El gran debate de los derechos del chimpancé

La historia de la humanidad podría resumirse en la lucha de determinados colectivos tratando de adquirir sus legítimos derechos: desde el campesinado hasta los transexuales, pasando por los obreros, las minorías étnicas o los homosexuales. Pero, ¿ha llegado el momento de que esa lucha secular se extienda a aquellos animales que no son humanos? El debate existe, está ampliamente desarrollado y, en ocasiones, se encona. Eso no lo hace menos interesante.

De hecho, está llegando a un punto donde comienza a tomar cuerpo jurídico. En ello lleva trabajando Steven Wise más de tres décadas, en lograr que la justicia norteamericana reconozca de un modo u otro que los chimpancés también pueden ser sujetos constitutivos de derecho. ¿Su progreso? Ha sido amplio, pero está lejos de dos elementos fundamentales para lograr su ansiado objetivo: el primero, dominar la agenda pública, no interesada de momento en esto; el segundo, convencer a la justicia.

En ambos casos, tiene más trabajo por delante.

Derechos de los animales: una vieja historia

No está solo, por supuesto. A lo largo de la historia se ha tratado la cuestión de si los animales deben tener derechos o no. Conforme las ideas ilustradas penetraban en la sociedad, se han ido haciendo más tangibles, desarrollándose de forma definitiva a lo largo del siglo XX. Hay que tener en cuenta que no sólo se trata de defender la integridad física de los animales contra el maltrato gratuito del ser humano, sino de la posibilidad de que ellos mismos tengan derechos, sean depositarios de ellos.

Tradicionalmente el debate había girado en torno a la consideraciones morales sobre la capacidad de sufrimiento o no de los animales, formulada por filósofos de la Ilustración como René Descartes y otros. Se ha asociado dolor a capacidad para sentir, y por tanto a cierta equiparación con los seres humanos. Otros, como Bentham, llegaron a extremos más lejanos, pero siempre radicados desde la misma perspectiva: ¿sienten, sufren los animales?

Ya no se trata de una cuestión moral o filosófica sobre el ser de los animales sino sobre a cuestiones legalistas que se enmarcan dentro de los marcos jurídicos de los Estados modernos

A lo largo de las últimas décadas el recorrido de tales ideas se ha ampliado de forma exponencial. Ya no se trata únicamente de una cuestión moral o filosófica sobre el ser de los animales, en relación a su capacidad aprehensiva o de sufrimiento, sino sobre a cuestiones legalistas que se enmarcan dentro de los marcos jurídicos de los Estados modernos. Quizá, el libro más influyente a este respecto sea el publicado por el australiano Peter Singer, titulado Animal Liberation.

Es el que ha servido a Wise para desarrollar su vasto trabajo en la lucha por los derechos de los animales. Aunque Singer no entró directamente en la cuestión de los derechos, sus ideas sobre el especismo (la discriminación contra aquellos que no pertenecen a nuestra misma especie) y sobre las teorías ya desarrolladas por Bentham en torno a la capacidad de sufrimiento de los animales y al deber moral de la humanidad por ahorrárselo.

Quien sí ha centrado la lucha por los derechos de los animales desde un punto de vista plenamente jurídico es Wise. Su carrera es larga, pero en 2015 está más de actualidad que nunca. ¿Por qué? Su organización, Nonhuman Rights Project, ha denunciado a diversos centros de investigación por recluir a chimpancés con la finalidad de emplearlos para estudios científicos. Tiene varios casos abiertos a lo largo y ancho de Estados Unidos, y aunque ha perdido algunos, otros siguen en pie.

¿Debería tener tu perro los mismos derechos que tú? (Imagen: Céline)

En otoño pasado, en concreto, fracasó al intentar demostrar al juez que los animales tienen "personalidad" a nivel jurídico, y que por tanto son depositarios de derechos. El pasado mes de mayo acudió de nuevo a los tribunales en Nueva York para defender su postura y tratar de liberar a Hércules y Leo, dos chimpancés internados en la Universidad Stony Brook. Sus declaraciones causaron gran sensación: comparó la situación de los dos primates a la de los esclavos humanos.

Su abogado rival respondió en los términos que cabría esperar: "La realidad es que son fundamentalmente especies diferentes. No hay precedente de un animal obteniendo los mismos derechos que un ser humano"

Por supuesto, su abogado rival respondió en los términos que cabría esperar: "La realidad es que son especies fundamentalmente diferentes. Simplemente no hay precedente en ningún lugar de un animal obteniendo los mismos derechos que un ser humano". Ese es precisamente el objetivo de Nonhuman Rights Project, aunque por el momento no ha logrado los avances significativos que anhelaría. The New York Times lo ilustró del siguiente modo: "¿Podría un chimpancé llevar a juicio a su dueño?".

No sólo podría, sino que, según Wise, debería.

Hay quien tiene una opinión muy distinta

Para Wise y sus seguidores, además de para otras organizaciones dedicadas a la protección de los animales en todo el planeta, estos no tendrían por qué ser propiedades de sus dueños, como es el caso actual para gran parte de ellos. Tienen emociones, viven en entornos sociales y naturales complejos y transmiten cultura. Y sin embargo, viven a merced de otros animales, los humanos, sin que la ley pueda ampararles en caso de explotación o desarraigo.

¿Por qué un delfín debería tener más derechos que una oruga? (Imagen: LaniEderts)

Un argumento básico de Nonhuman Rights Project es que los animales deberían tener la misma consideración legal de "persona" que los seres humanos. Es un inicio problemático. Como indicaban hace dos años en Dot World, un blog dedicado a cuestiones ambientales y naturales del NYT, existen argumentos legales convincentes para creer que un animal no puede acceder a esa categoría, históricamente reservada por la jurisprudencia a agentes sociales, seres humanos:

Ni una sola definición de persona engloba al rango de entidades legales con legítimas reclamaciones para sus asuntos. Sin embargo, simplemente ampliando el ámbito de "personalidad" no solucionará el problema. Al margen de cómo de ancho sea el enfoque, la personalidad requiere de aquellos que la poseen características para evaluar si otros seres las poseen también. En este sentido, incluso si una concepción amplia de la personalidad valida a otros seres como merecedores de consideraciones morales, lo hace evaluando si su esencia se parece lo suficientemente a la nuestra. En consecuencia, cualquier intento de encuadrar una serie de criterios para la personalidad comienza con un prejuicio inherentemente especista.

El párrafo de más arriba corresponde a David N. Cassuto, un profesor de Derecho en la Universidad Pace especializado en leyes medioambientales y animales. De forma resumida, ataca una de las premisas de Steven Wise: ¿por qué unos animales sí deberían estar incluidos dentro de la concepción de "personalidad" legal y otros no? Al fin y al cabo, esa es una decisión que introduce una discriminación consciente en su postura, y que, en efecto, se vuelve en su contra.

¿Sobre qué base un delfín, un elefante, una orca o un chimpancé deberían tener más derechos, o deberían adquirir derechos algunos, frente a un perro, un cerdo o una oruga? Atendiendo a esa diferenciación, aquellos que se oponen a las ideas de Wise se valen para decir que, del mismo modo, esos cuatro animales también pueden ser diferenciados de nosotros, los seres humanos. No es el único escollo que Steven Wise ha tenido que salvar a lo largo de su carrera.

¿Merecen menos derechos que un mono? (Imagen: Green Mountain Girls Farm)

Un argumento habitual para oponerse al estatus de persona legal de los animales es el de que si bien no deberían ser tratados con crueldad, su defensa y protección sólo debería provenir de la moralidad inherente al ser humano, un ser consciente, y no de atributos añadidos a los animales que, en realidad, no poseen. Es el argumento de Damon Linker, por ejemplo. Es lícito tratar de proteger a los animales, pero no a costa de terminar con lo que hace de los humanos seres distintivos:

Tal y como expliqué hace varios años en un ensayo para la revista Commentary, los defensores de los derechos de los animales están en lo cierto cuando dicen que humanos y animales pueden estar motivados por el hambre, pero no pueden explicar "la decisión de una persona de matarse de hambre por una causa". Reconocen que los humanos y los animales tienen deseos sexuales, pero no pueden explicar como o por qué "algunos eligen abrazar el celibato por el bien de su noble pureza".

Desde otro punto de vista legal, hay quien ha señalado que si los animales tuvieran derechos, deberían ser responsables de actos tales como matar a otros animales. Otros han negado la existencia de derechos de los animales en base a los beneficios que de la experimentación con ellos obtiene la ciencia y, en consecuencia, la humanidad en su conjunto. Ambas están relacionadas con las ideas de Fernando Savater sobre los derechos de los animales. Para él, un derecho conlleva un deber, y por tanto un animal no está en condiciones de poseerlo.

Un debate que está más vivo que nunca

Al margen de ambas posturas, lo que es evidente es que el debate, en plena segunda década del siglo XXI, está más vivo que nunca, especialmente de la mano de Wise, quien está logrando introducirlo en la esfera mediática de Estados Unidos. Es cuestión de tiempo que salte a otros puntos del planeta. En rigor, ya lo ha hecho. Uno de los primeros países en reconocer de forma oficial el estatus de persona legal de un animal ha sido Argentina.

El protagonista, un orangután. La justicia argentina alcanzó un hito histórico en esta materia en diciembre del año pasado, al reconocer por primera vez derechos a personas no humanas. La beneficiaria primaria y origen del caso fue Sandra, una orangután de 29 años que había pasado toda su vida en cautividad, en un zoo de Buenos Aires. Sus abogados consiguieron lo que Wise anhelaba: reconocimiento de personalidad y traslado del zoo a un santuario en Brasil.

El elefante es uno de los animales a los que Wise considera "persona" (Imagen: Matt Biddulph)

De nuevo en Estados Unidos, hay quien ha sugerido que el debate está enfocado de forma errónea. Según un blog sobre Derecho de la Universidad de Harvard, ya ha habido animales cuya personalidad ha sido reconocida por los tribunales, de modo que el debate planteado por Nonhuman Rights Project no sería tan revolucionario. Lo que sí lo sería, sin embargo, sería el deseo de Wise de dotar de derechos de libertad de movimiento y autonomía a un chimpancé.

La cuestión está atravesando poco a poco la esfera convencional del derecho y se está incrustando incluso en una de las industrias de entretenimiento más masivas del mundo: Hollywood, a cuenta de Jurassic World (!)

La cuestión está atravesando poco a poco la esfera convencional del derecho y se está incrustando incluso en una de las industrias de entretenimiento más masivas del mundo: Hollywood. The Guardian lo planteaba recientemente: ¿es Jurassic World un gigantesco salto en la lucha por los derechos de los animales? Está bien, sus dinosaurios son un fraude, pero el relato sobre su comportamiento dentro de esa película, y de otras recientes basadas en animales, se encamina hacia su defensa y cierta inclinación a tomar partido por las bestias.

Sea como fuere, se trate o no de pura imaginación la teoría manejada por el periódico británico, lo cierto es que el gran debate sobre los derechos del chimpancé, de los animales, ha llegado para quedarse. Y que quizá debamos comenzar a plantearnos cuál es la postura correcta en él.

Imagen | Tambako The Jaguar

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