Un ejemplo más de cómo la escasez de memoria está tensionando todo el mercado del hardware
El hardware de segunda mano gana valor en un contexto de precios al alza
Montar un ordenador hoy es más complicado y más caro de lo que era hace apenas unos meses. No se trata solo de que algunos componentes escaseen, sino de que el equilibrio del mercado se ha desplazado y está afectando de forma directa a la disponibilidad y a los precios. La memoria es uno de los mejores ejemplos de esa presión, y lo que está ocurriendo en ese mercado está empezando a tener efectos en cadena. Lo que parecía un problema limitado a ciertos perfiles de usuario ha ido ganando alcance y ya no se puede entender como algo aislado.
La escena que lo explica todo. En Akihabara, uno de los grandes centros de la electrónica y la informática de Tokio, una tienda ha decidido hacer algo poco habitual: pedir a sus propios clientes que le vendan sus ordenadores usados. Sofmap Gaming publicó un mensaje en su cuenta de X en el que reconocía abiertamente la situación: “Los PC gaming, incluso de segunda mano, están realmente sin stock ahora mismo”. A continuación, lanzaban una petición directa: “Por favor, si vais a comprar uno nuevo, vendédnos vuestro PC gaming…”. La escena se completaba con estanterías prácticamente vacías y otro detalle revelador: la propia tienda aseguraba que está recomprando bastante caro y que compra prácticamente cualquier PC, ya sea gaming o no.
No es un caso aislado. Estamos ante la consecuencia visible de una tensión que lleva tiempo acumulándose en el mercado del hardware. Primero afectó a quienes montaban sus propios equipos, con dificultades crecientes para encontrar ciertos componentes o asumir su precio. Después empezó a notarse en fabricantes y ensambladores, que han tenido que ajustar configuraciones y apoyarse en stock previo para mantener el ritmo. Ahora, esa presión ha terminado por trasladarse al punto de venta, donde ya no se trata solo de vender, sino también de conseguir producto.
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Qué hay detrás de la escasez. Para entender lo que estamos viendo hay que mirar hacia un cambio claro en la prioridad de la industria. La explosión de la IA ha disparado la demanda de memoria para chips y sistemas destinados a ese negocio, especialmente en el entorno de los centros de datos, y eso está alterando cómo se reparte la producción. Parte del problema nace en la memoria más avanzada usada para IA, pero su impacto acaba extendiéndose al resto del mercado. Desde Micron lo resumían así en declaraciones a CNBC: “Hemos visto un aumento muy fuerte y significativo de la demanda de memoria, y ha superado con creces nuestra capacidad para suministrarla”.
Consecuencias. La presión sobre la memoria termina filtrándose hacia los dispositivos que compramos, ya sea en forma de precios más altos o de configuraciones menos ambiciosas. Como hemos dicho, ya ha puesto en la industria de los ordenadores, pero también está amenazando el sector de los smartphones y de las consolas. Sin ir más lejos, Sony anunció recientemente un aumento de 100 euros en la PlayStation 5. Y todo parece indicar que los coches tampoco se van a escapar de esta crisis.
Hardware viejo que se revaloriza. En este contexto, lo que hasta hace poco considerábamos hardware viejo empieza a tener un valor distinto. No porque haya cambiado su rendimiento, sino porque el mercado que lo rodea sí lo ha hecho. Lo que hemos visto en Akihabara no es una anécdota aislada, sino una señal de hasta qué punto la disponibilidad se ha convertido en un problema real. Cuando una tienda pide a sus clientes que le vendan sus propios equipos, lo que está mostrando es que algo no encaja en la cadena habitual de suministro.
Imágenes | Andrey Matveev
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