Cientos de piscinas en España se enfrentan a un peligro de salud pública: el "reto marrón"

Piscinas
  • Medio centenar de municipios han dado la alerta ante el "brown challenge". En 2025, más de 300 piscinas se vieron obligadas a cerrar por lo mismo

Editor

Este no va a ser un artículo fácil: abstenerse personas sensibles y, si estáis comiendo, sugiero guardarlo para leerlo después. Porque la situación se ha descontrolado. Este 2026, el llamado "reto marrón", el baño con regalito, ha pasado de chiste asqueroso a de salud pública con nombre y apellidos. Una diarrea de nombres recuerda que, mires donde mires, siempre hay alguien cagándose en la piscina. Solo en Valencia, una decena de municipios, como Silla, Oliva, Chiva, Requena o Picassent, han tenido que cerrar temporalmente, con el consiguiente riesgo en menores.

Municipios en la diana

En Tàrrega (Lleida), las piscinas municipales cerraron tres veces en una semana en agosto de 2025 tras detectar excrementos humanos en el vaso grande. En 2025, este patrón se repitió en más de 300 piscinas municipales de todo el país, según cifras recogidas por distintos ayuntamientos y servicios de salud pública. 

En Cáceres pasó lo mismo. Esta semana, en Barro (Asturias), pedían "la colaboración de todas las personas usuarias. Si alguien vio algo o tiene información que pueda ayudar a identificar a la persona o personas responsables, agradecemos que lo comunique al Concello o al personal de la piscina". El problema es que los fanáticos de este reto suelen hacerlo lejos de miradas ajenas y habitualmente a final de la jornada.

Solo durante este verano, el consistorio contabilizó hasta siete cierres por heces en piscinas de la demarcación de Lleida, incluyendo instalaciones en Alcarràs, Almacelles, Bellpuig, Camarasa, Bellver de Cerdanya y el barrio de Balàfia en la capital. Tàrrega clausuró sus piscinas por el mismo motivo y ha llegado a contratar seguridad privada, controlar entradas con DNI y mantener la instalación abierta solo como "refugio climático" mientras se aplican protocolos de limpieza e hipercloración de unas doce horas.

Y la provincia de Lugo encadena su propia serie de casos. En Friol y Guitiriz, personal técnico explica que “se pierden tres días” cada vez que aparecen heces en el agua: tratamiento intensivo de cloro, análisis para descartar Pseudomonas y Escherichia coli. La reapertura, tras los resultados de laboratorio. Porque limitarse a quitar un zurullo con un cazamariposas y subir el cloro es, además de poco responsable, doblemente peligroso.

Quiroga y Monterroso también han tenido que cerrar sus piscinas municipales por deposiciones humanas, descritas por el propio concello como una “gamberrada” que obliga a desalojar el recinto y mantenerlo clausurado al menos hasta el día siguiente. En Castroverde (Lugo), la aparición de materia fecal en el vaso de adultos ha provocado cierres de 24 a 48 horas, mientras se completan los ciclos de hipercloración y los análisis que garantizan que el agua vuelve a cumplir los requisitos legales para el baño público.

Clubes privados y grandes ciudades

El “reto marrón” no se limita a pueblos del interior. En Sevilla, al menos un gran club privado ha tenido que cerrar su piscina familiar en repetidas ocasiones tras detectar heces en el agua, con hasta seis interrupciones de unas cuatro horas desde la apertura a finales de mayo.

La respuesta ha sido reforzar la vigilancia, contratar seguridad en la zona de baño y advertir que cualquier persona identificada participando en estos actos quedará expulsada de forma permanente, mientras que los servicios sanitarios recuerdan que se trata de conductas que pueden encajar en delitos contra la salud pública.

Les metería un multazo que te cagas, pensarás. Y sí, la multa puede ascender a los 5.000 euros; sin embargo, no es fácil hallar al culpable. En España, esta acción está tipificada como infracción grave o muy grave contra la salubridad pública y el civismo. Las multas económicas suelen oscilar entre los 1.000 y los 3.000 euros, pudiendo alcanzar localmente hasta los 20.000 euros según las ordenanzas municipales, además de la prohibición de acceso a la instalación por varios años. Con frecuencia conllevan la expulsión inmediata y la retirada del carné de baño o veto de entrada al recinto de 1 a 5 años.

En la ciudad de Lleida, las piscinas del barrio de Balàfia también han tenido que cerrar tras la presencia repetida de excrementos humanos en el agua, encadenando la misma secuencia: evacuación, hipercloración, filtración intensiva, análisis microbiológico y reapertura únicamente cuando los parámetros vuelven a ser seguros.

En Toledo, varios recintos acuáticos como la piscina del Parque Escolar han activado protocolos específicos tras incidentes con materia fecal, con tratamientos de choque de hasta ocho horas cuando las heces son líquidas, según documentación técnica de la propia ciudad. Repartidas por todo el país, este año las piscinas se han topado con cierres sistemáticos ante heces visibles o análisis que detectan altos niveles de bacterias asociadas a excrementos.

Qué ocurre dentro del agua

Cada deposición introduce en el vaso una mezcla de microorganismos intestinales. Entre ellos figuran bacterias como E. coli (incluidas cepas productoras de toxinas), enterococos fecales, Clostridium perfringens y otros indicadores de contaminación fecal. También pueden llegar virus entéricos (norovirus, rotavirus, adenovirus) y protozoos como Giardia y Cryptosporidium, capaces de causar diarreas y colitis con un simple trago de agua contaminada.

En condiciones normales, el cloro libre y el pH adecuados inactivan la mayoría de bacterias y virus en cuestión de minutos. El problema son los ooquistes de Cryptosporidium: su cubierta les permite sobrevivir durante días incluso en agua correctamente clorada, y bastan unos decilitros de agua contaminada para provocar infección en personas bañistas, incluso, yendo más allá, hepatitis A.

Cerrar, hiperclorar, analizar

Por eso el protocolo es tan agresivo cada vez que se encuentran heces en una piscina. Primero se desaloja el vaso y se retira toda la materia visible con redes, sin aspirarla para evitar que se fragmente y se disperse por el circuito. Luego se aumenta la concentración de cloro y se ajusta el pH, se mantiene la filtración en marcha y se deja pasar el tiempo de contacto necesario para inactivar la mayor parte de los patógenos.

Si la deposición es sólida, la hipercloración puede durar decenas de minutos. Mientras redacto me pregunto cómo se puede ser tan guarro. Si es diarreica, algunas guías plantean subir el cloro hasta 20 ppm o más durante varias horas, o encadenar ciclos completos de filtración y floculación, lo que se traduce en cierres de 12 a 24 horas o incluso varios días.

Porque los riesgos son altos y se concentran en niños, personas mayores y quienes tienen defensas bajas, más propensos a desarrollar gastroenteritis, otitis o conjuntivitis después de exposición a aguas recreativas con contaminación fecal. Por eso los servicios de salud insisten en una regla básica: no bañarse con diarrea, ducharse antes de entrar al agua, evitar tragar agua de la piscina y usar el baño con frecuencia, porque cada deposición deliberada no solo cierra una instalación, sino que transforma este reto viral en un problema de salud pública.

Imágenes | Pexels (Shivansh Sharma, Arthur Shuraev)

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