Philips Air Fryer, la freidora que ni huele, ni mancha, ni engorda

Asistir a presentaciones de marcas como Philips supone entrar a veces en universos muy peculiares que están relacionados con la alta tecnología, pero que casi parecen producto del sueño húmedo de un guionista de teletienda de madrugada.

Entre televisores conectados, sistemas de audio inalámbricos y auriculares de última generación, el evento de Philips nos sorprendió con una demostración en directo de la Philips Air Fryer, un electrodoméstico que cocina los alimentos de una manera muy similar a como quedarían fritos, pero cambiando el aceite por aire.

La Air Fryer no es el primer dispositivo de su clase en el mercado. Basta darse un garbeo por algunos inicuos canales de TV para encontrarnos al bueno de Mister T disfrutando de las virtudes de una chuleta supuestamente asada con un método similar. Lo que ha hecho Philips es aplicar sus conocimientos tecnológicos para hacer el proceso mucho más rápido, limpio y, probáblemente, más bonito y práctico en muchos sentidos.

El funcionamiento de la Air Fryer se parece más al de un horno que al de una freidora. No requiere de tiempo de calentamiento alguno y de la cocción se encarga la acción simultánea de un grill y aire caliente a altas velocidades. Una bandeja en la parte frontal nos da acceso a una especie de cazo antiadherente en el que podemos meter cerca de un kilo de alimentos, desde patatas hasta croquetas, nuggets, alitas de pollo o cualquier cosa que sea susceptible de ser ‘frita’ según la tradición gastronómica de cada cual. El cazo dispone de un separador por si queremos procesar dos tipos de comida simultáneamente.

Aunque puede funcionar sin nada de aceite, en algunos alimentos muy secos se recomienda aplicar una fina capa del popular zumo de oliva para que queden más jugosos. Los mandos no pueden ser más sencillos. Una rueda marca la temperatura y otra el tiempo de cocción. Si tenemos dudas, el dispositivo viene con un manual de cocina que nos puede guiar en los tiempos y temperaturas de cocción. Unas patatas fritas, por ejemplo, llevan entre 10 y 12 minutos.

Si queremos dar ya el toque de Chef Maestro podemos interrumpir el proceso a la mitad para dar a los alimentos un pequeño meneo con el fin de que queden más sueltos. La Philips Air Fryer no hace más ruido que una especie de soplido constante nada molesto. Tampoco emite prácticamente humos ni olores a fritanga que perduren durante días.

Terminado el proceso, sacamos lo que veis en la foto, unas patatas fritas McCain (partner oficial de la criatura de Philips) quizá un poquito demasiado poco grasientas, pero sin duda reconocibles y apetitosas para cualquier aficionado a la cómida rápida. El cazo de esta particular freidora light puede ir directo al lavavajillas y la máquina no precisa más limpieza que pasar un paño húmedo de vez en cuando. Definitivo para vagos de la cocina.

La Philips Air Fryer estará disponible este mismo mes en colores blanco o negro y su precio es de 199 euros. Barata no es, pero si hacemos cuentas de lo que gastamos en el carísimo aceite de oliva y en lo que se resienten nuestras arterias con tanta fritanga ya no lo es tanto. Si a eso añadimos factores como limpieza, rapidez y procrastinación cocinera, la Air Fryer es una auténtica joya. La prueba importante, que era ver si realmente era capaz de dar esa reconfortante sensación de fritanga, ya la ha superado con éxito.

Más información | Philips

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