
Creíamos que 'Aire' de Brueghel el Viejo era una alegoría barroca. Resulta que es mucho más que eso
El dios Apolo cruza el firmamento a bordo de su carro tirado por corceles, la musa Urania nos muestra una esfera armilar mientras descansa sobre una nube y, a lo lejos, vemos un cielo nublado repleto de aves. El cuadro 'Aire', pintado en el siglo XVII por Jan Brueghel el Viejo muestra una escena mitológica que sirvió al artista para dejar clara su habilidad con los pinceles y colores. Ahora un grupo de investigadores españoles ha confirmado que es algo más: un tratado de zoología que se adelantó en 400 años a la ciencia moderna.
Resulta que Brueghel el Viejo era también un hábil quirópterólogo.
El valor de los detalles. Más allá de su composición o calidad técnica, algo hay que reconocerle a 'Aire', un cuadro alegórico pintado hacia 1611 por Jan Brueghel el Viejo y que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Lyon: está repleto de detalles. Es algo que se comprueba a simple vista pero queda (re)confirmado al observar el estudio de detalle publicado por la institución francesa.
En él vemos, además de a Urania, la figura central del cuadro, una enorme cantidad de aves. Los expertos han contabilizado 60 especies distintas. Hay ejemplares de avestruz, pavos, cisnes, flamencos, grullas, búhos, gallinas… y un amplísimo etcétera de criaturas aladas que o bien descansan posadas en el suelo o ramas o bien cruzan el firmamento. Entre estas últimas se cuentan también tres especies de murciélagos, incluido al menos un Nyctalus lasiopterus o "nóctulo gigante", un gran quiróptero que llega a alcanzar 46 cm de envergadura.
Mucho más que arte. Para la inmensa mayoría de la gente piezas como 'Aire' son básicamente obras de arte. Hay sin embargo quien ha visto en ellas algo más: pistas valiosas (y sobre todo gráficas) para estudiar la fauna de hace siglos.
Ese es el caso de Pedro Romero-Vidal, ecólogo de la Estación Biológica de Doñana (EBD), que se embarcó en un proyecto para identificar animales en pinturas históricas. Cuando llegó a la obra de 1611 de Brueghel el Viejo percibió un detalle que activó su instinto: "Nunca había visto una escena similar en ninguna de las muchas pinturas que había examinado", admite a Science News.
¿Pero qué diablos es eso? Lo que llamó la atención de Romero-Vidal fue un detalle situado en el margen superior derecho del cuadro, casi en el borde de la composición. Allí el artista representó un gran murciélago que se aleja volando del resto de las figuras. La criatura que salió de los pinceles de Brueghel el Viejo lleva ahí, bien visible, desde el XVII, pero al analizarla los expertos del CSIC se dieron cuenta de algo: no vuela solo. En las fauces lleva un pequeño pájaro.
"Pedro vio los murciélagos y parecía que uno de ellos era un nóctulo que lleva un pájaro en la boca", explica a elDiario Miguel Clavero, investigador de la Estación Biológica de Doñana y uno de los autores que firman el artículo (recién publicado en PNAS) en el que dan cuenta de su hallazgo. Para entender su alcance, hay que tener en cuenta un dato: la ciencia no documentó hasta bien entrado el siglo XXI cómo los nóctulos cazan aves paseriformes y son capaces de devorarlas mientras vuelan, lo que convierte a Brueghel el Viejo en un adelantado a su época.
Cuatro siglos antes. Como reconoce la propia EBD-CSIC, el cuadro de Brueghel el Viejo revela que "la caza de aves paseriformes por parte de los murciélagos nocturnos ya era conocida en el siglo XVII, 400 años antes de que la ciencia lograra demostrarlo". Los zoólogos obtuvieron las primeras "evidencias sólidas" de que los Nyctalus lasiopterus se alimentaban de pequeños pájaros de paso hace varias décadas, al observar sus heces. Sin embargo, hubo que esperar hasta 2025 para obtener un estudio definitivo sobre su comportamiento.
Esa confirmación no llegó hasta octubre y lo hizo también de la mano de un equipo científico liderado por la EBD-CSCI. "Logró demostrar que el nóctulo grande, el murciélago más grande de Europa, podía cazar y consumir aves en pleno vuelo", señala el CSIC, que recuerda que los investigadores captaron por primera vez el sonido de un ejemplar depredando un petirrojo europeo durante el vuelo en Doñana. "La primera evidencia directa de este comportamiento".
O eso creían hasta que alguien se fijó en un cuadro de 1611.
Científico pionero… con matices. Por supuesto, una cosa es plasmar con pinceles una escena observada en la naturaleza y otra, muy distinta, documentar un comportamiento animal con criterios 100% científicos. De hecho el propio CSIC matiza que lo que muestra Brueghel el Viejo en su cuadro "no coincide exactamente" con lo que hoy sabemos sobre estos animales y sus estrategias.
"Que lo lleve en la boca como un rapaz es inviable. Los murciélagos de noche se guían por el sonido y emiten llamadas", aclara a elDiario Elena Tena, una de las científicas que estudió este hábito. "Para ser realista, el murciélago estaría sujetando el ave con las patas traseras y adelantándolas hacia la boca".
Eso no le quita en cualquier caso mérito al pintor ni al hecho (confirmado por el CSIC) de que las pinacotecas pueden ser valiosas fuentes para los zoólogos.
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