Por qué está subiendo tanto el precio del pulpo

Malos tiempos para los amantes del pulpo: una combinación de factores está provocando que su precio haya escalado de forma vertiginosa durante el último año. Las raciones en Galicia ya superan ampliamente los diez euros, barrera tradicional dentro de la restauración local, y el boyante mercado del cefalópodo augura subidas futuras. La particular fiebre estadounidense y la carencia de capturas durante las últimas temporadas han contribuido a agudizar el fenómeno.

A 15 euros el kilo. Una comparativa rápida: mientras en 2014 el kilo de pulpo marroquí, el más consumido en todo el mundo, a duras penas alcanzaba los 9 euros, cuatro años después la cifra se ha disparado hasta casi los 15. La dinámica se ha acelerado durante los últimos meses: desde otoño del año pasado se acumulan subidas de hasta tres euros el kilo, y en función de las calidades, el coste de las piezas se ha duplicado durante los dos últimos años. Eso se nota en el plato.

Pasa en Galicia y pasa en el sur: su precio se ha multiplicado por cinco en las lonjas de Málaga.

Subida de precios. La situación, evidentemente, ha repercutido en el consumo de a pie. Aunque los restauradores están sosteniendo parte de la subida, ya son pocos los lugares de España donde aún se puede encontrar pulpo gallego (tratado en Galicia, generalmente pescado en Marruecos) a 8 euros la ración pequeña. Las cifras se van a colocar por encima de los diez euros con rapidez. Con todo, los restaurantes han subido su precio un 15%, menor a la subida en las lonjas.

La fiebre del pulpo. El fenómeno se debe, fundamentalmente, a dos factores. El menos complejo es la creciente demanda de Estados Unidos: el pulpo se ha convertido en un manjar de tendencias durante el último año y el gigantesco volumen de mercado del país, amén de su capacidad adquisitiva, han bombeado su precio al alza. En el sector nadie espera que la dinámica se frene. Si el año pasado el kilo de pulpo superó su pico histórico, es probable que este lo vuelva a rebasar.

Pocas capturas. El otro problema proviene del agua: las capturas están siendo menores. Marruecos y Mauritania ya han introducido controles de pescas en sus aguas para evitar esquilmar a la población. Al ser dos grandes caladeros, los precios continuarán subiendo. La carencia de alternativas de calidad al pulpo atlántico hace el resto. En Galicia el panorama no es mucho mejor: en lonjas como Bueu las capturas están un 50% por debajo en comparación al año pasado.

Tormenta perfecta. Así que mientras el pulpo se encamina hacia el producto de lujo (baja oferta, alta demanda), en España los pescadores no saben muy bien qué esperar. 2016 fue un año extraordinario para el sector, 2017 fue horrendo, y 2018 también. Las fluctuaciones estacionales suelen ser climáticas (y cada vez más inciertas). En cualquier caso, España no puede tirar sólo de producto autóctono: sólo cubriría el 25% de una demanda espoleada por el turismo.

Imagen | Martius/Flickr

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