Calvas, lesiones, ausencia de astas, cataratas y nerviosismo evidente en un reno vuelven a abrir el debate del uso de animales en cabalgatas
La ley de bienestar animal habla de términos genéricos, dejando muchas dudas y recovecos
Si esta Navidad te acercas a un belén viviente o a la clásica cabalgata, raro será que no te encuentres en el evento a un buey, a un burro y animales tan exóticos (para estas localizaciones, con permiso de Canarias) de camellos y hasta renos. Si prestas un poco de atención, no te costará identificar signos de estrés y susto fruto de estar rodeados de gente, música y ruido. Si además vives cerca de El Escorial, puede que además encuentres que los renos tienen alguna que otra calva, a juzgar por las imágenes de Amanda Romero, vecina del municipio y exconcejala del ayuntamiento de Madrid.
Están ahí para hacer la representación más fiel (aunque paradójicamente luego haya reyes magos marcándose un blackface) a la "realidad". A la realidad de la cultura popular del advenimiento de los Reyes Magos de Oriente, Papá Noel u Olentzero. ¿Pero no hay una ley de bienestar animal que vela por ellos? Sí, pero tiene muchos recovecos y excepciones. De hecho, así de buenas a primeras el uso de animales está permitido bajo ciertas condiciones.
Por qué es importante. Porque podríamos estar ante un caso de maltrato animal habida cuenta de las condiciones de las que se hace eco la antigua concejala de Mas Madrid a través de un tuit. La autora del vídeo cuenta para El Periódico de España que "todos tenían el pelaje normal y solo uno mostraba calvas, callos y heridas en la piel, además de cataratas en los ojos y debilidad de las patas traseras, lo que le impedía caminar con normalidad. Era evidente que ese animal no estaba en condiciones de participar en un desfile". Asimismo, narra que las condiciones térmicas y su inmovilización eran incompatibles con el bienestar animal.
La situación de los animales ha llamado la atención no solo a Romero, sino también a colectivos ecologistas y vecinos de la localidad madrileña, que han denunciado la situación al considerar que atenta directamente contra el bienestar animal.
El revuelo ha sido tal que apenas un par de días después, el Ayuntamiento de El Escorial ha salido a dar explicaciones asegurando que la participación de estos animales se ha hecho cumpliendo estrictamente con la normativa y bajo supervisión veterinaria. En cuanto a la pérdida de pelo y de los cuernos, el consistorio aduce que se trata de "determinadas épocas del año, no estando relacionados con ninguna situación de maltrato ni de sufrimiento." A esa publicación ha contestado Amanda Romero proporcionando más detalles sobre el reno del vídeo y concluyendo que "ese animal es anciano o no está en condiciones de desfilar.
El contexto. La Ley 7/2023 también conocida como 'ley de bienestar animal' en su título IV detalla que "atendiendo a una evidente demanda social, regula el uso de animales en actividades culturales y festivas, estableciendo unas condiciones de uso acordes a su dignidad como seres sensibles, con el fin de evitar situaciones de humillación, maltrato y muerte del animal."
En el artículo 65 se especifica que estos animales deben tener un estado higiénico-sanitario óptimo y que durante la actividad, se les debe garantizar un nivel óptimo de bienestar atendiendo a las necesidades propias de cada especie y las condiciones ambientales. En el evento, hay que velar porque los animales estén en buenas condiciones, prestando atención a su comportamiento o a signos que evidencien la necesidad de descanso. Asimismo, deben tener puntos de descanso para abrevar. Ojo porque hay un apartado expreso para las cabalgatas donde explica que "Se prohíbe el uso de animales en exposiciones de belenes, cabalgatas o procesiones, en las que se mantenga al animal de forma incompatible con su bienestar, dadas las características propias de su especie, o inmovilizado durante la duración del evento."
Entre líneas. El hábitat natural de los renos se encuentra en latitudes notablemente más septentrionales a Madrid, como puede verse sobre estas líneas. De hecho, están diseñados para temperaturas frías, tanto a nivel interno (metabólico) como externo, con unas pezuñas anchas para caminar por la nieve, una nariz tal que les permite calentar el aire y un pelaje de doble capa, una combinación que les permite vivir bien en condiciones de hasta -50 °C propias de regiones árticas y subárticas. De hecho, el mayor desafío de los renos son las altas temperaturas, algo que ya les está pasando factura con el cambio climático.
En cuanto a procesos naturales como el cambio de pelo y las astas de la única especie de cérvido ampliamente domesticada, a los renos machos se les caen los cuernos al final del otoño y las hembras los aguantan hasta primavera, cuando nacen sus criaturas. La muda de pelo se produce una vez al año, a finales de la primavera y comienzo del verano, momento en el que el pelaje de invierno deja paso a otro mucho más fino y corto.
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