Aislamiento, prejuicios y discriminación: por qué las mujeres no ganan Premios Nobel de Ciencia

Uno de los [Premios Nobel de Física de 2018][1] fue para Donna Strickland, todo un logro para cualquier científico. Sin embargo, gran parte de la cobertura informativa se ha centrado en el hecho de que es la tercera física en recibir el premio, después de[Marie Curie en 1903][2] y[Maria Goeppert-Mayer][3] 60 años después.

Aunque la ingeniera bioquímica [Frances Arnold][4] también ganó este año el Nobel de Química, la rareza de las laureadas con el Premio Nobel plantea interrogantes sobre la exclusión de las mujeres de la educación y las carreras científicas. No hay duda de que las investigadoras han llegado muy lejos durante el último siglo, pero existen pruebas abrumadoras de que las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas.

Existen estudios que demuestran que las mujeres que persisten en estas carreras se enfrentan a barreras explícitas e implícitas a la hora de avanzar en su campo. Los prejuicios se notan más en las materias dominadas por los hombres donde las mujeres carecen de una masa crítica de representación y a menudo son consideradas como símbolos o personas ajenas a la organización.

Cuando las mujeres logran llegar a lo más alto en el deporte, la [política][5], la [medicina][6] y la ciencia, [sirven como modelos][7] para todas nosotras, especialmente para las niñas y otras mujeres. Pero, ¿están mejorando las cosas en términos de igualdad de representación? ¿Qué es lo que todavía frena a las mujeres en las aulas, en el laboratorio, en los puestos de liderazgo y como ganadoras de premios?

Se avecinan buenas noticias

Según los estereotipos tradicionales a las mujeres "no les gustan las matemáticas" y "no se les dan bien las ciencias". Tanto [hombre como mujeres reivindican estos puntos][8], pero los investigadores [los han cuestionado de forma empírica][9]. Existen estudios que demuestran que las mujeres evitan estudiar carreras de ciencia, no porque no se vean capaces a nivel cognitivo, sino por la exposición temprana y su propia experiencia con las ciencias, las políticas educativas, el contexto cultural, los estereotipos y una falta de conocimiento de modelos a seguir.

Blanco, mayor y hombre. El prototipo del Premio Nobel. En la imagen, Michael Young recibiendo el galardón en Medicina en 2017. (Jonas Eksträmer/AP)

Durante las últimas décadas, los esfuerzos para mejorar la representación de las mujeres en Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (el famoso acrónimo en inglés _STEM_) se han centrado en contrarrestar estos estereotipos con [reformas educativas][10] y [programas][12] [individuales][11] que puedan aumentar el número de chicas que ingresen y permanezcan en lo que se ha dado en llamar el proyecto STEM: el camino desde la primaria hasta la universidad y la formación de postgrado.

Estos enfoques están funcionando y cada vez es más normal que las mujeres [expresen interés en carreras de ciencias y estudien carreras de ciencias][13] en la universidad. En la actualidad, las mujeres constituyen la mitad o más de los trabajadores de psicología y ciencias sociales y están cada vez más representadas dentro del personal científico, aunque las ciencias informáticas y matemáticas sigan siendo una excepción.

Según el Instituto Americano de Física, las mujeres obtienen alrededor del 20% de los títulos de licenciatura y el 18% de los doctorados en física, [un aumento desde 1975][14] cuando las mujeres suponían solamente el 10% de los títulos de licenciatura y el 5% de los doctorados en física. Cada vez son más las mujeres que están obteniendo doctorados en ciencia y puestos en las facultades. Sin embargo, a medida que avanzan en sus carreras académicas, se encuentran con muchas barreras y topes.

Lo que no funciona para las mujeres

Las mujeres se enfrentan a un número de [barreras estructurales e institucionales][15] en las carreras académicas de ciencias STEM.

Además de las cuestiones relacionadas con las diferencias salariales entre hombres y mujeres, la estructura del mundo académico científico dificulta a menudo que las mujeres [asciendan en sus puestos de trabajo][16] y puedan equilibrar sus compromisos laborales y su vida fuera del trabajo. La investigación de laboratorio puede requerir años de trabajo y las restricciones del proceso de titularización pueden dificultar el mantenimiento del equilibrio entre el trabajo y la vida privada, la respuesta a las obligaciones familiares y [tener hijos][17] o tomar una excedencia por motivos familiares.

Ninguna mujer por aquí, nope. (Fredrik Sandberg/AP)

Además, trabajar en lugares de trabajo dominados por hombres puede [dejar a las mujeres sintiéndose aisladas][15], [percibidas como objetos][19] y susceptibles al [acoso][20]. [Las mujeres a menudo son excluidas][21] de las oportunidades para establecer contactos y de los eventos sociales y se sienten fuera de la cultura del laboratorio, del departamento académico y de los trabajos de campo.

Cuando las mujeres son pocas tienen [menos poder para defenderse a sí mismas][22] y más probabilidades de ser percibidas como [un grupo minoritario y una excepción][23]. Cuando se encuentran en esta posición de minoría, es más probable que las mujeres se vean presionadas a [aceptar servicios adicionales][24] o trabajos como [mentores de estudiantes de postgrado que también son mujeres][25].

Con menos colegas del sexo femenino, [las mujeres son menos propensas][26] a establecer relaciones con colaboradoras y [redes de apoyo y asesoramiento][27]. Este aislamiento puede exacerbarse cuando las mujeres no pueden participar en eventos laborales o [asistir a conferencias debido a responsabilidades familiares o de cuidado infantil][28] y cuando no pueden utilizar los fondos de investigación para compensar los cuidados infantiles.

Las universidades, [las asociaciones profesionales][29] y los organismos oficiales han [trabajado para solucionar varias][30] de estas barreras estructurales. Entre los esfuerzos se incluyen la creación de políticas favorables a la familia, el aumento de la transparencia en la presentación de informes salariales, la aplicación de las protecciones respaldadas por ley, la provisión de programas de tutoría y apoyo para las mujeres científicas, la protección del tiempo de investigación para las mujeres científicas y la selección de mujeres en los procesos contratación, así como el apoyo a la investigación y el desarrollo.

Las mujeres sólo suelen recibir Premios Nobel en otras categorías, como el de la Paz. (Terje Bendiksby/AP)

Estos programas tienen resultados mixtos. Por ejemplo, las investigaciones indican que las políticas favorables a la familia, como los permisos por maternidad y el cuidado de los niños en el lugar de trabajo [pueden exacerbar la desigualdad entre los géneros][31], lo que da lugar a un aumento de la productividad de la investigación para los hombres y a un aumento de las obligaciones en materia de enseñanza y servicios para las mujeres.

Prejuicios implícitos sobre quién hace ciencia

Todos nosotros (el público en general, los medios de comunicación, los empleados universitarios, los estudiantes y los profesores) tenemos nuestras [ideas de lo que es un científico][35] y un ganador del Premio Nobel. [Esa imagen][36] es [predominantemente la de un hombre blanco y mayor][37] (lo que tiene sentido dado que el 97% de los ganadores del Premio Nobel de ciencias han sido hombres).

Se trata de un ejemplo de un [prejuicio implícito][38]: una de esas suposiciones inconscientes, involuntarias, naturales e inevitables que todos, hombres y mujeres, nos hacemos sobre el mundo que nos rodea. La gente toma decisiones [basándose en suposiciones, preferencias y estereotipos subconscientes][39], en ocasiones incluso cuando van en contra de sus creencias.

Las investigaciones muestran que existe un prejuicio implícito en contra de las mujeres [como expertas y científicas académicas][40]. Se pone de manifiesto cuando se valora, reconoce y recompensa la erudición de los hombres por encima de la erudición de las mujeres.

Richard Henderson, premio de Química en 2017. (Frank Augstein/AP)

Los prejuicios implícitos pueden ir en contra de la contratación, la promoción y el reconocimiento del trabajo de las mujeres. Por ejemplo, las mujeres que buscan trabajos en la universidad tienen más probabilidades de ser vistas y juzgadas en base a [información personal y apariencia física][41] y las cartas de recomendación para las mujeres son [más propensas a suscitar dudas][42] y utilizan un lenguaje que da lugar a resultados negativos en su carrera.

El prejuicio implícito puede afectar a la capacidad de las mujeres para publicar sus hallazgos en investigación y obtener reconocimiento por dicho trabajo. [Los hombres citan sus propios documentos un 56% más que las mujeres][43], algo que se conoce como el "[Efecto Matilda][44]", puesto que existe una brecha de género en el reconocimiento, la premiación y las [citaciones][45]. La investigación de las mujeres tiene menos probabilidades de ser citada por otros y sus [ideas tienen más probabilidades de ser atribuidas a hombres][46].

Una investigación realizada por una sola mujer requiere [el doble de tiempo][47] para pasar por el proceso de revisión. Las mujeres están [infrarrepresentadas][48] en [las editoriales de las revistas académicas][49] como académicas de alto nivel, autoras principales y revisoras. Esta marginación en las posiciones de entrada a la investigación va en contra de la promoción de la investigación de las mujeres.

Cuando una mujer se convierte en una científica de renombre a nivel mundial, el prejuicio implícito juega [en su contra en la probabilidad][50] de que sea [invitada como ponente principal o como ponente invitada][51] para compartir sus hallazgos de investigación, hecho que [disminuye su visibilidad en el campo][52] y la probabilidad de que sea [nominada para los premios][44]. Este desequilibrio de género [se nota en la poca frecuencia][53] en la que [mujeres expertas][54] son [citadas en las noticias][55] sobre la mayoría de temas.

A las mujeres científicas se les concede menos respeto y reconocimiento a sus logros de lo que se debería. Las investigaciones demuestran que cuando la gente habla de científicos y expertos varones, es más probable que usen sus apellidos y que [se refieran a las mujeres por su nombre][56]. ¿Por qué es algo importante? Porque los experimentos demuestran que los individuos a los que se hace referencia por sus apellidos son más propensos a ser vistos como famosos y eminentes.

De hecho, un estudio llegó a la conclusión que cuando se llamaba a los científicos por sus apellidos hacía que la gente los considerara un 14% más merecedores de un premio de la Fundación Nacional de Ciencias.

La tercera laureada con el Premio Nobel de Física

El hecho de que Strickland haya ganado el Premio Nobel siendo profesora asociada de física es un gran logro; el hecho de que lo haya hecho como mujer que, casi con toda seguridad, se ha enfrentado a más dificultades que sus homólogos masculinos es, en mi opinión, formidable.

Cuando se le preguntó qué se sentía al ser la tercera mujer galardonada con el Premio Nobel de Física, Strickland señaló que al principio fue una sorpresa cuando se dio cuenta de que tan pocas mujeres habían ganado el premio: "Pero, quiero decir, yo vivo en un mundo rodeada de hombres, así que ver que los hombres son mayoría [tampoco me sorprende realmente][58]".

Ver principalmente hombres es parte de la historia de la ciencia. Con un poco de suerte si abordamos los prejuicios estructurales e implícitos en las ciencias se evitará que haya que esperar otro medio siglo antes de que otra mujer sea reconocida con el Premio Nobel por su contribución a la física. Estoy deseando que llegue el día en el que el hecho de que una mujer reciba el premio más prestigioso en ciencias sea noticia sólo por su ciencia y no por su género.

Imagen: Nathan Denette/AP

Autora: Mary K. Feeney, directora asociada del Centro para la Ciencia, la Tecnología y los Estudios de Política Medioambiental de la Universidad del Estado de Arizona.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original aquí.

Traducido por Silvestre Urbón.

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