"He fabricado esto, pero no lo he cobrado": las notas dejadas en la ropa por trabajadores turcos de Zara

Entras en tu tienda favorita. Te topas con una elegante chaqueta por debajo de los 15 euros. La agarras, pagas, te la pones, metes la mano en el bolsillo y encuentras una pequeña nota que dice: "Yo he fabricado esta prenda, pero no he cobrado por ella". ¿Qué hacer?

A tan improbable pregunta podrían responder los clientes de las tiendas Zara de Estambul. Al parecer, durante la pasada semana diversos trabajadores de una de las muchas fábricas que Inditex tiene deslocalizadas en todo el planeta introdujeron pequeñas notas como la de arriba para visibilizar su cruda situación laboral. Un drama que ha dejado el fruto de su trabajo sin su justa remuneración.

Su objetivo era simple: lograr que los compradores, los últimos responsables del sistema que permite a grandes cadenas de ropa producir millones de artículos a bajo coste, sintieran una pequeña punzada culpabilizadora y devolvieran sus chaquetas o camisetas. La historia fue recogida originalmente por Associated Press, y aunque es incierto hasta qué punto los mensajes corresponden a los obreros, lo cierto es que Inditex no ha negado la mayor.

El origen del problema, sin embargo, no hay que buscarlo tanto en Zara como en su proveedor turco. Los trabajadores habían sido contratados por un empresario local al frente de la factoría Bravo Tekstil, uno de los variados centros de producción de Turquía, ideal por su cercanía a Europa y por sus salarios modestos. Bravo producía tanto para Zara como para Mango y Next, aunque el 75% de sus productos iban destinados para el gigante de Inditex.

Eventualmente, sin embargo, el capital se esfumó. El hombre al frente de la empresa entregó sus pedidos pero cerró la fábrica sin previo aviso, llevándose todo el dinero generado por su actividad y dejando un gigantesco fraude a sus espaldas en el que las primeras víctimas fueron los 155 empleados. Con varias nóminas adeudadas y sin salario, optaron por la vía más sencilla para solucionar sus problemas: llamar la atención del mundo entero.

Y si bien la iniciativa pudo ser escueta dentro de las tiendas de Estambul, ha tenido éxito.

Negociación abierta para cobrar lo adeudado

La campaña no es en vano. Como un portavoz de Inditex ha contado a Refinery29, Zara ha puesto sobre la mesa de negociación un fondo que pueda cubrir "los salarios impagados", las indemnizaciones debidas, las vacaciones y los muchos y variados pagos anulados cuando la fábrica cerró sin previo aviso en julio de 2016. "Estamos decididos a encontrar una solución para todos los afectados", explica. Una solución que, protestan los trabajadores, lleva un año en el aire.

Parte del problema reside en lo eventual y lo volátil de muchas de las fábricas y centros de producción de la industria textil mundial. Es habitual que Zara y otras compañías cambien sus centros de producción sin antelación y con frecuencia. A esto hay que sumar la reducción de costes que las multinacionales aplican a sus proveedores, con objeto de vender la ropa en Europa y Estados Unidos lo más barato posible. El resultado son trabajadores siempre al filo del abismo, con poca estabilidad o seguridad.

(Thomas8047/Flickr)

En Turquía, el resultado ha sido la movilización obrera. Los trabajadores, al igual que las de Pontevedra, han optado por recurrir a las armas clásicas del sindicalismo. Para ellos la pérdida del trabajo ha sido doblemente dramática: en un sector muy especializado, otras empresas los observan ahora como fuente de potenciales problemas. Según cuentan, un año y medio después de perder el trabajo, muchos siguen en el paro. Y eso implica dificultades.

Junto a las notas, han abierto un Change.org donde explican su situación, y donde revelan que la mesa de negociación para pagarles lo adeudado se retrasa de forma indefinida, amén de que sus propuestas son insuficientes (como el pago de sólo un cuarto de las nóminas). Según se explica en Clean Clothes Campaign, el colectivo de trabajadoreas reclama 2,739,281.30 liras turcas. O lo que es lo mismo, alrededor del 0,01% de la facturación global de Inditex en el primer cuarto del año.

El resultado es una situación disruptiva tanto para Zara como para sus consumidores: la compañía, de confirmarse todo lo anterior, habría vendido ropa cuyo coste y mano de obra no habría sido sufragado. O lo que es lo mismo, trabajo impagado.

Como ya vimos en su momento a cuenta de Brasil, la polémica es una más en el sinfín que acecha a Zara. Ya sea por maltrato animal o por prácticas que fomentan el esclavismo laboral en países en desarrollo, pasando por una precariedad casi transversal al sector, la industria mundial del textil sigue generando confictos laborales allí donde pisa. El último caso es Turquía. Pero quién sabe: quizá seamos nosotros los siguientes en toparnos con una nota incriminatoria en nuestro abrigo.

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