Hallan en la "Pompeya española" de Albacete la cabeza de una escultura ibérica de hace 2.400 años

Cabeza Copia
  • La cara de piedra podría llevarnos hasta la necrópolis perdida de Libisosa

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Verano de 2025. Un equipo excava un sector romano en Castilla-La Mancha y topa con algo que no encaja: una cara de piedra. Caliza, casi tamaño natural, sin rostro pero con nuca, laterales y 2.400 años de historia intactos. Los romanos la usaron de ladrillo. Ahora vuelve a tener nombre propio: la cabeza ibérica de Libisosa, y así lo ha contado la Universidad de Murcia.

Tengamos en cuenta que la lengua íbera todavía guarda secretos: sabemos leer su escritura, pero seguimos sin descifrar del todo su gramática; al no formarse un único estado, sino un mosaico de ciudades, cada uno con su propio arte funerario, es imprescindible analizar el contexto de cada hallazgo.

El yacimiento. Bajo el Cerro del Castillo, en el pueblo de Lezuza (Albacete), duerme una ciudad con dos vidas: oppidum oretano primero y colonia romana después. La guerra de Sertorio (82-72 a.C.) sepultó de golpe buena parte del poblado íbero, calles y ajuares incluidos. El resultado son contextos cerrados que llegan casi intactos al siglo XXI, como Pompeya bajo la ceniza del Vesubio. De ahí el mote de "Pompeya ibérica".

El hallazgo es tan importante que ha dado lugar a excavaciones ininterrumpidas desde 1996, primero bajo José Uroz Sáez (Universidad de Alicante), hoy codirigidas por su hijo Héctor Uroz (Universidad de Murcia), junto al investigador predoctoral Guillermo Trenchs. La Universidad de Murcia coordina el proyecto desde 2019, aunque su vínculo con el yacimiento viene de 2013. En la tarea hay implicados profesionales de universidades de Murcia, Alicante, Valencia, Barcelona, Cádiz y Madrid.

Poco comparable. La referencia femenina más próxima procede de la necrópolis de El Cigarralejo (en Mula, Murcia): una dama entronizada, hallada sobre un gran túmulo de dos escalones que cubría una sepultura doble de alto copete. También ella llegó sin cabeza, lo que la convierte en un paralelo revelador: dos de las pocas esculturas funerarias ibéricas de este tipo conservadas comparten el mismo destino truncado.

La referencia masculina cercana es un jinete hallado en Los Villares (en Hoya Gonzalo, Albacete), hoy en el Museo de Albacete. Con ambos como referencia, los investigadores barajan dos escenarios para la pieza de Libisosa: una figura de pie o un jinete monumental, los dos de función funeraria y pensados como expresión de prestigio de una élite local.

El peinado, su DNI. Trenzas recogidas en la nuca, tirabuzones sobre la frente, una oreja que asoma entre el cabello. Ese detalle basta para descartar a una mujer: ellas llevaban las orejas cubiertas por pelo o manto. Todo apunta a un varón joven, probablemente adolescente, de familia con cierto rango. Una pena que el rostro no se haya conservado. Sin embargo, los arqueólogos no descartan una destrucción deliberada (además de la hipótesis de la erosión y desgaste al servir de sillar en el muro romano).

Una cara sin cara. La pieza apareció de forma fortuita en 2025, durante la excavación de un sector romano dentro del Parque Arqueológico de Libisosa. Mide casi lo mismo que una cabeza humana real. Conserva ambos laterales y la parte posterior. La pieza se fecha entre los siglos V y IV a.C. Como fuera, de las más de 30 hectáreas de Libisosa, con más de 155.000 piezas catalogadas, solo se ha excavado en torno a un 10%. Queda, literalmente, el 90% del yacimiento por explorar.

De monumento a mampostería. La hipótesis que manejan los investigadores como más probable es que la cabeza coronara una tumba aristocrática íbera; no descartan tampoco que formara parte de un santuario heroico ligado al culto a los antepasados, aunque esta segunda vía cuenta con menos respaldo. Lo que sí está fechado con solidez es su segunda vida. 

En época de Augusto, momento en el que por la cerámica hallada en el propio foro se sitúa la fundación de la colonia romana, los romanos reutilizaron la piedra en el muro perimetral norte de un horreum, el granero del foro de la colonia. Tampoco es un caso aislado: en La Alcudia de Elche, cuna de la Dama de Elche, se han localizado reutilizaciones similares de escultura íbera en construcciones romanas posteriores.

Una pista. La necrópolis de Libisosa sigue sin aparecer, pese a décadas de excavación. La cabeza cambia eso y permite acotar la búsqueda: la piedra no viajó lejos antes de terminar como material de obra, así que el monumento original debía andar cerca. Los arqueólogos manejan una hipótesis concreta: que el cementerio se transformara en cantera para las construcciones romanas, y que si desmontaron y reutilizaron sus monumentos, otros restos podrían estar dispersos por el asentamiento.

Eso explicaría por qué nunca se ha dado con el espacio funerario pese a tantas campañas. Como fuera, la Universidad de Murcia arranca ya un estudio arqueométrico e interdisciplinar de la pieza: análisis de la composición de la piedra y búsqueda de restos microscópicos de pigmento.

Por qué escasean estos hallazgos. La escultura ibérica en bulto redondo —tallada para verse desde todos los ángulos, no en relieve— apenas sobrevive en el registro arqueológico español. Ruina, abandono y expolio se ceban primero con las cabezas, la parte más frágil y más codiciada de cualquier figura, como recuerdan tanto la pieza de Libisosa como la propia dama de El Cigarralejo. 

La Dama de Elche conserva rostro completo por pura excepción: descubierta en 1897 en La Alcudia, pasó años expuesta en el Louvre y regresó a España en 1941, a cambio de un intercambio de obras con Francia. Como casi toda escultura antigua, lució colores vivos —rojo, azul, oro— que hoy sobreviven solo en restos microscópicos de pigmento. Esta cabeza sin rostro es, de momento, el hallazgo más vistoso de la última campaña, pero no el único: los arqueólogos también han completado una escalinata monumental que conectaba el decumano romano con el foro, sumando seis peldaños descendentes a los cuatro superiores ya conocidos. Todo apunta a que la piedra ibérica de Albacete guarda mucho más bajo los pies de los excavadores.

Imágenes | Proyecto Libisosa / Consejería de Educación, Cultura y Deportes de Castilla-La Mancha

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