En el Pleistoceno ya había juegos de azar, y los inventaron pueblos nómadas americanos con dados que acaban de ser descubiertos
Estamos tan acostumbrados a situar los orígenes del juego de azar en las civilizaciones del Mediterráneo oriental (en los templos babilónicos, en las mesas de juego romanas) que cuesta imaginar otro escenario. Pero un estudio publicado este mes en la revista 'American Antiquity' lo cambia todo: los dados más antiguos que se conocen no proceden del Viejo Mundo, sino de los llanos occidentales de Norteamérica, y tienen al menos 12.000 años. Datan de nada menos que el Pleistoceno.
Dados viejos. Con su estudio, el arqueólogo Robert J. Madden ha demostrado que los nativos americanos fabricaban y usaban dados hace al menos 12.000 años, durante los últimos siglos de la Era del Hielo. Eso los convierte en los juegos de azar más antiguos conocidos, con más de 6.000 años de ventaja sobre los dados más tempranos documentados en Europa.
Qué se creía. La historia dominante situaba el origen de los dados en las sociedades complejas de Oriente Próximo y Europa oriental, hace aproximadamente 5.500 años. Los hallazgos de Madden reubican ese punto de partida a otro continente y a otro tipo de sociedad completamente distinto: grupos de cazadores-recolectores nómadas de las Grandes Llanuras occidentales de Norteamérica. Ni palacios, ni ciudades, ni cultura escrita: juegos de azar en campamentos del Pleistoceno.
Cómo son estos dados. Los dados prehistóricos nativos americanos no se parecen a los cubos que conocemos. Se conocen como binary lots: piezas planas, de dos caras, fabricadas en hueso o madera, pensadas para ser lanzadas sobre una superficie. El resultado dependía de cuántas caras marcadas quedaban boca arriba; los jugadores contaban puntos con pequeñas varillas y ganaba quien alcanzara primero un número acordado. Más parecido al lanzamiento de una moneda que a los seis posibles resultados de un dado, pero igual de útil para generar resultados aleatorios.
Por qué había confusión. El problema era de clasificación. Cuando los arqueólogos encontraban piezas de este tipo, las etiquetaban como "piezas de juego" sin más. No existía un criterio sistemático para identificarlas como dados. Madden corrigió esa forma de verlo desarrollando una prueba morfológica basada en un catálogo que el etnógrafo Stewart Culin publicó en 1907, ‘Games of the North American Indians’, donde documentaba 293 conjuntos históricos de dados indígenas de más de 130 pueblos. Con ese marco de referencia aplicado al registro arqueológico publicado de todo el continente, identificó más de 600 dados adicionales.
Dónde estaban. Los dados más antiguos provienen de tres yacimientos de la cultura Folsom: Agate Basin (Wyoming), Lindenmeier (Colorado) y Blackwater Draw (Nuevo México). Se cree que estas piezas tienen entre 12.800 y 12.200 años de antigüedad. Lindenmeier, al norte de Fort Collins, concentra 14 artefactos distintos que cumplen los criterios, lo que ha llevado a algunos arqueólogos a especular que fue un gran lugar de congregación estacional de grupos dispersos. La densidad de material allí encontrado apunta a algo más que un campamento pasajero.
Lo que más llama la atención es la continuidad. Estos objetos aparecen en depósitos de todos los grandes períodos de la prehistoria norteamericana, sin interrupción detectable desde el Pleistoceno tardío hasta después del contacto europeo. Una tradición de 12.000 años que sigue funcionando: el propio Madden encontró tutoriales en YouTube donde grupos nativos explican cómo jugar a versiones de los mismos juegos de hace dos milenios.
Cómo se jugaba. Posiblemente, estos dados se usaban en juegos que podemos conectar con lo que contamos sobre el patolli, el juego de mesa mesoamericano de mayas y aztecas: aquel también era un juego de azar con profunda dimensión ritual, hallado en los trabajos arqueológicos del Tren Maya. La función social y religiosa del juego parece haber sido constante en culturas precolombinas muy distintas entre sí.
Madden describe estos juegos como "tecnologías sociales de integración": espacios neutros, regidos por reglas compartidas, donde grupos con poco o ningún contacto previo podían interactuar, intercambiar bienes e información, y construir alianzas. La dimensión religiosa está igualmente documentada. Numerosas tradiciones orales nativas describen los dados como una actividad sagrada: los propios dioses participan, y en algunas cosmologías la creación de los seres humanos es el resultado de una partida cósmica.
Imagen | Robert J. Madden
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