La emotiva carta del padre de Ignacio Echeverría dedicada a los amigos que intentaron socorrerle

Cuando Ignacio Echeverría se topó con los autores del atentado de Londres tuvo pocas dudas: agarró su monopatín y comenzó a golpear a uno de ellos en la cabeza. Lo hizo en defensa de otra mujer que estaba siendo atacada. Había sellado su heroico destino: por detrás, otros dos autores de los ataques le acuchillaron y acabaron con su vida. De todo ello fueron testigos los dos amigos que acompañaban a Echeverría, Guillermo Sánchez y Javier.

Como contaron poco después a los medios de comunicación, se encontraban paralizados: "Lo último que recuerdo es a Ignacio consciente, tumbado bocarriba agarrando el patín", explicó Sánchez, poco antes de salir corriendo junto con el resto de personas presentes en el Borough Market de Londres hacia un lugar más seguro. Ambos habían pasado unas horas con Echeverría cerca de la Tate Modern practicando con el patinete. Los tres se encontraron con los terroristas juntos: Echeverría se lanzó a por ellos.

Aquel gesto le costó la vida. Sánchez y Javier quedaron paralizados ante la escena y en su huida perdieron la pista al cuerpo de Echeverría. Cuando quisieron volver, al poco rato, la policía ya había acordonado la zona y les impedía el paso por seguridad. A partir de ahí, iniciaron una larga odisea a lo largo de la tarde y de la noche en busca de Echeverría, de quien no sabían si vivía o no, a través de los hospitales de la ciudad (tras ponerse en contacto con una de sus hermanas).

Aquel nimio episodio ha sido rescatado ahora por el padre de Ignacio Echeverría, quien ha enviado una carta a Informativos Telecinco apreciando la actitud de los dos amigos de la víctima. Ya había tenido un encuentro personal con ellos en los que, según sus palabras, pedían "perdón" a la familia y confesaban estar "hechos polvo". "Les hemos tranquilizado", explicaba, conscientes de que ambos chavales cargaban sobre sus hombros con la muerte del amigo que sí plantó cara a los atacantes.

La carta es la siguiente:

Buenos días, soy el padre de Ignacio Echeverría. Tengo el atrevimiento de pediros, por favor, que escribáis algo sobre los amigos de mi hijo que intentaron buscarlo y socorrerlo el día del atentado. Sus nombres son Guillermo y Javi. Los dos intentaron socorrer a Ignacio. La policía les impidió acercarse. Su angustia era inmensa. Luego, pasaron toda la noche buscándole; informando a la policía y al consulado de su desaparición.

Y al día siguiente, sin dormir, fueron a los hospitales en busca de Ignacio. Al no dejarles entrar, pensaron que su hermana lo tendría más fácil. No pararon hasta que encontraron a mi hija Isabel y le informaron de los hechos y de su labor de búsqueda por los hospitales. Después de esto tienen una sensación de culpa y de rechazo muy injusta porque su generosidad y entrega y el valor de intentar entrar en la escena del crimen una vez conocida la maldad de los agresores les hace merecer el máximo respeto y admiración. Todo mi agradecimiento y anhelo de que estos jóvenes reciban el reconocimiento y trato que se merecen. Muchas gracias.

Como se aprecia, el padre de Echeverría desea recordar la incansable búsqueda de Ignacio por parte de los dos amigos, y les exonera de toda culpa ante su encuentro con los terroristas. Ellos, no en vano, actuaron del mismo modo que actuaron la mayor parte de personas que rondaban Londres aquella tarde: ponerse a salvo, la reacción natural ante hechos así. Fue Ignacio Echeverría quien arriesgó y perdió su vida por salvar la de otra persona, quien hizo algo extraordinario.

Echeverría será condecorado a título póstumo por su municipio de residencia, Las Rozas. Su historia ha inspirado homenajes y sentidos agradecimientos en las redes sociales, y el suyo es el ejemplo de ciudadanos anónimos que se resistieron a aceptar el terror como forma de doblegar a una ciudad. Su gesto, valiente y sacrificado, es el gesto de quien se niega a rendirse.

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