El deseo de ser científica me viene de...

Existe desde hace décadas una obvia desigualdad en el campo de la investigación científica, en el que los hombres superan en números y también en ocupación de los cargos más importantes, a sus colegas femeninas.

¿Por qué esa disparidad en los números? ¿Es que a las mujeres no les interesan estos campos del saber? ¿O existen condicionamientos sociales que las disuaden de dedicarse a la investigación? ¿Tienen las niñas de hoy suficientes referentes como para verse a ellas mismas en los laboratorios donde se hará la ciencia del mañana?

Hemos preguntado a varias científicas de hoy, de ayer, y a alguna que lo será muy pronto, de dónde le vino el deseo de investigar, y las respuestas han sido tan interesantes como las vidas de estas mujeres. Aunque cada una nos ha dado una respuesta diferente, sacamos algo en claro: un buen profesor, o profesora, te puede cambiar la vida.

1.Teresa Valdés-Solís, ingeniera química

Teresa Valdés-Solis (41 años) cuenta que desde pequeña tuvo claro que ella era "una niña de ciencias. Las matemáticas me resultaban entretenidas y fáciles, y siempre me gustaron más que Naturales y Lengua".

El empujón definitivo se lo dieron dos profesoras de bachillerato, una "fantástica" de Matemáticas, "la señorita Elena, con fama de terrible y lo cierto es que entraba en clase y se hacía el silencio absoluto", y otra "maravillosa" de Física y Química "la señorita Ángeles Riera".

Ángeles Riera era química de formación. "Con ella aprendimos a dibujar los problemas y nos curtimos en factores de conversión y formulación". Teresa recuerda su carácter, puro nervio "y consiguió que muchas de nosotras acabáramos en química y en ingeniería química".

Las circunstancias familiares influyeron también en la carrera científica de Teresa. "Creo que mi madre siempre me vio más cercana a la ciencia como profesión que yo misma. Cuando acabé la carrera no tenía muy claro qué iba a hacer. Acababa de fallecer mi padre y necesitaba estar cerca de mi familia. Me habían concedido una mini beca de introducción a la investigación del CSIC y pensaba irme unos meses fuera de mi ciudad (Oviedo). Pero ya no me apetecía, así que acabé en el INCAR (Instituto Nacional del Carbón)".

De nuevo, las personas con las que Teresa trabajó eso meses la motivaron para probar suerte en la investigación como trabajo. "Hice la tesis y me apasioné por la investigación".

2. Marta Macho, matemática y divulgadora

Marta Macho tiene 55 años y es matemática. En 2015 ganó la Medalla de la Real Sociedad Española de Matemáticas, pero para muchos es más conocida por su actividad divulgadora. Desde la Universidad del País Vasco dirige el proyecto Mujeres con Ciencia con el que da a conocer la vida, obra y pensamiento de otras mujeres científicas del presente y del pasado.

Cuenta que en su casa "siempre nos animaron (a mis dos hermanas, a mi hermano y a mí) a hacer lo que quisiéramos, a condición de hacerlo con seriedad". Decantarse por las matemáticas para ella fue algo natural: siempre se le dieron bien y se divertía haciendo integrales y derivadas.

Durante la carrera, gracias a una profesora, conoció el campo de la topología, y quedó enganchada para siempre. "El tema de la tesis fue una oportunidad, no fue una decisión premeditada… surgió y la aproveché; aunque fue una época muy dura, en un entorno muy competitivo que nunca me ha gustado, las matemáticas que aprendí y las experiencias personales que viví valieron la pena".

3. Blanca Pérez del Valle, estudiante de Biología

Blanca (20 años) es parte de las futuras generaciones que llenarán los laboratorios del mañana. Actualmente estudia 3º de Biología y considera que "¿por qué quieres ser científica?" es una de las preguntas más difíciles que le han hecho nunca.

"Siempre me ha interesado la ciencia, desde pequeña sentía una gran fascinación por la vida y el funcionamiento de todo lo que me rodeaba (mi madre podría contar los estropicios que montaba en casa intentando hacer pociones, descuartizando plantas y haciendo hormigueros artificiales). Sin embargo, no siempre tuve claro qué quería hacer, he querido ser médico, física, matemática, e incluso ingeniera. Finalmente, debido a diversas influencias me decanté por la biología."

Una de esas influencias es la que tuvieron dos profesoras durante su época en el instituto "a las que les apasionaban sus asignaturas, en física y en biología. Ambas fueron capaces no sólo de enseñarme los conocimientos necesarios para completar el currículum si no también a pensar, a ver los problemas de forma crítica y a resolverlos utilizando las herramientas que habíamos aprendido en clase".

Otra de ellas es Jane Goodall, "una de las científicas más famosas de nuestro tiempo. En los libros de texto, normalmente, son hombres los que aparecen, pero descubrir a una mujer que había llegado tan alto en el mundo de la ciencia y la investigación permitió que me sintiese identificada y que viese en esta carrera una verdadera posibilidad".

Jane Goodall es, junto con Marie Curie, el gran referente científico femenino (Foto: Jane Goodall)

4. Rosa Porcel, bioquímica y bióloga molecular

Rosa Porcel (41), más conocida en internet como BioAmara, cuenta que para ella la semilla surgió de una enciclopedia compuesta por 10 tomos azules que se llamaba La Salud que había en su casa cuando era pequeña. "Cada tomo trataba un tema: ejercicio físico, alimentación, sexualidad, reproducción, embarazo, parto, etc aunque yo siempre cogía los mismos en un descuido y me tiraba las horas pasando hojas". Era todo lo que tenía que ver con la reproducción lo que lograba captar su atención. "Me empezó a fascinar la biología. Y aún hoy me fascina".

Rosa Porcel (Foto: Naukas)

"Durante la carrera, quise especializarme en investigación y laboratorio y las otras dos especialidades que había (Botánica y Zoología) me parecía que eran más específicas y yo quería algo más amplio. Al final fue el azar el que me llevó a trabajar con plantas y con mi asignatura preferida de toda la carrera, la Microbiología".

5. Marta Rodríguez de Quijano, bióloga y profesora de Genética recién jubilada

La historia de Marta, profesora de Genética de la Escuela de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid, mezcla la ciencia y la política a partes iguales. "Mi época fue de lucha por la democracia y la libertad en medio de la dictadura franquista. Dediqué mi vida a ello mientras estudiaba (y por eso no siempre aprobaba). Yo nunca me había planteado la investigación, simplemente tenía que tener una carrera para valerme por mí misma sin depender de nadie (es decir, de un hombre, así era mi época)".

Marta, vasca, se fue a Salamanca a estudiar Biología, y allí se afilió al Partido Comunista cuando aun era ilegal. "En esa época en la célula de Ciencias éramos unos 10: cuatro de Biología, dos de Geología, otros dos de Químicas y uno de Matemáticas. Yo llegué a ser responsable del comité de estudiantes de la universidad y durante tres años fui a París a reunirme con la dirección del PCE".

Durante su estancia en la universidad, entró en contacto con Fernando Galán, catedrático de Biología y profesor de Genética, que sería una gran influencia en su evolución profesional y al que siempre consideró su mentor. Años después, tras ser candidata del PCE en las primeras elecciones de la democracia, Marta volvió a Madrid donde trabajó una temporada como profesora de Formación Profesional y BUP.

Tras quedarse en el paro, volvió a ponerse en contacto con Galán, que le recomendó para hacer la tesina en el departamento de Genética de la Escuela de Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid. Allí se quedó, una vez leída, y trabajó durante 30 años, investigando y dando clase, hasta jubilarse este pasado otoño.

6. Deborah García, química y divulgadora

La cara de Deborah García (33 años) resulta familiar a cualquiera al que le interese la divulgación científica, en concreto la química y se mueva por las redes sociales. Ella misma cuenta que decidirse por la Química no fue fácil porque a ella siempre le interesaron la literatura, la filosofía y las artes plásticas.

"Hay dos razones fundamentales por las que me decidí por la química", explica Deborah. "La primera fue mi profesor de ciencias de secundaria, Joselu Sanz. Además de que lo explicaba todo con mucha pasión, pude ver en sus explicaciones que la ciencia era una forma más de describir la realidad. Era una forma elegante, abstracta, metafórica, lingüística. La química es, sobre todo, literatura. Es decir, no hay tantas abstracciones matemáticas, sino que se fundamenta en descripciones plásticas de la realidad. Eso me pareció tan bonito. Y no estaba tan alejado de la poesía como podría parecerme en un principio".

"La segunda razón fundamental", continúa", "está en la propia química. Es la disciplina científica que me parecía más plástica y, otro punto importantísimo para mí, también me pareció la más prudente. La química describe cómo son las cosas, cómo cambian, pero no trata de dar respuesta a los porqués mayúsculos. En ello hay implicaciones filosóficas que me parecieron tremendamente interesantes. Es una ciencia pura y tiende a la sofisticación, sin embargo, sus conjeturas son cautas y sus limitaciones están bien definidas".

Por eso eligió estudiar una carrera científica con la idea de disfrutar aprendiendo y sin un futuro profesional todavía en mente. La idea de dedicarse a la investigación fue una posibilidad durante la carrera, pero "no lo hice porque no era económicamente viable. Yo tenía que trabajar y ganarme la vida. No podía permitirme el vivir de una beca mediocre o de la nada. De hecho, trabajé durante toda la carrera como profesora particular. Eso también hizo que me diese cuenta de que ser profesora sería una muy buena opción para mí. Se me daba bien y me gustaba. Ganarme la vida contando cosas. Era lo ideal."

7. Mercedes Echaide, bióloga y eterna postdoctoral

Mercedes (53 años) es argentina y estudió Biología en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Vino a España a hacer la tesis y luego volvió a su país, para volver de nuevo a España hace más de 10 años, y aquí sigue. Define su actual contrato como un Dorian Gray, "los eternos postdocs".

Cuenta que se dedica a la ciencia porque siempre le fascinaron los laboratorios. "Cuando era pequeña e iba al hospital, espiar un laboratorio con la puerta abierta me producía fascinación. Me parecía que ellos tenían algo que al resto de los mortales se nos escapaba, tenían un halo de misterio para mí".

Esa curiosidad no se le ha pasado con los años "Soy, como me dijo una estudiante que trabajaba conmigo resultadodependiente. Todavía hoy me produce las mismas cosquillas en la barriga ir a ver el resultado de un experimento".

En Xataka | Todo lo que se está haciendo para que haya más mujeres en la ciencia y que todavía no está funcionando

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