'Gravity', cuando las 3D son una herramienta y no un juguete

Es la mejor película sobre el espacio que se ha hecho nunca. (James Cameron)

George Clooney, siempre ingenioso, asegura que no hay mejor publicidad para 'Gravity' (2013) que esa cita que tenéis arriba. El aclamado James Cameron, responsable de las dos películas más taquilleras de todos los tiempos y --con permiso de Steven Spielberg-- el cineasta vivo más respetado en el terreno de la ciencia-ficción, quedó alucinado con el nuevo trabajo de Alfonso Cuarón. Imposible no sentir curiosidad, sobre todo cuando la mayoría de las críticas cosechadas en festivales y pases de prensa no han escatimado elogios al hablar de esta sigular aventura espacial que se estrenó en cines el 4 de octubre.

El éxito en taquilla estaba cantado. Aun así 'Gravity' ha superado las expectativas de Warner Bros. al romper el récord de mayor recaudación en el mes de octubre: 55,8 millones de dólares en el box office estadounidense. Una gran noticia para la industria cuando se estaba cuestionando el avance tecnológico del formato estereoscópico. En España también ha sido número 1 pero las cifras son algo decepcionantes, y es que aquí no ha calado la idea de que merece la pena pagar el sobreprecio que incorpora la entrada por ver la película en 3D. En torno al 47% de los espectadores la han visto en 2D. Muchos de ellos son los que están diciendo "pues no es para tanto". Claro. 'Gravity' hay que verla en 3D. Sí o sí. Es una experiencia que necesita las tres dimensiones para ser disfrutada en todo su esplendor.

'Gravity' está concebida para verse en 3D

Me inclino ante Alfonso Cuarón y 'Gravity'. Impresionante. Un espectáculo del que todos vamos a estar aprendiendo en los próximos años. (Darren Aronofsky)

Entiendo que ir al cine puede resultar caro. Pero una vez que vas creo que lo más inteligente es elegir la mejor opción posible, y eso significa tener en cuenta al principal responsable de lo que vas a ver. Yo pagué 9,40€ por ver 'Gravity' en 3D; un euro de recargo por las dichosas gafas de plástico. Me parece una cantidad ridícula cuando se trata de ver la película en dos dimensiones o en tres, que es como la ha concebido Cuarón. No es un añadido de post-producción para justificar el encarecimiento de la entrada. Desde el principio, desde el guion y la planificación de cada encuadre, el efecto tridimensional fue esencial en el proceso narrativo.

¿Dónde se nota eso? En la puesta en escena. Para sacar partido al formato se debe recurrir a tomas de larga duración --a menudo llamadas planos secuencia cuando en realidad no lo son, estrictamente (una secuencia es una pequeña pieza narrativa, con principio y final)--, encuadres amplios y movimientos fluidos de cámara que permitan al espectador tener la mayor información posible --visual y sonora-- del entorno tridimensional, dónde está situado el personaje al que está siguiendo en relación a todo lo demás que aparece en la pantalla, además de percibir el relieve de los objetos. En 2D la imagen es plana, todo está a la misma distancia, enmarcado en una misma realidad, y el espectador está fuera; en 3D tienes profundidad y perspectiva, la sensación de adentrarte en otra realidad, consciente de los elementos que hay a tu alrededor.

Con este propósito, Cuarón busca ser siempre coherente con el punto de vista de los personajes, solo se preocupa de mostrar lo que ellos perciben y sienten --nunca vemos el centro de mando de la NASA en la Tierra, una de las muchas sugerencias que recibió--, recurriendo en determinadas situaciones al plano subjetivo, algo habitual en los videojuegos. Es una herramienta que puede ser muy útil para aumentar la implicación del espectador y su conexión con los protagonistas. Cuando la doctora Ryan (una formidable Sandra Bullock) se aleja por el espacio y busca alguna referencia de su localización, se da cuenta de lo perdida que está; Cuarón nos sitúa dentro del casco y contemplanos el horror del aislamiento. En 3D, la situación se siente más cercana, más dramática. Por un instante, sentimos y compartimos la desesperación y el miedo.

La diferencia entre ver 'Gravity' en 2D o en 3D es abismal --nunca mejor dicho--. Es como ver un monumento en una fotografía o ir al sitio y tenerlo delante. Como ver a gente en una montaña rusa o subirte tú mismo. Como escuchar un disco o ir a un concierto. En definitiva, es la diferencia entre ver una película de manera corriente, desde fuera, o sumergirte en ella, sentir que estás viviendo una auténtica experiencia. Siempre imaginé que sería emocionante ser astronauta y aunque jamás podré comprobarlo de primera mano, Cuarón me ha dado la oportunidad de acercarme lo más posible a la realidad de una misión en el espacio.

No es otro sacacuartos de Hollywood

La mayoría de las películas en 3D son una mierda

La frase es de Alfonso Cuarón pero podría pertenecer a cualquiera de nosotros. Es muy probable que la hayamos dicho alguna vez e incluso una versión más radical --"TODAS son una mierda"--. El mismo Cameron, principal valedor del invento, ha reconocido que en Hollywood se está cometiendo un error con las 3D y con tal de ganar más dinero se están estrenando productos que solo tienen sentido en dos dimensiones. Porque se filmaron así y se añadió el efecto 3D posteriormente o porque la forma en la que está narrada la historia --con muchos cortes y planos cerrados-- no encaja con las posibilidades del formato que puso de moda 'Avatar' (2009).

Uno de los ejemplos más claros de falso 3D, mediocre y sacacuartos, lo podéis encontrar en el tráiler de 'El hobbit: La desolación de Smaug' ('The Hobbit: The Desolation of Smaug', 2013) que precisamente se proyecta antes de 'Gravity'. Si os fijáis, es el mismo efecto que esos libros infantiles con ilustraciones recortadas que se superponen unas a otras; son siluetas en 2D dispuestas a diferente profundidad en un entorno igualmente plano. Esto, unido a una deficiente iluminación y un confuso desarrollo de la acción, es lo que suelen ofrecer las películas "convertidas", como 'Furia de titanes' ('Clash of the Titans', 2010) o 'Los Vengadores' ('The Avengers', 2012). Un recurso común para disimular las 2D es lanzar objetos hacia la pantalla o acciones similares con las que se pretende romper la barrera y "tocar" el espectador; un truco fácil que solo tiene gracia la primera vez. Por desgracia, hay productos que no ofrecen otra cosa. Especialmente en cine animado, quizá porque los críos no son tan exigentes.

Se busca el impacto momentáneo en lugar de crear una sensación tridimensional, de ofrecer al espectador la oportunidad de zambullirse en la ficción. Con todo lo que os he dicho en párrafos anteriores, imagino que ha quedado claro que 'Gravity' no es como las demás películas en 3D que hemos podido ver hasta ahora. El resultado es superior al de 'Avatar'. El único título que creo que resiste la comparación es 'Pina' (2011), un documental de Wim Wenders que rinde homenaje a la bailarina y coreógrafa Pina Bausch. Antes que Cuarón, el realizador alemán entendió que la profundidad de campo, los planos sostenidos y la creación de una realidad "palpable" para el espectador son claves aprovechar la tecnología. Por temática y ambición, 'Pina' era un film de escasa resonancia, pero 'Gravity' se hizo para arrasar y está siendo un éxito, lo cual lleva a una pregunta que está generando debate.

¿Hay un antes y un después de 'Gravity'?

No veréis una oleada de películas como 'Gravity' a menos que los estudios empiecen a aprobar películas que requieren cinco años de trabajo y ofrecen lecciones magistrales a directores.

Estoy convencido de que todos los que hemos disfrutado del espectáculo que proporciona 'Gravity' albergamos la esperanza de un Hollywood arrepentido que empieza a hacer las cosas bien --al menos en lo que al 3D se refiere, los guiones son otra cuestión--. Pero no es realista, como indica Jeff Bock --experto en la taquilla americana--, cuyas palabras os dejé arriba. Al margen de la escritura del guion --en el que colaboró su hijo, Jonás--, Alfonso Cuarón dedicó cuatro años y medio a la producción de 'Gravity'. Universal Pictures rechazó el proyecto y en Warner solo dieron luz verde tras una serie de condiciones, como fichar a actores famosos y limitar el presupuesto a 80 millones. Todo pudo irse a pique cuando al comenzar el rodaje se rompió el brazo robot que debía mover la cámara por el set, obligando a posponer el estreno once meses.

No hay duda de que cineastas atrevidos y exigentes, como Cameron, Aronofsky, Martin Scorsese, Ang Lee, e incluso detractores del formato como Christopher Nolan o Quentin Tarantino, tomarán buena nota del trabajo de Cuarón y continuarán probando los límites y las posibilidades artísticas de las tres dimensiones, integrándolas en el proceso creativo, pero conviene ser paciente. Al igual que cuando se introdujeron importantes avances técnicos, como el sonido, el color, la animación por ordenador o recientemente el aumento de fotogramas por segundo, hay un período de adaptación, de prueba y error, de dominio de la herramienta. De la misma manera que no imaginamos 'Casablanca' (1942) muda, 'Lawrence de Arabia' (1962) en blanco y negro, o una versión sin retoques informáticos de 'Matrix' (1999), en unos años será impensable ver películas como 'Gravity' en 2D.

Cameron predijo la evolución y Cuarón ha marcado el camino, ahora falta que otros lo sigan. De momento, lo que veremos será una plaga de películas que tratarán de aprovechar el renovado interés que ha despertado el boom de 'Gravity'. La conversión a 3D se abarata progresivamente y resulta más fácil planificar como de costumbre que cambiar el método de trabajo, por no hablar de que el público seguirá mordiendo el anzuelo, en especial ahora que ha visto lo que es capaz de hacerse con el formato estereoscópico. Durante un tiempo, al menos. Hasta que se acostumbren a lo bueno.

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