La economía de Arabia Saudí está en problemas. Así que el país está permitiendo ver películas otra vez

Black Panther vuelve a hacer historia: al margen de todos sus récords acumulados en estos meses en el resto del mundo, la producción de Disney tendrá el honor de ser el primer estreno en el reino saudí después de un veto que ha durado 35 años. Los ciudadanos el país oriental llevaban desde los años 80 sin tener salas de cine ni poder ver películas en ellas por motivos religiosos. Todo eso está a punto de acabar.

Vale, no es el primer estreno: si has estado atento a los medios tal vez recuerdes una noticia de diciembre de 2017 por la que era La Emoji Película la que se llevaba el gato al agua. El visionado de aquella, ehm, cosa, fue limitado, en un centro cultural estatal, y el de Black Panther será un estreno comercial con todas las de la ley.

Meme del señor Burns millennial: los monarcas Al Saud, después de cargarse a docenas de rivales el año pasado, necesita legitimarse en el cargo ante su pueblo, dominado por una demografía claramente joven: más de la mitad de los nacionales tiene menos de 30 años. De ahí los guiños de la dinastía a permitir ahora a las mujeres conducir y otras tantas libertades individuales concedidas a la población frente a la recriminatoria mirada del estamento religioso que ve cómo va perdiendo su poder.

Era un anacronismo: porque en realidad en esta reserva del wahabismo se han movido durante todos estos años un mercado de venta de videos. Y lo más importante de todo, se pueden ver películas desde Internet. La prohibición de los cines no tenía ningún sentido, al igual que la prohibición de consumir alcohol (ramplan con él en los Duty Free de regreso al país), del contacto erótico entre hombres y mujeres (los ojos del clero no traspasan los muros de las fiestas privadas), de la prohibición de las pastillas anticonceptivas y otras normas morales fácilmente evitables.

Sigue el dinero: es la clave de todo esto. La economía saudí, sostenida durante años por las extracciones del petróleo (hasta el punto de crear una dependencia excesiva hacia este producto) está en recesión. El mundo cambia, el oro negro pierde influencia y se hace necesario encontrar nuevas formas de financiación del reino. Como por ejemplo iniciar una industria, la de exhibición de cine, que se estima en el país en unos potenciales 800 millones de dólares y creará 30.000 puestos de trabajo.

Un espectro más grande: con la medida también se quiere evitar que sus ciudadanos viajen a Bahréin o Dubái a ver las películas del demonio imperialista como ya hacían, sufriendo una fuga comercial. El ambicioso proyecto Visión 2030 también contempla potenciar el turismo interno de sus ricos ciudadanos que solían viajar al exterior para disfrutar de los placeres que su sociedad tiene reprimidos en pleno 2018. Todo ello un claro ejemplo de cómo la globalización fomenta la libertad del individuo para competir mejor en el plano económico.

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