Aunque no nos creas, estos suculentos manjares no son alimentos de verdad

Lo de que las apariencias engañan va mucho más allá cuando se unen creatividad y técnica fotográfica. Sin necesidad de recurrir a ningún efecto especial, en ocasiones logran engañarnos simplemente capturando un punto de vista del lugar adecuado en el momento adecuado, como vimos hace poco con las ilusiones visuales. Pero esta vez se trata de tomarnos el pelo del todo con perfectas reproducciones de ciertos alimentos.

En esta ocasión hemos dado con Sandy Suffield, en cuya web recoge gran cantidad de galerías fotográficas y hay una en concreto que es verdaderamente adictiva en cuanto descubres que no, por mucho que quieras, no estás viendo lo que crees. ¿Lees esto con hambre? Porque quizás al acabar de ver este proyecto titulado Faking it acabes con más.

Con las manos en la masa y en la pintura

En esta ocasión Sandy se encarga de la dirección artística, así como del diseño de los sets, con la colaboración de Jack Sargeson, encargado del estilismo de las creaciones, y del fotógrafo Dan Matthews. Lo que vas a ver son una sucesión de deliciosos manjares con una pequeña salvedad: no los deberíamos probar por mucho que nos despertasen el apetito. Faking it es una sucesión de perfectas imitaciones de alimentos realizadas con puré de patata en polvo, cartulina, pintura y otros elementos de manualidades. Te mostramos cada fotografía en el que vemos parte de los materiales utilizados.

Estos helados tienen una pinta excelente y apetecen ahora que llega la primavera. Lástima que en realidad sean una masa de puré de patatas y pintura.
Hay que ser cruel para crear un plato tan suculento con laca y lubricante para vehículos.
No nos queda duda de que este bodegón con quesos hay algún sabor suave suave, dado que entre los ingredientes hay polvos de talco (para el acabado mate de las uvas).
Esta romántica cena es una obra de arte literal. ¿Un brindis? Claro, aunque lo que vemos no es champagne, si no agua con salsa de soja y burbujas creadas por un fármaco con ácido acetilsalicílico.
No es oro todo lo que parece, ni nata, ni chocolate. Una dulcísima muestra de que la cinta de carrocero es uno de los inventos más útiles de la historia.
Emular chocolate es jugar con nuestros sentimientos, y más en este precioso set de café con pastas que engañaría a cualquiera. Aquí más cinta de carrocero, pegamento y cola para la leche.

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