En la década de 1950, Argentina liberó faisanes asiáticos en una isla de la Patagonia: hoy dominan sus bosques y preocupan a los científicos

Sushanta Rokka Pwk2u C61se Unsplash

Por suerte, hay un arma secreta: los pumas

Javier Jiménez

Editor Senior - Ciencia

Durante la primera miad del siglo XX, estancieros, cazadores y funcionarios de la administración de Parques Nacionales de Argentina se propusieron convertir la isla Victoria, a pocos kilómetros en barco de Bariloche, en una rarísima 'arca de Noé'. 

De una forma u otra se introdujeron ciervos europeos, jabalíes y todo tipo de árboles exóticos; no solo plantaron secuoyas californianas, extraviaron gatos (asilvestrados) o importaron visones americanos: es que, en la década de los 50, soltaron toda clase de pavos reales, gallinas de Guinea y hasta cinco tipos de faisán.

La idea era "aprovechar" la problemática gestión privada anterior y convertir la isla en un punto turístico de gran interés por su fauna (nativa o exótica) y fomentar la caza en la región. Pero aquello descarriló pronto y para 1959, la estación estaba cerrada, abandona y dejada de la mano de Dios. 

Setenta años después, de esas siete especies de aves, solo queda una. 

Los inmortales, versión patagónica. Entre junio de 2011 y mayo de 2012, un equipo del CONICET y la Universidad Autónoma del Comahue colocó ocho cáaras trampa en la isla. Gracias a ello acumularon 710 registros independientes de mamíferos y aves terrestres. 

Es curioso (o no tanto), pero solo dos se correspondían con especies nativas: el chucao y el ratón colilargo. El resto eran gamos, ciervos, jabalíes, visones y faisanes. 222 de esos registros eran faisanes. 

Y eso son muchos faisanes. De hecho, cuando los contaron, los investigadores encontraron 5,69 individuos por hectárea en las zonas alteradas y 1,77 en las poco alteradas. Comparativamente, el uno de los lugares de donde son nativos los faisanes plateados, el parque nacional de Khao Yai, en Tailandia, la densidad es de 0,15. 

Lo curioso, de todas formas, es que los faisanes son más numerosos allá donde se plantaron pinos y eucaliptos para reforestar la isla. Es decir, no es que se hayan adaptado mejor al ecosistema que la fauna local; es que aprovechó el nuevo ecosistema para vencer a la fauna local. Hay miles de faisanes por nosotros.

Sobre todo, porque nada de lo que vivía allí podía comérselos. En Asia, al faisán plateado lo cazan el gato leopardo y la comadreja siberiana; en la isla no había grandes depredadores. 

Y, de hecho, cuando se introdujeron, no tuvieron ningún efecto. Por ejemplo, pese a que la presencia de pumas en la isla lleva confirmada desde hace 15 años, nada ha podido frenar a los faisanes. Eso es lo que preocupa a los investigadores: isla Victoria es algo muy distinto a lo que hay a su alrededor y nadie sabe qué pasará si salen de allí.

Imagen | Sushanta Rokka

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