
34 años en números rojos y déficit constante, pero a Disney no le importa demasiado
El 29 de marzo de 2026, Josh D'Amaro inauguró World of Frozen ante Emmanuel Macron, Penélope Cruz y Naomi Campbell. Era su primer gran acto público como CEO de Disney, once días después de asumir el cargo. Sin embargo, no lo hizo en el ya clásico Disneyland de Orlando, sino en París. Un parque que, según los registros mercantiles franceses, acumula un déficit de 4.200 millones de dólares tras más de tres décadas abierto. Disneyland Paris es la filial internacional más rentable de Disney y aun así, aún no ha recuperado su inversión inicial. Entonces... ¿por qué sigue abierto?
Sobre el papel, todo bien. Cuando Disney hace públicos los resultados financieros de sus parques, no lo desglosa por instalación. Pero como Euro Disney Associés (EDA), la sociedad que gestiona el complejo, está obligada a publicar cuentas detalladas en Francia, sí podemos saber las cifras parisinas: en el ejercicio cerrado en septiembre de 2025, los ingresos de EDA alcanzaron un récord de 4.000 millones de dólares, un 8,4% más que el año anterior, impulsados en parte por la implantación de los polémicos precios dinámicos.
El beneficio neto llegó a 304,2 millones, también el más alto de su historia. Por su parte, los resultados del segmento internacional de parques de Disney subieron un 25% en el último trimestre del ejercicio fiscal 2025, y la compañía atribuyó explícitamente esa mejora al tirón de Disneyland París.
Echa cuentas. Sin embargo, desde la apertura en 1992, lo que se conocía inicialmente como Euro Disney solo ha obtenido beneficio neto en 13 ejercicios. Las pérdidas acumuladas suman 3.700 millones de dólares. Dicho de otra manera: Disney ha invertido en total de 6.800 millones de dólares (5.700 millones de euros) en el complejo y todavía no ha recuperado esa cifra. Con 304 millones de beneficio anual, es complicado pensar en que llegue a recuperarse.
La trampa francesa. EDA se mueve en unos parámetros financieros particulares. Francia cedió el codiciado suelo de 2.230 hectáreas en Chessy (casi una quinta parte de la superficie de París) a cambio de que el complejo se organizara como colaboración público-privada. Disney arrancó como accionista minoritario con el 49% y al no ser el accionista principal, Disney no capitalizó la empresa como habría hecho en sus parques estadounidenses. Solo aportó 132,1 millones de los 4.900 millones que costó la construcción. El 59,8% restante lo cubrió un préstamo bancario que asumió la sociedad conjunta Euro Disney.
EDA quedó listada en el Euronext, lo que por un lado obligó a la transparencia contable, y por otro encadenó a la empresa a una estructura de capital muy frágil justo antes de que llegara la primera gran recesión de la época. Un año después de la apertura, Philippe Bourguignon, presidente de Euro Disney, reconocía que el desequilibrio financiero de la empresa era tan severo que estaba en riesgo su propia existencia.
Crisis tras crisis. En realidad, la historia de Disneyland París es un resumen de las grandes crisis económicas que ha vivido el sector y, específicamente, Francia. El parque abrió durante una recesión que afectó a toda Europa, pero especialmente al país (con una caída del PIB del 1,5% en 1993). Los turistas franceses rechazaron los precios de las entradas, la ausencia de alcohol en los restaurantes y el inglés como idioma dominante. El segundo parque de Disneyland Paris, Walt Disney Studios (que en 2026 ha pasado a llamarse Disney Adventure World), se inauguró en 2002 justo cuando el turismo global se veía resentido después del 11-S.
El peor ejercicio llegó en 2016: Disneyland Paris registró una pérdida neta récord de 961,8 millones de dólares después de que los atentados de noviembre de 2015 hundieran la asistencia al parque. La reacción de Disney en 2017 fue la de comprar el 51% restante de acciones por 250,8 millones y pagar otros 1.700 para eliminar toda la deuda acumulada. Pero las desgracias no acababan: la pandemia de 2020 cortó la recuperación que ese saneamiento había iniciado. Y la cosa no ha terminado: la guerra en Oriente Medio afecta a la energía y los vuelos, y está por ver cómo impactará al negocio a medio plazo.
Las cuentas claras. Durante 34 años, los royalties y otros gastos de gestión que EDA ha pagado a la matriz estadounidense suman 2.400 millones de dólares: tarifas por diseño de atracciones, personajes con licencia, vestuario, producción de espectáculos... Pero Disneyland París recibe 16 millones de visitantes al año, es el destino turístico más frecuentado de Europa y, según el propio estudio aporta el 6,1% de los ingresos turísticos totales de Francia.
Las divisiones de parques y experiencias generaron en 2025 el 57% del beneficio operativo consolidado de Disney, sobre unos ingresos totales de 94.400 millones de dólares. Es el peso de ese segmento el que llevó a D'Amaro desde la dirección de parques al cargo de CEO. Pero una cosa queda clara: EDA no puede repartir dividendos hasta que sus pérdidas acumuladas queden completamente compensadas. A 304 millones de beneficio neto anual y con el agujero histórico sin cerrar, ese momento no está a la vuelta de la esquina: parece que no estamos hablando de una retribución a corto plazo.
Cabecera | Pablo Monteagudo
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