Estos científicos tienen un ambicioso plan para protegernos de los asteroides: dispararles ondas de radio

Para enfrentarse a una amenaza lo primero y fundamental es conocerla. Conocerla bien. En profundidad. Y si de lo que estamos hablando es de un asteroide eso pasa por ir más allá de su superficie, la apariencia externa y posible trayectoria. Necesitamos saber cómo es su estructura. La NASA lo sabe y por eso ha decidido bombardear con ondas de radio a 2010 XC15, un asteroide que esta misma semana ha pasado relativamente “cerca” de nuestro planeta, a alrededor de 766.000 kilómetros —según las estimaciones de la ESA— dos veces la distancia a la Luna.

Suena extraño, pero tiene todo el sentido del mundo.

Ir más allá de la superficie. Que los asteroides pueden suponer una amenaza seria para la humanidad es algo que tenemos tan interiorizado, tan profundamente asumido, que disponemos de un robusto arsenal para estudiarlos. Contamos con programas para detectarlos con rapidez, calcular su órbita y lograr imágenes de alta calidad de su superficie. También manejamos herramientas tan efectivas como el Deep Space Network. Nos queda sin embargo una tarea pendiente: su interior. Conocerlo es interesante para la ciencia y la defensa de nuestro planeta, de ser necesaria.

Lo habitual —recuerdan en la Universidad de Alaska Fairbanks (UAF)— es que esos programas empleen señales de longitud de onda corta que rebotan en la superficie del asteroide, algo útil si lo que queremos es lograr imágenes externas, pero que no nos permite ver su interior. Y esa no es una cuestión menor. “Si conoces la distribución de la masa puedes hacer que un impactador sea más eficaz. Sabrás dónde golpear”, explica Mark Haynes, del Jet Propulsion Laboratory de la NASA.

Nuestro gran aliado: HAARP. Quizás sus siglas no te digan gran cosa, pero HAARP, siglas de High-frequency Active Auroral Research Program, es un potente transmisor de alta potencia y frecuencia localizado en Alaska que se emplea para el estudio de la ionosfera. Su instrumento principal, el IRI, consiste en una matriz compuesta por 180 antenas repartidas a lo largo de 13,3 hectáreas.

Habitualmente se emplea para el estudio de las capas más altas de la atmósfera, pero en la Universidad de Alaska Fairbanks (UAF) y la NASA se han planteado si podríamos aprovecharlo para conocer mejor las interioridades de los asteroides. ¿Cómo? Lanzando señales de radio de longitud de onda larga a un objetivo en concreto, el 2010 XC15. Las señales las reciben después las instalaciones de la Universidad de Nuevo México y el Observatorio de Owens Valley.

Con el recuerdo de la misión DART aún reciente. “Lo que es nuevo y estamos tratando de hacer es sondear los interiores de los asteroides con radares de longitud de onda larga y radiotelescopios desde tierra”, comparte Haynes: “Las longitudes de onda más largas pueden penetrar el interior de un objeto mucho mejor que las longitudes de onda de radio usadas para comunicación”.

El experimento busca aportar datos que resultarían valiosos para dirigir un proyectil contra un asteroide y se realiza unos meses después de DART (Double Asteroid Redirection Test), que a finales de septiembre impactó una nave contra Dimorphos, satélite del sistema binario Didymos, precisamente comprobar cómo un impacto de ese tipo podría alterar la órbita de un asteroide.

¿Por qué 2010 XC15? Como detalla la ESA, 2010 XC15 es asteroide de entre 135 y 300 m con dos peculiaridades interesantes: su distancia y cronograma. Su máxima aproximación a la Tierra es de unos 766.000 kilómetros —más o menos el doble de la que nos separa de la Luna— y esa marca estaba prevista para esta misma semana. Para ser más precisos, el martes 27 de diciembre.

De ahí que los responsables del experimento decidiesen ponerlo en marcha ese mismo día. De momento ni la NASA ni la UAF han aportado datos, pero hace días esta última publicó un informe en el que explicaba cómo se planteaba abordar el proyecto: transmitir una señal continua a 2010 XC15 algo por encima y debajo de 9,6 megahercios y repetirla a intervalos de varios segundos.

Con la vista puesta en 2029. 2010 XC15 es en realidad un “conejillo de indias”. Lo que realmente centra la atención de los investigadores es Apophis, un asteroide de unos 340 metros de ancho que en abril de 2029 se aproximará a la Tierra y pasará a menos de 32.000 kilómetros. Quizás parezca mucho, pero lo situará más cerca que la distancia de los satélites geosincrónicos.

Tras su hallazgo, en 2004, se identificó como uno de los asteroides más peligrosos que podría impactar contra la Tierra, pero esa evaluación ha cambiado con un cálculo más preciso de su órbita. La NASA lanza ahora un mensaje de tranquilidad sobre su riesgo en 2029 e incluso para escenarios que iban más allá y apuntaban ya a décadas posteriores, como 2036 o 2068. El objetivo ahora es acumular experiencia para poder someterlo en 2029 a un examen similar al de 2010 XC15.

Imágenes: UAF/GI by JR Ancheta

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