La salvaje amoralidad de hacer un reality contada desde dentro

Palabras textuales de tuitero Jaime Domínguez: “Ayer vi el regreso de UnREAL y es lo más parecido que he estado de meterme cocaína.”. Decir que la segunda temporada de UnREAL ha empezado fuerte es usar un eufemismo, y no nos extrañaría que ahora mismo hubiese a las puertas de las productoras de las series de reality shows de medio mundo miles de personas haciendo cola, buscando convertirse en el próximo realizador inhumano pero capaz de hacer Good TV. Dos mejores amigas se tatúan “Money. Dick. Power” en sus muñecas y salen con la idea en mente de terminar con cualquier atisbo de integridad moral que quede en la televisión. Sabes que lo van a conseguir.

Porque UnREAL es la serie de ficción que nos ha mostrado, en lo que lleva de emisión, algo de lo más interesante: cómo funcionan realmente los realities por dentro. La responsable del proyecto es Sarah Gertrude Shapiro, una extrabajadora de este tipo de emisiones. El programa que en la misma serie están calcando hasta puntos insanos es The Bachelor (conocida aquí a veces como El soltero, una serie de citas en las que 25 mujeres cortejan a un soltero de oro), y la protagonista es una realizadora con un talento natural para sacar lo peor de cada persona en cámara, alguien que puede no ser tan inventado como podría parecer.

UnREAL: la serie sobre cómo se manipulan las historias que vemos en la telerrealidad

"Era una feminista que de pronto, por mi contrato, se vio obligada a trabajar en The Bachelor durante 9 temporadas. ¡Es como si a un vegano le obligases a trabajar en un matadero!"

Es una serie poco vista en España. Los que se hayan acercado a su primera temporada será bien por su emisión en A3Series desde el pasado marzo, por comprarla en DVD o por haber accedido a ella por la vía de las descargas ilegales. Por eso será mejor no desvelar todas las salvajadas que ocurren en pantalla, pero sí algunas para contextualizar el grado de maldad del que estamos hablando:

En esta serie “detrás de las cámaras” de The Bachelor, es normal que los productores busquen a sus concursantes basándose en fichas psicológicas buscando sus puntos débiles, como su son anoréxicas o tienen algún indicio de sufrir violencia doméstica en casa. Que a partir de ahí etiqueten a sus concursantes como “la MILF desesperada”, “la villana” o “la calientabraguetas” y manipulen sus relaciones para que quiebren psicológicamente.

También que haya que camuflar asaltos sexuales para que la cámara siga rodando con naturalidad lo que está pasando en la casa, o que, directamente, los responsables le oculten el fallecimiento de su padre a alguna de las invitadas para que siga cortejando al príncipe-niño rico.

Es natural que, por eso, nuestra mandíbula caiga al suelo ante las cosas que ocurren en esta serie, y una duda sobrevuela constantemente nuestra mente: ¿pero estas cosas pasarán de verdad en The Bachelor o en Quién quiere casarse con mi hijo? ¿Refleja de forma veraz la triste realidad detrás de esos programas que consumimos habitualmente, como expresó Dalene Rovenstine en Entertainment Weekly?

Aunque en una entrevista posterior a Hollywood Reporter, Constance Zimmer, una de las protagonistas principales de la serie, aclaró que se basa en una “exageración de la verdad que vivió Shapiro cuando comandaba la producción del reality”.

¿Entonces qué es real y qué no? Lo vemos a través de las declaraciones de gente que ha estado concursando dentro de esos programas y que, al ver lo que retrataban en UnREAL, tienen cosas que aclararnos:

Semanas aislado del mundo exterior. Perder el control hasta de tu vejiga

¿Se confiscan los teléfonos? Check. ¿Se sospecha (aunque no se sabe) si los espacios privados están llenos de micrófonos con los que el gran Hermano intenta descubrir los secretos de las concursantes? Check. ¿Se repiten tomas de momentos emocionantes porque no han quedado bien en cámara? Obviamente. ¿Te prohíben salir a mear aunque no puedas más durante más de dos horas? Se siente.

Según nos cuentan, en las fiestas las protagonistas del reality puede que tengan que estar durante horas en la noche con vestidos mínimos y altos tacones, por mucho frío que haga o que el cansancio las asole.

Las más listas sobreviven porque alimentan la construcción de su personaje

Según varias voces, es totalmente cierto que se construyen los arquetipos pseudoestereotipados a partir de sus tipos de personalidad, que juzgan e incorporan en los meses de búsqueda de las concursantes. Llegado cierto punto, cuando quedan pocas chicas, los personajes son más evidentes, y ellas mismas saben qué buscan desde el programa cuando las están filmando (y actúan en consecuencia).

La propia Shapiro dice así en una entrevista: A medida que el tiempo pasado, cada chica se había hecho un personaje a sí misma. Así que digamos que a una de estas mujeres le decíamos: “Te vamos a llevar a un zoo de mascotas” y ella respondería: “¿Por qué hacéis esto? ¿No veis que soy la chica negra cabrona?”.

¿Por qué las frases que dicen parecen clichés prefabricados? Bueno, porque puede que lo sean. Según cuentan en The Spinoff, los realizadores te dirán “¿qué tal ha sido el beso? ¿Eléctrico?” y algunas chicas pueden responder exactamente eso, “nuestro beso ha sido eléctrico”, sabiendo que es lo que los creadores buscan.

¿La gente del programa te respeta o sólo te hace sentir respetada?

¿Sobre si los realizadores ven a los personajes como una fuente de manipulaciones? Bien, dejemos estas declaraciones literales de una concursante que se quiere mantener anónima:

“Me he sentido siempre muy protegida por los empleados del programa, por el ambiente de The Bachelor, incluso cuando era consciente de que estaban haciendo cosas para molestarme y manipularme. Nunca sentí que lo hicieran con mala intención. Puede que solo sea una de esas personas un poco naífs, pero creo que era gente de buen corazón hacienda su trabajo”.

La idea general es que los realizadores plantan la semilla, y usan conversaciones elípticas aprovechándose de los “dramas” que ya existen, pero que no ficcionan el reality creando las tramas desde cero, como sí ocurre en UnREAL. Es decir, es normal que susurren cosas al oído de los concursantes del tipo “¿cómo te sientes con Adam? ¿Te gustaría besarle?” o “Ey, parece que no te llevas del todo bien con Chantal. ¿Qué crees que pasaría si fueses a hablar con ella?”, y no “Creo que es tu momento de besarte con Adam” o “Ahora mismo te vendría muy bien pelearte con Chantal”.

Así dice Melissa Schreiber, ex concursante de The Bachelor: “Tuve mucha suerte de hacerme Buena amiga de un par de realizadores, pero la mayor parte del tiempo estaba claro que tenían un trabajo que hacer, lograr que aflore el drama, y harán lo que haga falta. Cuando me echaron y estaba en la limusina de camino a casa me negué a hablar, y la realizadora que tenía asignada intentó por todos los medios que yo hablase. Me suplicó, lloró y me dijo que la despedirían si no decía algo”.

Tal vez la lección final que las creadoras de esta ficción nos quieren dar es que deberías pensarte mucho en acudir a (o trabajar en) estos programas. Como dijo Shapiro:

Nunca puedes saber de verdad para lo que estás firmando. No entiendes el poder de la edición de video, y que hay gente muy, muy lista haciendo estos programas. Es un juego de ajedrez en el que no tienes posibilidades de ganar de antemano. Sí que hay gente que ha hackeado el sistema, como las Kardasians, que son productoras de su propio programa, pero en The Bachelor no puedes influir en nada porque no tienes teléfono, Internet, ordenador, libros, radio… No puedes elegir la comida ni la cantidad de alcohol que va a haber en la fiesta. Es demasiado difícil mantener el control sobre todas estas cosas.

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