Aún estamos lejos, pero es cuestión de tiempo que el salmón salvaje se encuentre en peligro de extinción
El año pasado, la producción mundial de salmón atlántico de granja ascendió 3,12 millones de toneladas. Esa cantidad es 8.000 veces las capturas de salmón salvaje y es lógico: en la medida en que la acuicultura se ha convertido en la "niña bonita" de la industria pesquera, no corren buenos tiempos para el salmón salvaje.
Y no, no es algo que solo afecte a las frías aguas de los fiordos noruegos. En España, en 2024, solo se precintaron 130 ejemplares. El mínimo histórico desde que empezó a hacerse el control de los ríos asturianos en 1949. Y la situación va a empeorar.
¿Por qué va a empeorar? El motivo no es obvio. Cuando hablamos de este problema, la primera intuición es pensar en que es una simple cuestión de 'atención'. Antes necesitábamos cuidar los hábitats de los salmones salvajes para asegurarnos poder pescarlos. Ahora que la acuicultura ha hecho prescindible el suministro salvaje, los incentivos para mantenerlo han desaparecido.
Pero, en realidad, es peor. Porque lo cierto es que las dinámicas propias de la acuicultura están trabajando activamente en el colapso de la población en libertad.
Los tres grandes problemas los tenemos bien localizados: 1) los escapes de salmones híbridos (que tienen mejor fitness en granja, pero peor supervivencia oceánica) que se mezclan con los salvajes y produce problemas genéticos, 2) la propagación del piojo de mar porque la concentración de peces en jaula amplifica la carga parasitaria y, por último, 3) que las necesidades de peces de forraje para alimentar las granjas elimina recursos para otros peces.
Y las consecuencias están a la vista de todos. En Asturias no solo es que la temporada haya empezado dos semanas más tarde de lo habitual, es que el primer salmón (campanu) ha llegado el día más tardío de la historia. Pero eso es solo una parte de la historia.
En Noruega, por ejemplo, solo se observaron 323.000 salmones salvajes en 2024. El año anterior, las cifras ascendieron a 481.463 ejemplares. De hecho, el año apsado se prohibió la pesca en 42 ríos y tres fiordos. En Escocia, otro de los grandes países salmoneros, la población de ejemplares salvajes ha caído un 80% desde los 70.
¿Solo es un problema relacionado con la acuicultura? No, sería injusto decir esto. El declive es global y tiene mucho que ver con problemas climáticos y de la cadena trófica. Pero la evidencia nos dice que ni repoblar sirve para nada: llevamos décadas tomando iniciativas contraproducentes que redicen la diversidad genética y vuelven a la especie cada vez más frágil.
Imagen | Bruce Warrington
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