Hulk Hogan, sexo, cintas de vídeo y la soga al cuello del grupo de medios digitales más pujante en USA

El 4 de octubre de 2012, Gawker, mascarón de proa de uno de los grupos de medios digitales más famosos de Estados Unidos, decidió publicar un vídeo casero de un minuto y medio de Hulk Hogan manteniendo relaciones sexuales. El coste de ese post puede superar los 100 millones de dólares.

Un dinero del que carece el grupo Gawker (Kotaku, Gizmodo, Deadspin...) según su propio jefe, Nick Denton, y que podría llevarle a tener que vender la compañía a una gran compañía o buscar un socio de capital riesgo, los dos demonios que Denton siempre quiso evitar.

Gawker es un blog de cotilleos y famosos que entró en Internet a lo bestia a principios de 2003. Y que nunca ha tenido problemas para flirtear con los límites... Ha publicado sextapes de famosos, destapado escándalos sexuales de políticos estadounidenses y ha mantenido siempre una relación de amor/odio con las estrellas, entre pleitos menores y reclamaciones de copyright... Hasta ese 4 de octubre de 2012.

Hulk Hogan necesita pocas presentaciones: fue la primera superestrella de la lucha libre norteamericana, el referente para toda una generación de críos y un tipo polémico y abierto con su vida personal. Hogan es famoso por no dejar ni un aspecto de su vida sexual a buen recaudo cuando concede entrevistas. Y el vídeo -que Gawker recibió "de manera anónima, sin que nadie nos pidiese dinero por él"- muestra a Hogan teniendo relaciones sexuales con la entonces esposa de uno de sus mejores amigos. El exluchador también estaba casado por entonces.

¿Qué es lo que ha hecho Gawker?

La existencia del vídeo no era una novedad, otras páginas dedicadas al cotilleo se habían hecho eco del mismo. Pero el límite que cruzó Gawker fue publicar un resumen de cerca de un minuto y medio del mismo. Sin censura, abriendo el post. El responsable fue A.J. Daulerio, entonces editor de Gawker y que ya contaba con una reputación por haber publicado en Deadspin (el blog deportivo de Gawker Media) decenas de fotos de miembros viriles de deportistas.

Daulerio también reconoció y alentó desde Gawker una de las esclavitudes del periodismo digital de hoy: el atrapaclics; titulares y posts concebidos para generar tráfico rápido. Pero no duró mucho en el cargo de editor-en-jefe de Gawker. Denton le despidió a principios de 2013, reconociendo que había sido el editor de más éxito en Gawker: "atrevido, irritante, impredecible... y brillante, a menudo".

El día que Daulerio le dijo a sus lectores que las cosas iban a cambiar en Gawker.

Hogan, por su parte, sólo tiene dos velocidades cuando algo no le gusta: demandar y demandar más fuerte. El mejor ejemplo de su fiebre litigadora lo vimos cuando su hijo tuvo un accidente de coche que dejó a un pasajero con incapacidad permanente. Hogan demandó a la aseguradora. Después, Hogan demandó a su exmujer por no haber contratado un seguro mejor. Finalmente, Hogan demandó a sus abogados cuando le pasaron la factura.

Gawker teminaría retirando el vídeo, pero manteniendo el post y los comentarios. Y eso es lo que está en juego ahora. Porque Terry Bollea -el verdadero nombre de Hogan- demandó a Gawker, claro. Primero en tribunales federales, y luego en un largo paseo legal, que ha terminado llevando el juicio a un juzgado de Florida, donde reside Hogan y es poco menos que el héroe del pueblo. En un juicio con jurado, Gawker lo tiene difícil.

Porque Hogan pide nada menos que 100 millones de dólares. Es la misma cantidad, para hacernos una idea, que Marty Singer, uno de los abogados de famosos más conocidos, le pide a Google por el celebgate, el escándalo de fotos y vídeos filtrados de famosas que sacudió Internet a finales de 2014. Singer representa a una docena de "actrices, famosas y deportistas" afectadas por la filtración.

Hogan tiene un problema adicional: el FBI ha reconocido que existen al menos dos cintas más. Parte de la defensa pública de Hogan ha sido presentarse como una víctima que "en un mal momento" hizo algo de lo que se arrepiente. Parece que en más de uno.

Límites, dignidad y autocensura

El interés informativo de este tipo de cosas es discutible: la existencia del vídeo y su distribución a medios es noticia en sí. Publicar un par de capturas que demuestren la veracidad -sin necesidad de ser gráficas o identificativas-, también entra dentro de la libertad informativa, nos guste o no. Pero meter un vídeo pornográfico, aunque sea editado para que sólo se vean nueve segundos de Hulkamania fue un paso en falso para Gawker.

Uno que Denton ha defendido activamente desde entonces. Hace dos años, Denton declaraba a The Hollywood Reporter que el caso Hogan era parte esencial de su visión de las cosas.

Tenemos un derecho indiscutible a comentar y debatir y crear el foro para que se produzca ese debate, y eso es lo que estamos defendiendo ahora mismo.

La misma visión que le ha llevado a mantener Gawker Media como un grupo independiente todo este tiempo, porque "sería imposible realizar nuestro trabajo si tuviésemos un consejo de administración detrás". Gawker, como cualquier medio nativo de Internet, tiene que publicar rápido. Las consecuencias se ven a posteriori. Y hasta ahora, siempre había salido más o menos indemne de casos así, como en el caso del cantante Fred Durst.

Durst estuvo a punto de llevar a juicio a Gawker por los mismo que Hulk Hogan, pero desistió.

Por otro lado, la sociedad también está cambiando. Denton ha defendido durante una década que nuestro concepto de privacidad ya no existe como tal, pero parte del público cada vez reacciona peor a la publicación de sextapes. El debate cuando sucedió el celebgate cambió las reglas del juego. Si hay una comunidad de pajilleros dispuestos a ver las fotos íntimas de los famosos hay que dejar claro que no tienen ninguna defensa moral.

De acuerdo, es poco probable que alguien acuda a un vídeo porno de Hulk Hogan para satisfacer su apetito sexual, pero aunque sea por las risas o la curiosidad, se está despojando a alguien de su dignidad. Sin embargo, informar sobre ello no es hipócrita: sería ignorar una realidad y no contribuir al debate. El cómo se haga es el tema. Incluso Perez Hilton, otro famoso bloguero de famosos, pidió perdón por haber publicado fotos del celebgate, después de que sus lectores se le echaran encima, la mejor señal de que las cosas están cambiando.

"No me siento cómodo ni manteniendo las fotos censuradas. Voy a quitarlas"

Las consecuencias para Gawker

El grupo tiene experiencia con las sextapes, aunque nunca había llegado a tanto. Cuando se filtró la de Paris Hilton, hace más de una década, su blog dedicado a la pornografía y el erotismo se limitó a enlazarlo y comentar la jugada. Y se cree que Gawker podría ganar fácilmente la apelación cuando pierda el juicio.

El problema es que para apelar hay que depositar una fianza igual a los daños exigidos más dos años de intereses de esta cantidad. Si el jurado otorga a Hogan los 100 millones que pide, Gawker Media no tiene el músculo financiero necesario para depositar semejante cantidad y seguir funcionando.

O al menos Denton se lo ha reconocido así a sus empleados: "Vamos a necesitar a alguien con la cartera más llena y esperemos que con las ideas bien claras para mantener la viabilidad comercial y la editorial”. Las cifras de la compañía hablan por sí solas: los beneficios en 2014 fueron de menos de siete millones de dólares sobre unos ingresos de 45 millones.

Ahí se abre otro problema. La demanda de Bollea no es sólo un escarmiento, es algo que puede hundir a la compañía: equivale a más de dos años de sus ingresos. Y, en casos previos, como el de Pamela Anderson y Tommy Lee, se han pagado cantidades que no llegan ni al 2% de lo que pide Hogan.

Denton ya había dejado claro que, salvo un par de veces a mediados de la pasada década, nunca había negociado en serio la venta de la compañía. Y eso fue antes de que Buzzfeed, su gran rival, se convirtiese en el monstruo de Internet que es hoy: ingresa más de 100 millones, su valor se calcula en 10 veces esa cantidad, y se está planteando su salida a bolsa.

¿Dónde está el límite en España?

Portada de "El Abrazo Infiel", la primera novela de Olvido Hormigos.

Gawker en nuestro país afrontaría una situación muy distinta. Los 100 millones de dólares son una de esas cantidades para generar titulares en Estados Unidos, pero en España no pasarían ni de la puerta del despacho de abogados. En su lugar, el nuevo código penal tipifica explícitamente como delito la difusión de vídeos íntimos como del Hogan: de tres meses a un año de cárcel.

Pero el caso de Hogan no es como el de celebgate: se trata de un vídeo grabado supuestamente con el consentimiento de los participantes, no de algo guardado bajo siete llaves en Internet y robado por un tercero. Si se hubiese tratado de un hackeo y posterior difusión de imágenes, Denton no tendría que preocuparse de si Gawker seguirá siendo independiente o no, sino de cuántos años de cárcel le caerían. La difusión de imágenes robadas de soportes informáticos con conocimiento del origen ilícito de las mismas supone en nuestro país entre un año y tres de cárcel (y una multa de dos a cuatro años). Suficiente como para ingresar en prisión.


Imagen: Departamento de Defensa de Estados Unidos

Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com

VER 0 Comentario

Portada de Xataka