¿Están las cámaras compactas condenadas a la extinción?

Esta es una pregunta que los más agoreros llevan haciéndose desde que salió a la venta el primer móvil con cámara digital integrada. Nos referimos al Samsung SCH-V200, que se adelantó por unos meses al Sharp S-H04. Ambos fueron lanzados en el año 2000 y en estos 12 años no parece que las cámaras compactas hayan abandonado los escaparates.

Eso sí, No es lo mismo aquel sensor VGA capaz de tomar hasta 20 fotos en su memoria interna que el sensor de 8 Megapíxeles con estabilizador de imagen, flash, óptica de varias lentes y 16GB de memoria de un Samsung Galaxy S III, por seguir en la órbita coreana.

Las cifras pintan mal

Es cierto que la coyuntura económica actual no es la mejor, y que la industria japonesa de electrónica de consumo está sumida en una crisis cómo no se había visto en décadas. A pesar de todo ello, las cifras de ventas de las compactas no son nada buenas.

Canon, por ejemplo, ha visto como caían sus ventas de Compactas un 8.5 % , dejando de vender 2 millones de unidades de estos equipos en lo que va de año. La bajada de ventas en su gama profesional, por contra, no ha sido tan pronunciada, con una caída del 4.5%.

Las ventas de Sony, que es otro de los grandes en cámaras compactas han caído un 5,7 % en el tercer trimestre del año. La japonesa, sin embargo, ha vendido 8.8 millones de smartphones en el mismo período.

Se calcula que entre Canon, Nikon y Sony el mercado de cámaras compactas a nivel mundial ha bajado un 4.3 % hasta 115.2 millones de unidades. Parecen muchas cámaras, pero no son tantas si las comparamos con los 444.5 millones de teléfonos móviles que se vendieron sólo en el tercer trimestre de 2012 de los que 179.7 millones son smartphones, según datos de IDC.

Un cambio de paradigma

Los smartphones actuales son capaces de tomar muy buenas fotos, pero en términos absolutos no superan a las compactas de calidad salvo en grabación de vídeo según un reciente informe de la web de fotografía DX0 Mark. Los megapíxeles no significan nada en realidad y, pese a los avances en sensores, muchas de las fotos tomadas con un smartphone no pueden compararse en términos de ruido o enfoque con una compacta.

El problema es que a una gran parte de los consumidores les importan un pimiento las finuras y especificaciones exquisitas de una compacta. Lo importante no es tanto la calidad de imagen como la conectividad, el software, y la posibilidad de compartir nuestras fotos al momento en redes sociales. Basta pasearse por las gráficas que Flickr expone en su web sobre las cámaras más utilizadas por sus usuarios para encontrarse dos anomalías llamadas iPhone 4 y iPhone 4S. El resto de equipos más usados en la web de fotografía son Réflex.

Pero Flickr cuenta con unos 70 millones de fotógrafos mientras Instagram, que es una red social fotográfica exclusiva de smartphones IOS y Android superó los 100 millones de usuarios en septiembre.

Un reciente estudio realizado por la consultora Mintel en el mercado británico asegura que sólo cuatro de cada diez consumidores compraron este año una nueva cámara (de cualquier tipo) cuando se les estropeó la que tenían. El resto se pasaron al Smartphone. En intención de compra, esta cifra baja a dos de cada diez. Según este estudio, el mercado de cámaras digitales ha bajado un 29 % en el Reino Unido desde 2006 y se espera que se reduzca a la mitad en 2016.

Nuevas fórmulas

¿Significa esto que las cámaras van a morir? Por supuesto que no, pero sí que deben afrontar una renovación filosófica que, de hecho, ya se está produciendo. Buena prueba de ello es el auge de segmentos más caros y exclusivos como el de las cámaras sin espejo, cuyo mercado es minoritario pero goza de muy buena salud.

En cuanto a las compactas convencionales de pequeño tamaño y funcionamiento sencillo, su futuro pasa por combatir a los smartphones en su propio terreno: la conectividad. Rara es la cámara de última generación que no incorpora ya WiFi para lanzar sus fotos a las redes sociales más populares.

El siguiente paso es competir con los smartphones en un terreno aún más ajeno a la fotografía convencional tal y como se conocía hasta hace bien poco: el software. En el mercado tenemos ya (o están a punto de llegar) ejemplos de equipos como la Galaxy Camera que adoptan Android como sistema operativo para dotar de plena conectividad a sus usuarios y darles la opción de descargar aplicaciones con las que retocar y compartir sus fotos.

Los móviles están comiéndose el mercado de las compactas en lo que a fotos casuales se refiere. Esto supondrá un ajuste de mercado y un problema solo para las compañías tradicionales de fotografía que no decidan adaptarse, pero las cámaras nunca desaparecerán. En su lugar quizá veremos equipos inteligentes más minoritarios y de fabricantes que antes no hacían cámaras. Si queréis saber más sobre este tema apasionante no os perdáis el próximo Meet The Experts sobre fotografía.

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