Brutas, ciegas y sordomudas; pero las ratas topo desnudas tienen dialectos propios que usan para identificar (y eliminar) a los intrusos

No debía ser fácil diferenciar a un galaadita de uno de la tribu de Efrain: ambos grupos tenían los mismos ropajes, los mismos rasgos étnicos y el mismo idioma. Por eso, cuando estalló la guerra entre ambos y los de Galaad tomaron los vados del río Jordán, tuvieron que idear alguna manera para identificar a los efrateos. Solo se les ocurrió usar el fonema /ʃ/; es decir, la fricativa postalveolar sorda: el sonido 'sh'.

Cuando alguien trataba de atravesar el río, le pedían que proncunciara 'shibboleth' ('espiga' según algunos, 'torrente' según otros). Como el dialecto de la tribu de Efrain no incorporaba el 'sh', decían 'sibboleth' y, de esa manera, se autoinculpaban. Jaque mate, efrateos.

Esto se cuenta en el "Libro de los Jueces". Pero lo curioso es que no es cosa solo una excentricidad de la historia humana, sino que se da también en el mundo animal. El mejor ejemplo de esto son las protagonistas de hoy en día: las ratas topo desnudas (Heterocephalus glaber)-

Alarm, alarm!

Benny Mazur

Estos feísimos roedores viven en colonias de unos 300 individuos enterradas bajo tierra. Son prácticamente ciegos y no tienen oídos externos. Quizás por ello, sería de esperar que si colamos una rata topo forastera en una colonia, pasara casi completamente desapercibida. Sorprendentemente, no pasa nada de eso. Hace unos meses, un equipo de neurocientíficos del Centro Max Delbrück de Medicina Molecular descubrieron que estos animales se las apañaban para producir una serie de chirridos específicos de cada colonia: un 'shibboleth'.

Gracias a esa suerte de vocalización chirriante, los individuos pueden reconocer cuando alguien pertenece a la colonia y cuando no. Algo que, con una estructura social parecida a las de las hormigas y abejas (es decir, con una única "rata reina" que se reproduce y numerosas ratas obreras no reproductivas) tener infiltrados en casa es un problema de primer orden.

Durante dos años, el equipo del Centro Max Delbrück examinó más de 36.000 "chirridos suaves" para descubrir el increíble papel que juegan en la coordinación de la colonia. Y, de paso, se dieron cuenta de que eran animales "muy xenófobos, por lo que quieren asegurarse de permanecer dentro de su propia tribu, tener un dialecto es una forma de mantener vivo el vínculo social", explicaba otro de los autores Gary Lewin.

Así se dieron cuenta de la importancia que tiene el 'lenguaje' en los animales que menos nos esperamos, pero también de que pocas cosas son más peligrosas que entrar en la colonia de ratas topo equivocada sin manejar bien su dialecto.

Imágenes | Felix Petermann, MDC

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