Ni los kiwis ni las almendras ni los aguacates son veganos. Y la culpa es de las abejas

Amanece y comienza otro gran día para un vegano cualquiera en este mundo. Analicemos la dieta: para desayunar, una sabrosa tostada de aguacate; un tentempié a media mañana en forma de almendras; y dos hermosos kiwis tras la comida. A priori, nada parece reprobable desde un punto de vista moral o medioambiental. Otro día, otro triunfo vegano.

Hasta que aparecen las abejas.

¿Qué? En función de cómo lo interpretes, ni los kiwis ni las almendras ni los aguacates son veganos. La historia ganó tracción hace algunos meses cuando un concurso de la BBC, Q, invitó a sus participantes a que escogieran la opción no vegana de entre un amplio abanico de productos no-animales. "Todos son no-veganos", respondieron. Error, replicó la presentadora.

¿Por qué? Por las abejas. Todos los cultivos dependen en cierto grado de la polinización nautral de diversos insectos. En lugares como California, donde el cultivo de almendras y aguacates es gigantesco, no hay suficientes abejas (u otros bichos) para polinizar todos los cultivos. Para solventarlo, la industria agricultora transporta a millones de abejas anualmente.

Es malo. Sólo en California y sólo para el cultivo de almendras se emplean alrededor de 31.000 millones de abejas. Los insectos son transportados en camiones a lo largo de miles de kilómetros. Se sabe que la "migración" masiva de abejas tiene consecuencias negativas en su salud (su periodo vital se acorta) y en los ecosistemas a los que llegan (transportando enfermedades o acabando con poblaciones locales de otras abejas).

¿Y no es vegano? La respuesta es complicada, pero a priori no: comer un aguacate de California implica, muy probablemente, aprovecharse de la explotación industrial y forzosa de millones de abejas. Si eres un vegano absoluto, es decir, si tus principios morales rigen tu dieta, consumir kiwis o aguacates puede no ser vegano. Hay animales utilizados en el camino.

Como analiza en The Converstion un profesor de éticas, es más complejo. Otros veganos parten del consecuencialismo (comer un producto u otro está bien o mal en función de sus consecuencias; no está claro que los insectos sufran); y otros tratan de reducir en la medida de lo posible la explotación animal o el impacto medioambiental de su comida.

Entonces... The Vegan Society, por ejemplo, habla de reducir "siempre que sea posible" cualquier forma de explotación o crueldad animal. Para PETA, en ocasiones, no es posible:

El comprador medio puede evitar productos relacionados con la migración forzosa de abejas en la medida en que puede evitar conducir sobre el asfalto.

Es decir, los veganos tienen margen. Comer kiwis sigue siendo una alternativa más aceptable que comer carne, pese a las abejas; y en gran medida, ningún vegano puede abstraerse plenamente del funcionamiento de la industria agroalimentaria o de las consecuencias remotas de una decisión individual (The Good Place saluda desde la esquina). La lectura, eso sí, es clara: comer moralmente es muy complejo.

Imagen: MaxPixel

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