Aún es pronto para saber el papel del cambio climático en todo esto. No es pronto para empezar a prepararnos
"Lo peor han sido las explosiones, creíamos que se iban a derrumbar las casas". María José Díaz, del Diario Sur, pasó la noche de ayer hablando con los vecinos de Grazalema que han sido realojados en Ronda. Esa frase resume a la perfección el pavor que corría por el pueblo gaditano.
La evacuación de Grazalema. Ha llovido mucho en la sierra de Cádiz, eso no es una novedad. Y no solo son los casi 600 l/m² del día más lluvioso, es que en las últimas semanas se han acumulado más de 2.000 l/m².
Eso es lo que ha convertido las calles del pueblo en un río contínuo. Eso es lo que ha provocado que el agua mane del suelo de las casas, de los rodapiés, de los enchufes de la pared. Eso es lo que ha provocado, finalmente, las 'explosiones' (los ruidos o crujidos) que al principio parecían tormentas, pero rápidamente se identificaron como hidrosismos.
Grazalema está en un entorno de roca caliza kárstica. Esto sugiere que bajo el suelo hay toda una red de microcavidades, conductos y pequeñas dolinas. Cuando el sistema se satura y el nivel freático sube, el agua puede salir por todos lados.
Así lo ha hecho.
Lo que en prensa se está denominando 'hidrosismos' pueden entenderse como la respuesta del suelo a esa enorme cantidad de agua. En Grazalema, los crujidos se interpretan más como una forma de reacomodo del terreno. Puede parecer raro, pero hay evidencia clara del proceso (también en España).
¿Por qué se ha evacuado? A priori, la evacuación tiene sentido técnico (se está estudiando el estado del acuífero colmatado), pero también psicológico (la situación entre la población - como evidencia los testimonios - se estaba convirtiendo en una pesadilla).
¿Qué lecciones podemos aprender de todo esto? Como recordaba González Alemán, no podemos decir a ciencia cierta que todo esto tenga algo que ver con el cambio climático. Habrá que estudiarlo con detalle, pero lo que es cierto es que sí ha supuesto (está suponiendo) todo un test de estrés de las infraestructuras hídricas de Andalucía y, por extensión, de España.
Y eso sí que debe llevarnos a reflexionar sobre la enorme reconversión urbanística que habrá que acometer si esto sigue lo que indican las tendencias. No solo son pueblos como Grazalema, ni las costas del país. No solo son los edificios construidos en zonas inundables, ni los muros de contención que se muestran insuficientes. Es el sistema en conjunto.
Un sistema que no está claro que podamos cambiar a tiempo.
Imagen | Heparina1985
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