Los científicos "locos" existen pero no son peligrosos

Ser un visionario suele ser un problema: uno se enfrenta a lo establecido, y la reacción habitual es de rechazo. Es lo que experimentaron estos científicos de los que os hablamos hoy, genios que desafiaron todo tipo de obstáculos y que finalmente demostraron no estar locos. O al menos, no del todo.

Sus ideas parecían absurdas entre muchos de sus contemporáneos, pero sus descubrimientos, invenciones y teorías lograron que hayamos llegado hasta donde estamos. Estos son algunos de esos "científicos locos", eso sí, tenían otras ideas singulares. Aún así, bendita locura.

Francis Crick

El nombre de este científico (1916-2004) probablemente vaya asociado para siempre al de James D. Watson: juntos fueron los descubridores de la estructura del ADN y eso les valió el premio Nobel en 1962. Curiosamente ese genio que le permitió encontrar esas "instrucciones genéticas" también tuvo otro lado singular: en los 70 Crick se unió a otros científicos como Carl Sagan a la hora de defender la panspermia dirigida, una teoría según la cual la vida en la tierra se habría originado a partir de microorganismos traídos a nuestro planeta por extraterrestres.

William Buckland

Este científico inglés (1784-1856) que compartió debates con Charles Darwin fue el primero en describir de forma detallada el fósil de un dinosaurio al que llamó Megalosaurio, y también fue pionero en el estudio de las heces fosilizadas, a las que bautizó con el nombre de coprolitos. Esos logros en el campo de la paleontología se vieron contrastados con una afición curiosa: la de su afición por probar todo tipo de alimentos: erizos asado, avestruces, panteras, marsopas, cachorros e incluso orina de murciélago.

Sin embargo ese gusto por probar de todo fue extraordinariamente demostrado cuando en una comida se les presentó a los comensales el corazón embalsamado de Luis XIV (que había muerto en 1715, varias décadas antes) en un recipiente de plata. Buckland no pudo reprimirse y antes de que nadie pudiera reaccionar probó un bocado.

José Rodríguez Delgado

Este científico español (1915-2011) fue el creador del Estimociver (Stimociver en inglés), un dispositivo que permite la estimulación y el registro del cerebro de forma remota. Sus investigaciones le valieron entre otras cosas una beca en la Universidad de Yale en 1946 y su inclusión en el equipo del profesorado de esa prestigiosa universidad.

Sus experimentos con animales lograron entre otras cosas que implantase su aparato en un toro y se metiera en una plaza con el animal, deteniendo sus embestidas mediante un control remoto. Delgado probó su dispositivo en seres humanos y logró resultados en los impulsos agresivos de esos sujetos, y de hecho acabó colaborando con la CIA en proyectos de control mental durante la Guerra Fría, algo que quizás sirvió de inspiración para la película de "The Manchurian Candidate" de 1962.

Stubbins Ffirth

Ese singular nombre corresponde a un científico norteamericano (1784-1820) que se expuso de forma suicida a la fiebre amarilla para tratar de demostrar que no era contagiosa. Sus métodos para lograrlo fueron de lo más variopintos: se hizo cortes en sus brazos y extendió vómito de los pacientes, se aplicó esa "sustancia" en los ojos, e incluso bebió aquel líquido.

Como seguía sin contagiarse, fue más allá. Se cubrió con sangre, orina y saliva de pacientes infectados, y, todo hay que decirlo, no se contagió. El problema, como se supo más tarde, es que los pacientes de los que tomó las muestras ya habían pasado la fase de contagio, así que aquellos experimentos no acabaron sirviendo de mucho.

Sergei Brukhonenko

Los procedimientos para operaciones a corazón abierto que ideó el científico ruso Sergei Brukhonenko (1890-1960) fueron cruciales para este tipo de intervenciones quirúrgicas. Sin embargo el ganador de una medalla Lenin también dedicó su ingenio a tareas más discutibles, como sus intentos por estudiar cómo lograr mantener con vida animales después de, por ejemplo, decapitarlos.

Entre otros ejemplos, él y su equipo decapitaron a un perro y mantuvieron esa cabeza con vida mediante mecanismos para suministrar aire y sangre. Su trabajo acabaría siendo recopilado en la película de 1940 Experiments in the Revival of Organisms que podéis encontrar en YouTube.

Paracelso

Por supuesto, hay casos que también son famosos y que no pertentecen a la época moderna. Uno de los más singulares es el de Paracelso (1493-1541), que en pleno renacimiento logró hacer avances importantes que lo convirtieron en el considerado como padre de la toxicología.

Tenía también afición por el ocultismo, lo que le llevó a hacer un experimento personal especialmente singular. Trataba de crear homunculus ("hombres diminutos") manteniendo esperma humano en un sitio cálido y alimentándolo con sangre humana. El científico dejó instrucciones para que otros siguieran estos experimentos, y creía que ese tipo de métodos podrían servir para crear ninfas y gigantes.

Jack Parsons

El científico aeronáutico Jack Parsons (1914-1952) trabajó en el California Institute of Technology y fue uno de los pioneros en las investigaciones de cohetes de combustible sólido, y fue uno de los principales fundadores del célebre Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA.

Tenía también otros intereses, el más extraño de los cuales era el seguimiento de la religión Thelema, un culto creado por el ocultista Aleister Crowley que entre otras cosas provocó que Parsons organizara reuniones con "rituales paganos" en los que danzaban desnudos alrededor del fuego, mientras que en otras ocasiones se unió al creador de la Cienciología L. Ron Hubbard para revivir a la madre del Anticristo. Para ello Parsons se masturbaba mientras Hubbard tomaba notas. En un procedimiento similar para convocar a los espíritus, Hobbard entonaba cánticos mientras Parsons y su pareja hacían el amor.

Ilya Ivanov

Los experimentos para tratar de conseguir razas distintas también fueron interesantes para otros científicos como el soviético Ilya Ivanov (1870-1932), un especialista en la inseminación artificial que no se contentó con sus avances en esa disciplina e intentó crear híbridos de todo tipo.

Por ejemplo, injertó el ovario de una mujer en un chimpancé y trató de fertilizarlo con esperma humano. Esos intentos continuaron a la inversa: ya en Rusia, trató de dejar embarazadas a cinco mujeres -voluntarias, por increíble que parezca- con esperma de chimpancés. Aquello no funcionaría... afortunadamente.

Robert G. Heath

Como sucedía con José Rodríguez Delgado, el científico Robert G. Heath (1915-1999) trató de descubrir sistemas que permitiesen controlar la mente de forma remota. Este psiquiatra norteamericano desarrolló su trabajo en el área de la psiquiatría biológica en la que los problemas mentales pueden, según esa teoría, tratarse con medios físicos.

Pero en sus investigaciones posteriores trató de trabajar en formas de producir placer a través de impulsos en el cerebro de los pacientes. El uso de sustancias químicas injertadas directamente en el cerebro permitía también llegar a éxtasis virtuales, pero esos experimentos también podían producir una agonía intensa si los centros del dolor resultaban afectados.

Nikola Tesla

Probablemente el más célebre de los científicos de este artículo el científico serbio-americano Nikola Tesla (1856-1943), que ha sido reconocido por sus contribuciones en el diseño de los sistemas de corriente alterna.

El cine también ha utilizado su personaje en diversas ocasiones, y lo ha hecho basándose en ciertas actitudes que Tesla fue demostrando en sus últimos años. El científico estaba obsesionado con el número tres, y desarrolló una aversión extrema a tocar el cabello humano. Además de creer haber contactado con extraterrestres, es famoso su enamoramiento de una paloma (una concreta) que según él "me ama a mi".

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