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EEUU resucitó el "derecho de presa" para capturar un barco procedente de China: el problema es que China ha tomado nota

Al reactivar esta doctrina, Estados Unidos no solo abre una puerta para sí mismo, sino también para sus rivales

Miguel Jorge

Editor

En plena Segunda Guerra Mundial, varios barcos mercantes neutrales que cruzaban el Atlántico eran interceptados y desviados a puertos británicos sin llegar a ser hundidos, donde jueces especializados decidían su destino semanas después. Aquel proceso casi burocrático convertía cada captura en un asunto legal además de militar.

El regreso de una ley enterrada. La semana pasada contamos cómo se dio la captura del buque M/V Touska por parte de Estados Unidos en el Golfo de Omán, una acción que ha devuelto al primer plano una herramienta jurídica que llevaba décadas fuera del debate real: el derecho de presa

Este mecanismo permite interceptar y, si se valida legalmente, apropiarse de barcos civiles en contexto de guerra, algo que no se aplicaba de forma relevante desde mediados del siglo XX. La operación no se limita a una acción militar puntual, introduce un cambio en cómo se puede ejercer el control sobre el comercio marítimo en un conflicto abierto.

Qué significa realmente. Este marco legal se activa únicamente en situaciones de guerra y establece que un buque puede ser capturado si viola un bloqueo, transporta material útil para el enemigo o se niega a ser inspeccionado. Tras la captura, el barco es llevado a un puerto bajo control del captor y sometido a un proceso judicial específico

Finalmente, si el tribunal considera que la incautación es legítima, el barco y su carga pasan a manos del Estado que lo interceptó, lo que convierte una operación naval en una herramienta con consecuencias económicas directas.

Cómo se utilizó en el pasado. Durante la Segunda Guerra Mundial, este tipo de normas formaban parte del funcionamiento habitual de la guerra naval. Las potencias implicadas interceptaban buques mercantes en alta mar para evitar el suministro al enemigo, especialmente en rutas estratégicas del Atlántico. 

Muchos de esos barcos eran llevados a puertos controlados y sometidos a tribunales de presa, que decidían si debían ser confiscados, liberados o destruidos. El sistema permitía debilitar al adversario sin necesidad de hundir todos los barcos, integrando la dimensión legal en la estrategia militar.

El buque británico HMS Blanche remolcando la fragata francesa Pique, tras haberla apresado

Apuntando más allá de Irán. Ocurre, como explicamos, que el caso del Touska adquiere mayor relevancia por su recorrido y sus conexiones. Su ruta desde Asia hacia Irán, con escalas en puertos chinos, ha introducido un tercer actor en la ecuación, elevando el significado de la captura. 

De hecho y como insinuó Trump, la posibilidad de que transportara material vinculado a China ha convertido la operación en un mensaje más amplio sobre el control de las rutas comerciales en un entorno de guerra, donde cada interceptación puede tener implicaciones diplomáticas adicionales.

De bloqueo a herramienta económica. Aplicar este marco no solo permite frenar el tráfico hacia un país, también abre la puerta a apropiarse de los recursos que circulan en ese sistema. 

Esto introduce un incentivo adicional en la guerra naval y modifica el comportamiento de actores externos. ¿Quiénes? Desde navieras, hasta aseguradoras y estados que operan en esas rutas deben recalcular riesgos, lo que puede traducirse en cambios de rutas, aumento de costes y mayor incertidumbre en el comercio internacional.

Aviso a navegantes. Qué duda cabe, el impacto inmediato se extiende más allá del barco capturado. La posibilidad de perder un buque al completo, junto con su carga, cambia la percepción del riesgo para operadores que hasta ahora se movían en un terreno más predecible. 

Países que ofrecen banderas de conveniencia o empresas que trabajan en zonas grises pueden verse arrastrados a procesos legales complejos, lo que añade presión para evitar cualquier vínculo con rutas o destinos bajo bloqueo.

El efecto bumerán. No solo eso. El movimiento de Estados Unidos introduce una dinámica que no controla por completo, porque al recuperar esta doctrina, establece un precedente que otros actores pueden utilizar en escenarios futuros. 

Aquí aparecen nombre de potencias con gran capacidad marítima y comercial, como China, que disponen del volumen necesario para aplicar medidas similares si el contexto lo permite. Esto abre un nuevo frente potencial donde la interdicción marítima puede escalar más allá de un conflicto regional.

El mar como campo de batalla. En última instancia, el caso del Touska marca algo más profundo que la captura de un solo buque. Señala una posible transición hacia un modelo donde la guerra naval combina fuerza militar y herramientas legales del pasado para influir en el comercio global. 

En ese escenario donde la jerga “pirata” parece tener un revival, cada operación deja de ser aislada y pasa a formar parte de una cadena de decisiones que pueden replicarse en distintos puntos del planeta, ampliando el alcance de los conflictos y dándole una vuelta a lo que se entendía por las reglas del juego en el mar.

Imagen | NAVCENT Public Affairs, Robert Dodd

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