Gibraltar se plantea lanzar la primera bolsa de valores cripto. Objetivo: atraer millonarios

Gibraltar redobla su apuesta para convertirse en referente internacional de las criptomonedas. Cuatro años después de dotarse de un marco normativo —una lista de nueve principios— que regula la actividad de las empresas que trabajan con blockchain para almacenar o distribuir valores, el Peñón da un paso más con el propósito de destacar en el mapa global de las criptodivisas. Uno no exento de riesgos y que parte, en este caso, del sector privado. En octubre la firma Valereum anunció su oferta para hacerse con el 80% de la Bolsa de Valores de Gibraltar y crear un espacio único: una bolsa en la que las acciones y productos financieros puedan intercambiarse por criptomonedas.

La operación, que de cuajar pondría en manos de Valereum una participación mayoritaria en la conocida como GSX —ayer de hecho la firma aseguró que aspira ya al 90%— depende ahora del visto bueno de la Comisión de Servicios Financieros de Gibraltar (GFSC) y daría lugar, en palabras de la propia compañía, a la “primera bolsa de valores fiat y digital integrada y totalmente regulada del mundo”. A la espera de que el organismo regulador de el Peñón se pronuncie sobre la oferta de Valereum, la empresa ha desgranado en los últimos días algunas claves en Wired que nos permiten conocer mejor sus planes de futuro y responder a algunas de las incógnitas.

Ambiciones, oportunidades... y riesgos

Monetizar las criptomendas, la clave. A lo largo de los últimos años las criptomonedas han disparado su valor —siempre marcado por su enorme volatilidad, cierto—, pero quienes las poseen siguen enfrentándose a una dificultad cuando quieren convertirlas en monedas contantes y sonantes, pasar esos activos digitales a dinero oficial de un Estado. Puede hacerse, pero a menudo exige afrontar impuestos y tarifas de transacción que lo convierten en una gestión gravosa.

Sus oscilaciones hacen que tampoco sea fácil utilizarlas como garantía para una operación de compra o un crédito, por ejemplo. Valereum aspira precisamente a facilitar ese paso. ¿Cómo? “Puede poner una parte de sus ahorros en criptomonedas en un valor fiduciario, puede pedir prestado contra eso y comprar una casa”, ejemplifica el empresario y financiero británico Richard O´Dell Poulden, responsable de Valereum: “Hace que sean un activo más atractivo”.

Si finalmente cuajan los planes de Poulden, la GSX seguiría funcionando como una bolsa convencional, con la salvedad, eso sí, de que, además de en fiat (dinero fiduciario), se podrá operar con criptomonedas. El dueño de cierta cantidad de bitcoins, por ejemplo, podría intercambiarlos por acciones que le servirán a su vez de garantía para solicitar un préstamo bancario o una hipoteca. Para facilitar la operación, la bolsa gibraltareña dispondrá de una empresa fiduciaria. Como se habrán utilizado criptomonedas para adquirir otros activos que figuran de la misma forma —alega la compañía— no se afrontaría la costosa “obligación tributaria”. Al fin y al cabo lo que se está haciendo es una compra de criptomonedas, sin necesidad de pasarlas a dinero fiduciario.

Un amplio abanico de monedas. En octubre, al anunciar la oferta, Valereum avanzaba que su deseo es que la GSX acepte “las principales criptomonedas” y citaba a Bitcoin, Dogecoin, Cardono, Ethereum y Tether. “Serán tratadas como cualquier otra moneda”, deslizaba. La empresa explica que el listado definitivo aún se está elaborando, pero —al igual que ocurría a finales del año pasado— guarda silencio sobre qué tecnología empleará para el comercio de las criptomonedas.

Sí ha trascendido a través de Wired que si el GFSC le da luz verde y la compañía de Poulden puede cerrar el acuerdo, plantea recaudar cerca de 50 millones de libras —unos 60,1 millones de euros— para invertir en la infraestructura de la bolsa. Hace apenas un mes Valereum informó también de otro movimiento que podría entenderse como un paso hacia la consecución de su objetivo: la propuesta de adquisición de Juno Group, firma con experiencia en la creación de empresas fiduciarias.

Objetivo: ser un centro global de las criptomonedas. “Con una economía ágil, un entorno regulatorio de apoyo, una tasa impositiva corporativa y una fuerza laboral educada, estamos configurando el entorno adecuado para la innovación de blockchain”. La frase es parte de un discurso ofrecido en 2019 por el ministro de Comercio de el Peñón y refleja con claridad su deseo de convertirse en un centro global de criptomonedas. Además de dotarse en 2018 de un marco para las empresas criptográficas, a lo largo de los últimos años ha dado pasos que reflejan su interés y han creado el entorno que ha animado a Valereum a apostar por una bolsa integrada.

El regulador de Gibraltar ha dado su plácet ya a una decena y media de firmas proveedoras de DLT (Distributed Ledger Technology) y defiende que el proceso de filtrado es riguroso y le permite eliminar a posibles actores indeseables. Desde mediados de la década pasada el Peñón ha sido escenario además de diferentes movimientos que demuestran su apuesta por las criptodivisas. En 2016, por ejemplo, la Bolsa de Valores anunció la introducción de BitcoinETI, un valor respaldado por Bitcoin, en su lista de instrumentos comerciales, si bien se retiraba no mucho después, a comienzos de 2017. Más o menos por las mismas fechas, estrenaba el primera cajero automático de Bitcoin.

El gran riesgo: una vuelta al pasado. El movimiento que plantea Valereum también tiene riesgos, por supuesto. Y no menores. El principal: que eche por tierra el esfuerzo de sus reguladores para que la UE sacara al Peñón de su lista de paraísos fiscales. En su informe de estabilidad financiera de diciembre, el propio Banco de Inglaterra advertía que “las instituciones financieras deben adoptar un enfoque cauteloso y prudente” con los criptoactivos, y recalcababa: “Será importante garantizar que se mitiguen otros riesgos significativos, como la protección de consumidores e inversores, la integridad del mercado, el lavado del dinero y el financiamiento del terrorismo”.

Además de ver dañada su reputación, Gibraltar podría encarar sanciones si da su plácet legal a empresas de criptomonedas ligadas con actividades ilícitas. Desde el Peñón se plantea el reto con confianza y recuerdan los pasos que han dado a lo largo de los últimos cuatro años.

“Si quisieras hacer cosas malas en criptografía no estarías en Gibraltar porque las empresas tienen licencia y están reguladas, y no lo están en ningún otro lugar del mundo”, explicaba hace un mes Albert Isola, ministro de Servicios Financieros, al diario The Guardian: “No entiendo cómo puede haber un mayor riesgo en Gibraltar cuando puedes ir a cualquier otro país europeo hoy y ejecutar exactamente el mismo negocio sin supervisión, sin licencia y sin regulación”.

El premio, desde luego, es jugoso negocio. Valereum apunta a un sector de criptomonedas con un valor, según sus estimaciones, de aproximadamente 3,5 billones de dólares.

Imagen de portada | Mussi Katz (Flickr) y IamRender (Flickr)

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