El caso de Musk contra Altman ha terminado con alegatos finales este jueves. Y lo más revelador no son las acusaciones, sino los mensajes internos que han salido a la luz
Tres semanas de testimonios, 78 mensajes entre Sam Altman y Mira Murati durante la noche en que iban a fulminarle como CEO, correos donde Greg Brockman anotaba en su diario personal lo bonito que sería "ganar miles de millones" y un Satya Nadella describiendo al consejo de OpenAI como "amateur city".
Este jueves se han celebrado los alegatos finales del juicio Musk vs Altman en un tribunal federal de Oakland. La demanda pedía 150.000 millones en daños y la destitución de Altman. Lo que ha quedado para el público no tiene tanto que ver con el veredicto.
Por qué es importante. OpenAI es, pese a su nombre, una de las empresas más herméticas de Silicon Valley. Su funcionamiento interno, hasta ahora, se conocía a través de perfiles muy seleccionados en The New Yorker o filtraciones puntuales.
El juicio ha forzado a la empresa a publicar correos, mensajes de texto, diarios personales y deposiciones que dibujan una organización muy distinta de la que vende su comunicación oficial. Una empresa atravesada por luchas de poder, recelos cruzados entre fundadores y un consejo que en 2023 no supo explicar por qué despedía a su propio consejero delegado.
Entre bambalinas. El episodio más esclarecedor no ocurrió en el estrado, sino en una cadena de mensajes nocturnos entre Altman y Murati durante "The Blip", el fin de semana de noviembre de 2023 en el que la junta destituyó al CEO.
A las 2:30 h de la madrugada del lunes, Altman le preguntaba a su entonces CTO si las cosas iban bien o mal. "Esto va por muy mal camino. Sam, esto es muy grave", respondió Murati. Minutos después, Altman le ofrecía retirarse para evitar pleitos. Murati le contestaba que el consejo ya tenía sustituto: "el tío random de Twitch", en referencia a Emmett Shear.
Ese mismo día, Murati firmó la primera de las cartas de los empleados pidiendo la vuelta de Altman.
El contraste. Lo que filtró la deposición de Murati es que ella misma había alimentado al consejo con quejas sobre Altman antes del despido.
- Helen Toner, exconsejera, declaró que Murati y el cofundador Ilya Sutskever habían trasladado al consejo un patrón de comportamiento sobre la honestidad de Altman.
- Sutskever llegó a redactar un memorando de 52 páginas.
- En el estrado, el propio Sutskever confirmó haber escrito al consejo que Altman "muestra un patrón consistente de mentir, socavar a sus ejecutivos y enfrentarlos entre sí".
- Murati, en su deposición, mantuvo sus críticas pero las enmarcó como "puramente de gestión".
Profundiza. El término que la cúpula de Microsoft usaba para describir lo que vio en aquellos días lo dijo Satya Nadella desde el estrado: 'amateur city'.
El CEO de Microsoft, principal inversor de OpenAI con más de 13.000 millones aportados, dijo que nunca recibió una explicación concreta de por qué despedían a Altman. "Estaba muy preocupado de que los empleados se fueran en masa", dijo. Nadella le ofreció a Altman un puesto en Microsoft con una invitación abierta para todo el equipo de OpenAI.
- Altman reconoció en el juicio que estuvo a punto de aceptar: "Habría ganado un montón de dinero y tenido una vida mucho más fácil en Microsoft".
- Acabó volviendo a OpenAI con un consejo nuevo. La acusación de la junta saliente era que Altman "no había sido consistentemente sincero" con ellos.
El rastro del dinero. El juicio también ha sacado a la luz la red de intereses personales de Altman en empresas que hacen negocios con OpenAI.
Estando bajo interrogatorio, Altman reconoció participaciones por más de 2.000 millones de dólares en empresas como Helion Energy, Cerebras –recién salida a bolsa–, Reddit o Stripe. Su tercio de Helion (de la que se acaba de salir como presidente) está valorado en 1.650 millones. OpenAI tiene firmado con Helion un acuerdo marco para futuros suministros de energía. Forbes ha recalculado su patrimonio en más de 4.000 millones tras estas revelaciones. Brockman, que según Musk "no invirtió ni un centavo", aparece ahora con una participación valorada en 30.000 millones.
Sí, pero. Nada de esto cambia el trasfondo legal. El jurado tiene que decidir sobre dos reclamaciones civiles concretas: incumplimiento de la confianza fiduciaria y enriquecimiento injusto.
El abogado de Musk, Steven Molo, ha intentado convertir esto en un juicio sobre la credibilidad de Altman. En sus alegatos finales puso una foto poco favorecedora del CEO en pantalla y le pidió al jurado que imaginase un puente sobre un barranco "construido sobre la versión de la verdad de Sam Altman".
Y ahora qué. OpenAI prepara desde hace mucho una salida a bolsa que podría valorarla en cerca de un billón de dólares. Musk, mientras tanto, voló a China con Trump pese a la advertencia judicial de que podía ser llamado de nuevo a declarar.
Independientemente del fallo, el daño reputacional ya está hecho. La narrativa que OpenAI ha intentado proyectar durante años (la de ser un laboratorio idealista guiado por la misión de beneficiar a la humanidad) coexiste ahora con otra versión documentada en un proceso judicial: la de una empresa donde la cofundadora envía mensajes al CEO a las dos de la mañana para decirle que está acabado y a las pocas horas firma la carta pidiendo su regreso.
Una empresa donde el presidente escribía en su diario que "sería bonito ganar miles de millones". Y donde el inversor de referencia, viendo el caos desde fuera, llamó 'amateur city' a sus órganos de gobierno.
El veredicto del jurado llegará la semana que viene. Lo que ya no se puede archivar son los documentos.
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