Más de 1.200 millones de personas siguen sin acceso a la electricidad. Este mapa ilustra dónde

Encender la televisión, cargar el teléfono móvil o alumbrarse con una bombilla por la noche son pequeños hitos de la tecnología a los que hemos dejado de dar importancia. Las sociedades más desarrolladas llevan más de cien años conviviendo con la electricidad. La forma en la que generamos, hasta hace bien poco quemando cantidades ingentes de carbón, es hoy objeto de debate en el COP25. Pero para millones de seres humanos hay un problema más acuciante: tener electricidad.

Porque en pleno 2019 el acceso a la red eléctrica es poco menos que una quimera en algunos rincones del planeta. Hay una elevada correlación entre desarrollo y darle a un botón y que se encienda una lámpara. En la totalidad de los países ricos el 100% tiene acceso a la electricidad. Es algo, además, conseguido desde hace décadas, y un elemento tan central de nuestra existencia que, sin ella, perderíamos gran parte de los placeres y las necesidades que pueblan nuestra vida.

En los países pobres la situación es diferente. Pensemos, por ejemplo, en Pakistán, un país de relativo desarrollo donde alrededor del 30% de la población sigue sin tener un enchufe a mano para conectar un electrodoméstico. Sucede algo similar en Yemen, devastado por la guerra civil, o en Myanmar, con amplias regiones al norte del país virtualmente desconectadas del resto. También en extremos geográficos como Papúa Nueva Guinea.

Pero en ningún país el problema es tan evidente como en África. Este mapa de VisualCapitalist lo ilsutra a la perfección: el corazón del continente africano es un agujero negro de la electricidad. Un agujero negro literal, como atestiguan las fotos nocturnas de la Tierra tomadas desde el espacio. Se trata de un instrumento muy intuitivo no sólo para entender dónde viven las personas en cada país (en Egipto, todas junto al Nilo), sino donde hay un desarrollo económico real.

(VisualCapitalist)

África pervive en buena medida entre las sombras. El caso más extremo es el de Burundi, donde un exiguo 9% de la población tiene luz corriente. En el Congo, una de las potencias demográficas y al mismo tiempo uno de los estados más pobres y disfuncionales del planeta, tan sólo el 19% está conectado a la red (y la mayor parte en Kinshasa, una megalópolis a orillas del río Congo). Incluso en Nigeria, futura tercera potencia demográfica mundial, casi la mitad de la población sigue a oscuras.

Su ejemplo es paradigmático del resto del continente. Un inmenso potencial poblacional (190 millones sólo en Nigeria), pero un largo camino por delante para equiparar servicios y calidad de vida a los estados más desarrollados. Influyen otros condicionantes. En la mayoría de países con un muy limitado acceso a la red, la población sigue siendo rural. El 87% en Burundi, el 77% en Chad, el 83% en Malawi, el 84% en Níger.

Lejos de las aglomeraciones urbanas, el poder del estado es limitado, y las poblaciones viven aisladas. Sucede algo similar tanto en Bolivia como en Honduras, los únicos dos países donde perviven bolsas reseñables de población a oscuras (entre el 8% y el 12% respectivamente). Casos distintos y más extremos son los de Haití (el país más pobre del mundo) y Corea del Norte (uno de los más pobres del mundo), cuyo contraste con Corea del Sur sigue siendo una de las fotos más definitorias del siglo XX.

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