Europa lanzará una ley para multiplicar por cuatro su producción de chips en 2030 y atajar su dependencia actual

En plena crisis de los semiconductores, Europa mueve ficha para garantizar su suministro, reducir costes y recortar su dependencia de los grandes polos de producción de China y EE. UU. Durante una intervención en el Foro Económico Mundial, la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, ha esbozado la hoja de ruta que seguirá el organismo a corto plazo y se ha marcado algunas tareas. La primera, ya para el próximo mes: presentar una ley diseñada para impulsar el sector de la fabricación de semiconductores en territorio europeo.

“La necesidad europea de chips se duplicará a lo largo de la próxima década. Por eso necesitamos elevar radicalmente el nivel de Europa en el desarrollo, la producción y el uso de esta tecnología clave”, recalcó von der Leyen, quien destacó que, aunque Europa tiene ciertas fortalezas y está “muy bien posicionada” en el diseño de componentes para electrónica e investigación de semiconductores o materiales y equipos, su peso en el sector es aún muy reducido.

Una demanda al alza

“La cuota de mercado mundial de semiconductores de Europa es solo del 10% y, en la actualidad, la mayoría de nuestros suministros provienen de un puñado de productores fuera de Europa. Esta es una dependencia e incertidumbre que simplemente no podemos permitirnos”, zanjó.

Más allá de la declaración de intenciones, von der Leyen concretó cuál debe ser el objetivo que persiga Europa: reforzar su peso para que en menos de una década, en 2030, logre concentrar el 20% de la producción mundial de microchips. Dado que el propio sector experimentará un crecimiento, la presidenta de la CE estima que esa meta equivaldrá a cuadruplicar la producción europea actual. “No tenemos tiempo que perder. Por eso puedo anunciar que propondremos nuestra Ley Europea de Chips a principios de febrero”, reivindicó. La norma se centrará en objetivos como “fortalecer” la capacidad de investigación o “asegurar el liderazgo” en diseño y fabricación.

Su foco se centrará también en el respaldo económico a las empresas. La CE quiere adaptar sus normas sobre ayudas estatales —eso sí, "bajo condiciones estrictas"— y brindar “apoyo público” a instalaciones de producción europeas. Para paliar situaciones de escasez, busca además fortalecer sus propias habilidades, anticiparse y “reforzar nuestra seguridad de suministro”.

“Europa siempre trabajará para mantener los mercados globales abiertos y conectados; pero necesitamos abordar los cuellos de botella que ralentizan nuestro propio crecimiento”, reivindicó: “Promoveremos la diversificación entre socios afines. Crearemos interdependencias más equilibradas y construiremos cadenas de suministro en las que podamos confiar evitando puntos únicos de fallo”.

Al acercar la fabricación a su propio territorio, EU no solo reducirá la dependencia de polos situados en otras regiones —lo que da pie, en palabras de la presidenta de la CE, a una “incertidumbre que no podemos permitirnos”—. Con un menor desplazamiento se recortaría también el impacto del sector en el medioambiente y sus propios costes de transporte. La meta se marca además en un escenario que prevé un aumento claro en la demanda de semiconductores. Durante su discurso, la propia von der Leyen avanzó que la exigencia europea de chips se doblará a lo largo de la próxima década, un crecimiento homólogo al del propio ritmo de producción a nivel mundial.

Si bien a lo largo de los últimos años se han dado pasos que han fortalecido la producción europea de chips —en la bautizada como Silicon Sajonia, en Alemania, se ha establecido un polo del que sale, según sus datos, uno de cada tres chips fabricados en Europa y hace solo unos meses Bosch abrió una nueva fábrica de semiconductores en Dresde—, algunas de las principales compañías dedicadas al desarrollo de chips a escala global no están presentes en Europa.

La futura ley de la Comisión Europea no favorecerá solo que los estados de la UE colaboren en la financiación del sector. Quiere, además, “apoyar a las empresas más pequeñas e innovadoras para que accedan a habilidades avanzadas, socios industriales y financiación de capital”.

Imágenes | European Parliament (Flickr) y TSMC

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