiar, igual que a su ideario, que afirma que “estará muerto” antes de ver la película estrenada en salas. No le culpamos de su pesimismo.

Desde aquí intentaremos enviar todas las vibraciones positivas a los montadores de la película para que ningún fortuito accidente haga que los archivos se corrompan o suceda cualquier otro imprevisto disparatado. Nuestros corazones están con ese terco cabezudo y soñador que ha demostrado ser Gilliam.

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