
Si nos lo dicen hace 10 años no lo creeríamos
China acaba de anunciar algo difícil de imaginar hace unos años: una velocidad de transmisión de datos de 3,2 petabits por segundo a través de una sola fibra óptica. Para entender la magnitud del experimento basta con una comparación. En 2007, la humanidad disponía de capacidad tecnológica para almacenar unos 295 exabytes de información, una cantidad equivalente a 315 veces el número estimado de granos de arena de la Tierra. Con la velocidad alcanzada por los investigadores chinos, transmitir ese volumen de datos requeriría minutos.
Una humanidad entera en 12 minutos. Ocurrió el pasado 26 de octubre de 2026, cuando el grupo público China Information and Communication Technologies (CICT), con sede en Wuhan, anunció que sus investigadores habían conseguido transmitir 3,2 petabits de información por segundo a través de una fibra óptica experimental.
La velocidad equivale a 400 terabytes por segundo, suficiente, por ejemplo, para transferir más de 20.000 películas en resolución 4K en un solo segundo, según las estimaciones del equipo. También representa una capacidad equivalente a 3,2 millones de conexiones domésticas de 1 Gb/s funcionando simultáneamente. El resultado supera en un 28% los 2,5 petabits por segundo alcanzados por el mismo grupo de investigadores meses antes.
El conocimiento de la humanidad, reducido a una cifra. En 2011, los investigadores Martin Hilbert y Priscila López publicaron en la revista Science el primer gran inventario de la capacidad tecnológica mundial para almacenar, comunicar y procesar información entre 1986 y 2007. Su conclusión fue que, al final de aquel periodo, la humanidad podía almacenar unos 295 exabytes de información, de los cuales el 94% correspondía ya a soportes digitales.
Esa capacidad equivalía a unos 295.000 millones de gigabytes y superaba 315 veces el número estimado de granos de arena del planeta. A una velocidad sostenida de 3,2 petabits por segundo, transmitir 295 exabytes requeriría aproximadamente 737,5 segundos: exactamente 12 minutos y 17,5 segundos. Y sí, la comparación es teórica y se refiere a la capacidad mundial de almacenamiento de 2007, pero la simple idea sitúa en contexto lo conseguido.
El secreto está en los 24 núcleos. Porque una fibra óptica convencional utiliza un núcleo de vidrio para transportar información mediante señales luminosas. Los ingenieros chinos han desarrollado una estructura con 24 núcleos dentro de una misma fibra, multiplicando los caminos disponibles para transmitir datos sin necesidad de tender 24 cables independientes.
Además, han combinado tres bandas del espectro infrarrojo, conocidas como S, C y L, para transportar múltiples canales de información simultáneamente. El principal desafío consistía en evitar las interferencias entre núcleos y gestionar las diferentes características de cada banda. Cuentan que la prueba alcanzó su velocidad máxima a lo largo de 10,3 kilómetros.
Un récord con una particularidad decisiva. La colaboración entre CICT, el laboratorio Pengcheng y FiberHome Fujikura reivindica un récord mundial de transmisión óptica en tiempo real mediante una arquitectura compatible con equipos comerciales. Para los “humanos” eso significa que las señales se codifican y decodifican mientras circulan, sin depender de un procesamiento posterior realizado en ordenadores de laboratorio.
La distinción importa porque Japón ya había anunciado velocidades superiores en otros experimentos, incluidos los 22,9 petabits por segundo alcanzados en 2023 por el Instituto Nacional de Tecnología de la Información y las Comunicaciones (NICT). Los resultados, en todo caso, corresponden a configuraciones y condiciones diferentes, por lo que los 3,2 petabits chinos no constituyen el récord absoluto de velocidad en fibra óptica.
La IA necesita autopistas cada vez mayores. El elefante en la habitación. El desarrollo responde a una necesidad que está creciendo con rapidez: conectar los enormes centros de datos utilizados para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial. Estas instalaciones emplean miles de procesadores que deben intercambiar constantemente cantidades gigantescas de información, y la capacidad de sus conexiones puede convertirse en un cuello de botella.
Según los ingenieros de CICT, los centros de computación de IA de nueva generación podrían necesitar entre cinco y diez veces más fibra óptica que los centros de datos tradicionales. La tecnología también podría utilizarse en las grandes redes de telecomunicaciones y en futuras infraestructuras asociadas a la 6G.
El siguiente desafío está fuera del laboratorio. Los investigadores han demostrado el funcionamiento de su tecnología sobre una distancia de 10,3 kilómetros, suficiente para estudiar conexiones entre instalaciones relativamente próximas. Pero su utilización en redes nacionales o internacionales exigiría resolver problemas adicionales relacionados con amplificadores, conectores, empalmes, fiabilidad y costes de fabricación.
Plus: las fibras multinúcleo siguen siendo más complejas que las convencionales, y todavía falta demostrar que pueden desplegarse de forma competitiva a gran escala. Mientras, el equipo chino ya contempla alcanzar los 10 petabits por segundo como siguiente objetivo. Para que nos hagamos una idea, a esa velocidad, transmitir un volumen equivalente a toda la capacidad de almacenamiento de la humanidad en 2007 requeriría menos de cuatro minutos.
Imagen | INESC TEC / Wikimedia Commons
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