Es probable que hayamos descubierto al nuevo animal más grande de la historia. Todo gracias a un diente

La ballena azul no es solo la especie de mayor tamaño sobre la faz de la Tierra, también son los mayores animales que la hayan habitado nunca. O eso es lo que creíamos hasta ahora. Un fósil de más de 200 millones de años puede poner patas arriba esta creencia. El fósil de un ictiosaurio.

Pez lagarto. Los ictiosaurios fueron animales marinos emparentados cercanamente con dinosaurios y reptiles. Su nombre hace referencia a peces y lagartos (esta última parte del nombre la comparte con los dinosarios).

Estos animales fueron coetáneos de los dinosaurios durante decenas de millones de años: habitaron los océanos desde principios del periodo triásico, hace unos 250 millones de años; hasta la segunda mitad del cretácico, hace algo menos de 100 millones de años.

No se trata de una única especie sino de un orden de animales con diversas especies que evolucionaron a lo largo del tiempo que estuvieron en los mares, pasando de especies que tenían características más semejantes a las de los reptiles a auténticos animales marinos difícilmente distinguibles de un pez.

Grandes y pequeños. Los distintos ictiosaurios también variaron mucho en su tamaño. Desde ejemplares más pequeños que un ser humano hasta otros que pudieron superar en tamaño a las ballenas azules que creíamos ostentaban el título de los más grandes animales.

Del mar a la montaña. El hallazgo que ha hecho que tengamos que replantarnos el récord de la ballena azul se realizó en los Alpes, y corresponde a un diente perteneciente a una especie de este orden. El problema es que, a falta de otros restos fósiles del ejemplar, es imposible conocer el tamaño exacto del animal. Siquiera realizar una aproximación fiable.

Extrapolando el tamaño del diente a lo que sabemos de estos animales, el ejemplar podría superar los 30 metros que pueden alcanzar las ballenas azules. Para más inri, no todas las especies de ictiosaurio contaban con dientes, lo cual limita el número de ejemplares con registro óseo y dental con los que comparar este diente.

“Es difícil decir si el diente es de un gran ictiosaurio con dientes gigantes o de un ictiosaurio gigante con dientes promedios” explicaba Martin Sander, investigador de la Universidad de Bonn que lideró hace unos meses un estudio sobre el fósil publicado en la revista Journal of Vertebrate Paleontology.

Sin dientes pero en la cúspide de la cadena alimenticia. Los mayores fósiles de ictiosaurio conocidos hasta la fecha pertenecen a la especie Shastasaurus sikanniensis. Estos animales podían superar los 20 metros e incluso se halló un fósil de un ejemplar al que se le calcularon 26 metros de longitud. A la par con algunos ejemplares pequeños de ballena azul.

El problema es que se cree también que esta especie no tenía dientes, por lo que el de los Alpes no podría pertenecer a estos animales. Los mayores ictiosaurios dentados conocidos eran los Himalayasaurus, una especie que rondaba los 15 metros de longitud. Pero el diente hallado en los Alpes, con sus 10 centímetros de largo y 6 de ancho, dobla en tamaño los de esta especie.

A pesar de que muchos de estos animales carecían de dientes, se cree que los ictiosaurios eran auténticos superdepredadores marítimos, millones de años antes de la llegada de otros colosos de los océanos como ballenas y tiburones.

Imagen | Heinz Furrer

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