Sin cerveza, café descafeinado o vino: así te puede afectar la repentina escasez de CO2

En los últimos días me he encontrado en una paradoja bastante inesperada. Durante más de dos décadas he proclamado sin cesar que producimos demasiado dióxido de carbono (CO2), con el consiguiente riesgo de calentamiento global. Pero mientras que cada vez se emite más CO2 a la atmósfera, Europa y México se están quedando sin CO2 disponible para su uso, ya que varias fábricas que lo producen han cerrado por mantenimiento.

El mundo consume alrededor de ochenta millones de toneladas de CO2 al año, pero las emisiones anuales de este compuesto rondan en la actualidad los treinta y dos mil millones de toneladas. El Reino Unido experimenta la mayor escasez de suministro de CO2 en décadas, pues cubre la mayor parte de su demanda con los subproductos de la industria de fertilizantes, que detiene su actividad durante los meses de verano.

El Reino Unido produce CO2 a partir de muchas otras fuentes, pero a pesar del desarrollo de tecnologías de captura de CO2, estas no se están aplicando comercialmente a la velocidad necesaria para que se pueda utilizar el CO2 capturado. La situación se ha visto agravada por la ola de calor actual y los bares se están quedando sin cerveza justo en pleno Mundial de fútbol.

Pero, ¿es realmente el CO2 tan fundamental para el funcionamiento de nuestra sociedad? La respuesta es sí y, a continuación, se exponen diez productos que están amenazados por su escasez.

1. Vino

Sin CO2, complicado pasar de aquí. (Pixabay)

Quedarse sin cerveza en pleno verano ha provocado cierto pánico, pero hay otros muchos usos del CO2 en la industria de las bebidas. Por ejemplo, las bebidas carbonatadas. Si uno es más de beber vino (o incluso un gran entendido) tampoco está fuera de peligro. La incorporación de CO2 es fundamental en la elaboración del vino para que alcance la fermentación perfecta.

2. Todo tipo de comida

El CO2 también tiene muchas aplicaciones en la industria alimentaria, desde su uso en mataderos y grandes granjas de animales antes de sacrificarlos hasta la conservación de la carne fresca en el envasado al vacío. Los vegetarianos son igual de vulnerables, porque CO2 se utiliza ampliamente como refrigerante en aplicaciones de venta al por menor de alimentos, lo que incluye muchas frutas y verduras.

3. Láseres

Los láseres de CO2 son de los más útiles y eficaces, produciendo un haz de luz infrarroja. Esto no solo es relevante para los amantes de Star Wars; los láseres de CO2 tienen una amplia gama de aplicaciones en la industria para el corte, la soldadura, el grabado e incluso la impresión 3D. Además, los láseres médicos de CO2 se utilizan en muchas intervenciones quirúrgicas de tejidos blandos, desde la eliminación de quistes en las cuerdas vocales hasta los liftings.

4. Extintores

(Buckley Air Force Base)

El CO2 es un compuesto no combustible que se puede presurizar, de ahí su uso extendido en los extintores. Este gas también se utiliza en pistolas de aire comprimido y en chalecos salvavidas autoinflables. Los cartuchos de CO2 también se venden como el mejor amigo de un ciclista para reparar pinchazos.

5. Café descafeinado

A cierta temperatura y presión (31 °C y 73 atmósferas) el CO2 se convierte en un fluido supercrítico. Esto no significa que sea peligroso hasta un punto crítico, sino que tiene propiedades muy inusuales y extremadamente útiles. Por ejemplo, tiene la densidad de un líquido, pero se comporta como un gas. El CO2 supercrítico se utiliza como un disolvente ecológico para la limpieza en seco, para producción de café descafeinado, destilados de hierbas y de aceites esenciales, entre otras cosas.

6. Refrigerante

El hielo seco no es más que CO2 sólido. Tiene grandes aplicaciones muy conocidas, como la limpieza por chorreado, la refrigeración de comida y la ultracongelación, así como usos a pequeña escala, como las máquinas de humo o la eliminación de verrugas. El hielo seco también se puede utilizar para preservar el cuerpo humano hasta el funeral y es más respetuoso con el medio ambiente que los productos químicos para embalsamar.

7. Petróleo

(Pixabay)

El mayor uso industrial individual de CO2 es para algo llamado "recuperación mejorada de petróleo". Cada año, se inyectan unos 50 millones de toneladas de CO2 en depósitos de petróleo para expulsar alrededor de un 20% del petróleo que se almacena en ellos. La mayor parte del CO2 utilizado en esta aplicación proviene de pozos naturales de CO2.

8. Plantas

Es sabido que las plantas son grandes consumidoras de CO2. A través de la fotosíntesis, las plantas convierten el CO2 y el agua en carbohidratos. Pero lo que no es tan sabido es que los jardineros aumentan de forma artificial los niveles de CO2 en los invernaderos para promover el crecimiento de las plantas.

9. Analgésicos

El CO2 tiene muchas aplicaciones farmacéuticas y médicas, como en la producción de medicamentos analgésicos y antiinflamatorios. Por ejemplo, el CO2 se utiliza en la producción del ácido salicílico, que es el precursor de la aspirina. También se utiliza para estimular la respiración cuando se añade al oxígeno.

10. Combustible para aviones

El CO2 se utiliza ampliamente en laboratorios de investigación como gas comprimido, como fluido supercrítico o como hielo seco. En nuestros laboratorios no siempre usamos CO2 de grado alimenticio, pero aún así nos vemos afectados por su escasez. Nuestro proveedor nos comunicó recientemente que ya no aceptan pedidos rutinarios. Esto tiene consecuencias: en uno de nuestros proyectos de investigación utilizamos CO2 junto con biomasa residual para producir combustible para aviones.

Me he dado cuenta de que, después de todos estos años hablando sobre el CO2 y su relación con el calentamiento global y el cambio climático, tengo que cambiar el enfoque de mi investigación. Quizás pueda hacerlo de esta manera: nuestro trabajo de investigación se compromete a garantizar que podamos tener cada día el CO2 necesario para seguir disfrutando de nuestro estilo de vida, desde comer y beber hasta montar en bici o utilizar un chaleco salvavidas.

Autor: Mercedes Maroto-Valer, directora del Research Centre for Carbon Solutions, Universidad Heriot-Watt.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original aquí.

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