Irán ha conseguido algo inédito en Oriente Medio: que EEUU tenga que abandonar sus bases militares

Las grandes bases han dejado de ser espacios seguros frente a adversarios con capacidades avanzadas

Miguel Jorge

Editor

El despliegue militar estadounidense en Oriente Medio se ha apoyado en grandes instalaciones fijas capaces de albergar miles de soldados y operar de forma continua, una estructura heredada de conflictos donde el dominio del aire reducía al mínimo las amenazas directas sobre esas posiciones. Sin embargo, el avance de los drones y los misiles de precisión ha cambiado esa lógica, al permitir que incluso infraestructuras muy protegidas puedan ser alcanzadas desde largas distancias con relativa facilidad. 

Irán vacía las bases de EEUU. Los ataques iraníes han modificado por completo el equilibrio sobre el terreno, hasta el punto de dejar muchas de las principales bases estadounidenses en la región prácticamente inutilizables. Hablamos de instalaciones clave en Kuwait, Qatar, Bahréin o Arabia Saudí que han sufrido daños en radares, pistas, centros de mando o infraestructuras logísticas, obligando a evacuar o reducir drásticamente su actividad. 

Lo que durante años fue una red sólida de proyección militar se ha convertido en un conjunto de posiciones vulnerables, expuestas a misiles y drones que pueden golpear con precisión y de forma sostenida.

A los hoteles. Contaba el New York Times que la consecuencia más llamativa de esta situación es que parte de las tropas estadounidenses ha tenido que abandonar sus bases y reubicarse en hoteles, oficinas y espacios improvisados repartidos por la región. En la práctica, esto ha dado lugar a una guerra “en remoto”, en la que muchos efectivos operan fuera de instalaciones militares tradicionales, alejados de los entornos diseñados para sostener operaciones complejas. 

Es una imagen ciertamente insólita, una donde los soldados de una superpotencia, quizás la más grande de todas, están trabajando dispersos en entornos civiles para poder seguir participando en el conflicto.

Dispersión para sobrevivir. Este despliegue fragmentado no es casual, sino una respuesta directa a la capacidad de Irán para localizar y atacar objetivos concentrados. Mantener a las tropas en grandes bases se ha vuelto demasiado arriesgado, por lo que el Pentágono ha optado por dispersarlas para reducir el impacto de posibles ataques. 

Qué duda cabe, la estrategia tiene un coste evidente, ya que dificulta la coordinación, limita el uso de ciertos equipos y reduce la eficacia operativa en comparación con una estructura centralizada.

Imagen satelital de la base aérea de Al Udeid en Qatar en febrero

Más lejos y mejor. Lo hemos contado antes. A diferencia de conflictos anteriores como el de Irak o Afganistán, donde las amenazas eran más limitadas, Irán dispone de misiles balísticos y drones capaces de alcanzar objetivos en toda la región. 

Esto ha obligado a replantear completamente el concepto de seguridad de las bases estadounidenses, que durante décadas se construyeron bajo la premisa de que el territorio circundante podía ser controlado. Ahora, esa suposición ha dejado de ser válida, y cualquier instalación fija se convierte en un objetivo potencial.

La paradoja entre civiles. Plus: la reubicación en hoteles y espacios civiles introduce una dimensión especialmente delicada, ya que difumina la línea entre objetivos militares y entornos civiles. De hecho, Irán no ha tardado en aprovechar esta circunstancia para acusar a Estados Unidos de utilizar a la población como escudo humano, al tiempo que ha animado a identificar y reportar la presencia de tropas dondequiera que estén. 

Esto genera un escenario de gran tensión, donde la protección de los efectivos depende en parte de su invisibilidad, pero esa misma invisibilidad incrementa el riesgo para los civiles que los rodean.

Cada vez más difícil de librar. Porque desde la acera de Washington, operar desde ubicaciones improvisadas implica perder capacidades clave. Equipos pesados, sistemas de mando avanzados o incluso infraestructuras especializadas no pueden trasladarse fácilmente a un hotel o una oficina, lo que limita el alcance y la eficacia de las operaciones. 

Aunque el ejército estadounidense mantiene su capacidad de actuación, la calidad y la velocidad de respuesta se resienten, haciendo que la guerra sea más compleja y menos eficiente.

El verdadero cambio. Lo ocurrido refleja también un cambio más profundo en la naturaleza del conflicto moderno. Las grandes bases, las mismas que antaño fueron el pilar de la presencia militar estadounidense en el extranjero, han dejado de ser espacios seguros frente a adversarios con capacidades avanzadas

La combinación de misiles de largo alcance y drones ha convertido cualquier punto fijo en un objetivo vulnerable, y eso obliga a replantear por completo, no solo la forma de combatir, sino también dónde y cómo se puede sostener una guerra.

Imagen | Plant Labs

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