"Hail Trump!"

Una palabra domina el espacio mediático estadounidense durante las últimas semanas: "alt-right". El término surge de los mentideros de Breitbart, la plataforma sobre la que ha operado durante los últimos años el ahora jefe de estrategia política de la Casa Blanca, Steve Bannon, y designat a un movimiento de carácter nacionalista que ha apoyado con fervor a Donald Trump. Y que, para otros, es muy preocupante.

¿Por qué? Quizá por vídeos como los desvelados ayer por The Atlantic. La publicación ha trabajado durante meses en un reportaje desde el interior del movimiento alt-right, de gran presencia en redes pero también organizado en torno a asociaciones formales. Algunas de ellas, como el National Policy Institute, realizan actos públicos en forma de paneles de discusión y mítines. El pasado sábado, tuvo lugar una concentración en Washington abierta por Richard B. Spencer, su fundador. ¿Su forma de iniciar su discurso?

"Hail Trump, hail our people, hail victory!".

La elección de Trump ha abierto una grieta en el espacio público estadounidense por la que se han colado supremacistas, nacionalistas blancos y, ahora, neonazis.

El acto abierto por Spencer estuvo preñado de simbología de carácter filonazi. No sólo en el "hail", forma laudatoria anglosajona que encuentra su equivalente en el infausto "heil" que la cosmovisión nazi dedicaba a Adolf Hitler, sino también en las múltiples muecas que Spencer incluyó en su discurso al nazismo. Desde llamar a los medios de comunicación "Lügenpresse", el término empleado por la propaganda nazi para atacar a la prensa lbre, hasta denigrar a los judíos y a los periodistas asimilándolos a los golem.

Como explican desde el New York Times, el propio Trump se ha desmarcado del grupo. En The Hill recogen las declaraciones de un portavoz de su equipo de transición: "El presidente-electo Trump ha denunciado toda clase de racismo, y ha sido elegido porque será un líder para todos los ciudadanos americanos. Pensar de otro modo es una completa malinterpretación del movimiento que ha unido a estadounidenses de toda condición".

Spencer, durante el acto del sábado.

Por su parte, y pese a que Bannon ha afirmado en más de una ocasión que Breitbart es el foro por antonomasia de la alt-right, su discurso se ha moderado desde la elección de Trump. Al otro lado de la balanza, Spencer en persona no considera ni a Trump ni a Bannon parte de la "alt-right", aunque reconoce sus afinidades comunes, sintetizadas en "la identidad blanca" como el nervio que dirige tanto las pulsiones de la alt-right como de la coalición electoral que ha entregado a Trump la Casa Blanca.

Spencer y el crecimiento de la alt-right

Lo desvelado por The Atlantic causó estupor anoche en las redes sociales estadounidenses (unido a un involuntariamente desafortunado tratamiento de la CNN de la noticia).

Antes del surgimiento de Trump y del ascenso a la prominencia mediática de Spencer, el movimiento alt-right contaba con estrellas diversas. Una de las más llamativas era Milo Yiannopoulos, figura de la que hablamos en su momento aquí, y que atacaba desde un amplio bagaje intelectual a la "corrección política" imperante, según él, en la actual cultura política occidental, y a movimientos de toda índole como el feminismo o el LGBT.

Ayer mismo, Yiannopoulos veía cancelada una de sus charlas por parte de colegio británico al que acudió en su infancia. Con anterioridad, había sido expulsado de Twitter por su comportamiento abusivo. Trabaja en Breitbart News.

Richard Spencer.

La caída de Yiannopoulos sólo fue puntual, y tras ella surgieron otras figuras de igual importancia mediática. Durante los últimos meses, la más notable ha sido la de Richard B. Spencer, estadounidense, licenciado en historia y fundador de Alternative Right, uno de los foros primigenios del movimiento. Spencer cuenta en su haber con largos artículos cuestionando la legitimidad de un "genocidio negro" o su defensa de los descendientes de "europeos" como poseedores únicos de los Estados Unidos.

Spencer es uno de los voceros más destacados de la alt-right, y articula su radical discurso en torno a políticas identitarias y radicales de las que el conservadurismo republicano tradicional huye. El sábado, por ejemplo, exclamó:

América era hasta su última generación un país blanco destinado para nosotros y para nuestra prosperidad. Es nuestra creación, es nuestra herencia, y nos pertenece.

A cada soflama, sus seguidores, miembros del National Policy Institute continuador en forma de think-tank de Alternative Right, estallaban en vítores y en saludos nazis.

Spencer y sus seguidores, como explican en The Daily Beast, no se diferencian demasiado de los segregacionistas sureños clásicos. Racistas y supremacistas blancos, su diferencia radica en sus formas expresivas, dignas de un intelectual universitario antes que de un líder sin bagaje académico, y en su abierto desprecio tanto al eje liberal (y a sus movimientos feministas, a Black Lives Matter o a la izquierda más progresista) como al tradicionalismo republicano. Nativistas, neorreaccionarios, anti-igualitaristas y autoritarios,

Trump, de forma voluntaria o no, ha sido su candidato natural.

El gato neorreaccionario, un meme común de la alt-right. Ilustra su desprecio por el concepto de igualdad.

Lo que diferencia a la alt-right de otros movimientos conservadores es su alineación con la extrema derecha europea.

Spencer y su instituto alaban las políticas anti-inmigratorias de Nigel Farage, líder del UKIP británico y embajador wannabe del Reino Unido en Estados Unidos, y admiran a Putin. El propio Spencer, de hecho, ha participado en foros de carácter reaccionario junto a pensadores como Aleksandr Dugin, responsable parcial de la cosmovisión ideológica de Putin, tradicionalista y reconocido anti-liberal.

Todo ello, claro, pese a que Trump no ha llegado al poder propulsado por la alt-right (es ella la que se ha valido de él y no viceversa). Con evidentes simpatías hacia la simbología nazi, íntimamente ligado al nacionalismo blanco y asociado a los nuevos movimientos de extrema derecha europeos, la alt-right, un movimiento difuso surgido de forma subterránea en las entrañas de Internet, es la última mueca siniestra de unas elecciones históricas.

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