Apple lleva años afinando el iPhone en silencio en el corazón de Madrid. Hemos entrado en su búnker secreto para descubrirlo

  • En Madrid se encuentra el Laboratorio de innovación Inalámbrica de Apple en el que se afinan los dispositivos que luego se usan en cualquier parte del mundo

  • En la zona de pruebas tienen máquinas que parecen sacadas de la cueva de Batman

Alejandro Alcolea

Editor - Tech

En la parte trasera de muchos dispositivos de Apple podemos leer eso de “Diseñado en California, montado en China”. Podrían poner tranquilamente “con antenas afinadas en España”. Porque en uno de los barrios más emblemáticos de Madrid hay un edificio anodino por fuera, uno que no llama la atención, pero que sorprende en cuanto ponemos un pie dentro.

Se trata del Laboratorio de Innovación Inalámbrica de Apple, un centro en el que unas 80 personas trabajan con un solo objetivo: que el iPhone, el Apple Watch, el iPad, los Mac y hasta los AirPods, simplemente, funcionen. Apple trata este centro con absoluto secreto empresarial y, aunque llevan trabajando en él desde 2023, nunca lo habían mostrado a nadie. Hasta ahora.

He sido una de las pocas personas fuera del entorno de Apple que ha podido pisar esos laboratorios y, aunque tampoco puedo contar demasiado debido a ese estricto código que se entiende a la perfección si tenemos en cuenta el secretismo que rodea estas cosas, voy a intentar trasladarte la experiencia de lo que supone tener un centro así en España.

Porque no hay tantos en el mundo y es crucial para que los dispositivos de Apple, simplemente, funcionen.

Fuera de todos los focos

A comienzos de 2022, mi compañero Javier Lacort se hizo eco en Applesfera de un movimiento curioso: Apple estaba buscando ingenieros. En Cupertino, o incluso en Munich con su planta de desarrollo de chips de 1.000 millones, no sería tan raro, pero en España era insólito. 

Más allá de personal de tienda, comerciales, comunicación, marketing y localización, no había ingenieros que participaran en el desarrollo activo de los productos de la compañía.

¿Ves esas líneas más claritas en los laterales y en la trasera? Eso marca los límites de algunas de las antenas en los iPhone | Foto: Xataka

Esto es importante porque estos últimos años, Apple se ha ido deslocalizando en busca de una mayor cobertura y un mejor acceso al talento local. En lugar de hacerlo todo en Cupertino, ha ido formando pequeños grupos de expertos por varias ciudades del mundo para abordar distintas tareas.

Y, en el caso del laboratorio español, no estamos ante una fundición en la que se fabriquen chips o en la mesa de diseño en la que se dibujen las entrañas de los próximos chips de la compañía. Estamos en un centro en el que se prueban las antenas en condiciones del mundo real.

"Este laboratorio está entre los laboratorios de innovación inalámbricas más avanzados de Apple” - Tom Marieb

El segmento de la comunicación es curioso. Nuestros dispositivos están hasta arriba de antenas. Las del Wi-Fi, la del Bluetooth, la UWB, las satelitales en los móviles que lo incorporan, las de las redes celulares, el NFC… y, pese a la importancia de todas ellas, realmente no les prestamos la atención que merecen. Sin ellas, un portátil, un smartwatch o un móvil no serían como son. Y, aunque parezca de perogrullo, sólo nos fijamos en ellas cuando algo no va bien o cuando, muy de uvas a peras, alguien diseña un chip propio.

Eso es lo que Apple ha estado haciendo estos últimos años tanto con el C1 como con el N1 y, mientras el equipo de diseño diseña y el de manufactura fabrica, el equipo de redes lo que hace es comprobar que el hardware funciona de la manera que ha sido concebido. Como digo, no es tan sexy como un procesador, pero ahora mismo no se puede entender un dispositivo sin estas antenas.

Tom Marieb es el vicepresidente de Ingeniería de Hardware de Apple y comenta que las instalaciones de Madrid “se encuentran entre los laboratorios de innovación inalámbricas más avanzados de Apple”. Como digo, no se diseñan chips, no se fabrican, pero los móviles, Watch y Mac se destripan para acceder a las antenas y probarlas con el objetivo de que el usuario no se entere de que existen.

Es ese tipo de tecnología que debe ser “transparente”: una que funcione sin que tengamos que hacer absolutamente nada. Y por si te lo estás preguntando (porque yo también me lo preguntaba), no hay uno de estos en cada gran ciudad Europea

Como el de Madrid hay apenas un puñado más diseminados por el mundo porque en el laboratorio español tienen las herramientas para replicar las condiciones del mundo real a las que se va a enfrentar un usuario español, pero también un argentino, un polaco, un chino o un japonés.

En el caso del 17 Pro, se juega con el módulo de cámaras para amplificar las antenas | Foto: Xataka

Este laboratorio se centra en el hardware. Trabajan con meses de antelación antes de la llegada de los nuevos dispositivos para que, si encuentran que cualquier cosa no va como debería, los diseñadores de los chips de comunicación o de las antenas tienen margen para reaccionar. No nos lo dijeron explícitamente, como es evidente, pero la idea es que ningún producto vuelva a sufrir un ‘antenagate’ como el del iPhone 4 con el “lo estás cogiendo mal” que esgrimió Steve Jobs.

Y, dentro del hardware, el foco de los análisis es más la parte de la electrónica que de las propias antenas. De eso ya se encarga otro equipo en otra parte del mundo, de ahí que, aunque haya varios laboratorios, no suelan replicar el trabajo que ya hace uno de ellos. Es como un trabajo en cadena. 

Prueban los móviles en condiciones ideales, pero también conectando accesorios y cables emulando el día a día de nuestros dispositivos. Si algo interfiere en la señal, se revisa con lupa | Foto: Xataka

Las pruebas que realizan en Madrid son las que se toman como base a la hora de realizar los siguientes pasos en la puesta a punto de la electrónica de comunicaciones inalámbricas en los dispositivos. En pocas palabras, son las que permiten que las conexiones WiFi 7, Bluetooth 6 y Thread de los iPhone y de otros dispositivos de la marca funcionen como lo hacen.

El patio de recreo

Tras la introducción, llega lo que me pareció más interesante: las demostraciones. En las instalaciones hay unas habitaciones en las que trabaja parte del equipo y que parecen unas oficinas más normales. Tienen maquinaria rara y dispositivos muy específicos, pero también sus ordenadores y, seguramente, más un trabajo “de Excel” que de cacharrear.

En otra planta es donde encontramos el laboratorio de Batman.

Aunque estén colocando un iPhone, si te fijas tienen varios dispositivos listos para probar | Foto: Apple

Marieb comenta que en Madrid se “replican las condiciones del mundo real a las que se enfrentan miles de millones de dispositivos cada día, desde redes urbanas saturadas hasta entornos de baja cobertura y es en laboratorios como este donde se garantiza la experiencia inalámbrica fluida y fiable que se espera de los dispositivos”.

Por motivos de confidencialidad, no pude hacer fotos, pero voy a tratar de describir lo mejor posible cómo se prueban estos dispositivos. En la visita, vimos tres máquinas funcionando.

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Por un lado, la cámara de campo cercano. Imagina un motor de un avión, pero partido por la mitad y forrado con conos de un material que impide que las señales inalámbricas reboten. Esa es la cámara de campo cercano, en cuyo centro se coloca el dispositivo a probar. Este dispositivo está lleno de sensores que permiten una monitorización perfecta de los patrones de transmisión de las antenas para medir el rendimiento en bruto.

Es decir, son las condiciones ideales en las que la antena funciona. La cámara cuenta con un sistema que permite que unos emisores giren alrededor del móvil para, en el caso de la demostración que vimos, medir la optimización del GPS de un iPhone Air. El caso del Air es muy interesante porque es uno de los móviles que tiene el nuevo chip N1, uno que se puso a punto en las mismas instalaciones en las que estuve.

Aunque se midan las condiciones perfectas, pueden emular otros escenarios como tormentas o cielos encapotados que van a afectar a la señal GPS. Y, aunque hablemos de “GPS” porque es el término más coloquial, realmente prueban todas las redes satelitales como GPS, Galileo, Beidou, Glonass, BDS o QZSS. Al final, es la clave para que funcionen en cualquier parte del mundo.

Esa columna rota y, cuando se sella la cámara, empiezan a medir en condiciones ideales cómo se reciben las señales en el iPhone | Foto: Apple

Luego pasamos a la cámara anecoica. No es la primera vez que en Xataka nos metemos en una habitación de este tipo, pero normalmente lo hacemos dentro de demostraciones de altavoces y otros sistemas de sonido. Son cámaras en las que te sientes un poco raro porque, como la cámara de campo cercano, está repleta de esos conos que absorben tanto el sonido como la señal, por lo que no hay eco alguno. BQ tenía la suya, por cierto.

Precisamente, eso mismo se busca con los dispositivos inalámbricos: ver cómo se comportan las redes celulares reales y sistemas de posicionamiento 3D, de nuevo, en condiciones ideales. En este caso, la “espuma” de los triángulos absorbentes también capturan las señales inalámbricas para que nada escape de la cámara y, así, crear un modelo tridimensional del campo de actuación de las antenas.

Es muy curioso porque en el centro de la sala hay una columna sobre la que se coloca el dispositivo, pero nos confesaron (y se puede ver en las fotografías) que los ingenieros se meten en la cámara para sujetar un dispositivo, se sientan en una silla y… dan vueltas. Al final, los teléfonos se tienen que medir en condiciones ideales, pero en la vida real pocas veces se dan esas condiciones. Y ahí entra en juego la cámara de reverberación.

Fue la tercera demo que nos enseñaron y una casi más curiosa. Es menos futurista que la foto de un iPhone en el centro de una cámara anecoica debido a que es una caja metálica con un brazo de maniquí y una ‘chapa’ que se va moviendo en la parte superior, pero una muy importante porque es la que demuestra cómo el entorno afecta a los chips inalámbricos.

El Apple Watch es muy complicado por su tamaño y, realmente, no vemos las antenas en ningún momento | Foto: Xataka

Nosotros vimos un iPhone entre los dedos del maniquí porque lo que se estaba evaluando era la experiencia diaria del usuario. Las antenas móviles están por el cuerpo del teléfono y tapamos algunas con nuestra mano, y en esta cámara lo que se analiza es cómo un entorno con múltiples reflexiones de señal afectan a las velocidades, por ejemplo, de descarga y subida del Wi-Fi.

¿Por qué una cámara metálica? Como nos explicaron, es una de las pruebas más extremas porque, si en las dos anteriores la señal se absorbía por las paredes forradas de espuma, aquí ocurre todo lo contrario: la señal rebota de una manera extremadamente violenta. Por la calle esa señal también rebota, pero estamos en un entorno en el que la vegetación, el ladrillo y otros elementos la absorben o dispersan en otras direcciones.

En el caso de esta cámara, como las paredes no absorben la señal, ésta rebota constantemente en todas las direcciones, causando interferencias con las que otras señales que recibe el dispositivo.

Como digo, son sólo tres de las pruebas que realizan en los laboratorios y, en los momentos de las mediciones, los ingenieros nos mostraron cómo leen los datos en tiempo real. 

En el caso de la cámara metálica la intensidad y todos los datos de la señal, y un modelo 3D de la señal tanto en la cámara de campo cercano como en la de campo lejano. Es como un halo que les dice a los ingenieros “por este lateral la cosa va bien, pero quizá habría que afinar las cosas en este ángulo”.

En Madrid "se replican las condiciones del mundo real a las que se enfrentan miles de millones de dispositivos cada día" - Tom Marieb

Tras todas las pruebas, los resultados se comunican al equipo que diseña los chips por si hay que hacer ajustes, siendo un toma y daca entre equipos distribuidos por todo el mundo que trabajan al unísono y con meses de antelación para que, cuando el dispositivo entre en producción, al menos la parte del hardware esté bien cubierta.

El software es responsabilidad de otra gente, pero en Madrid se enfocan, como decimos, en el hardware. Y cada dispositivo es un mundo. Un iPhone, pese a su tamaño, tiene bastante margen para ubicar antenas que permitan maximizar los datos enviados y recibidos por el chip N1, pero un Apple Watch es mucho más complicado porque todo está más pegado, es más fácil que un elemento como la pantalla o la batería causen interferencias y son dispositivos más complejos.

De hecho, el propio cuerpo de los dispositivos es algo que lucha contra las comunicaciones. El metal es protagonista y es genial para disipar el calor del SoC, por ejemplo, pero también es una barrera para las comunicaciones inalámbricas. De ahí que sea tan importante afinarlo todo para que, sea el dispositivo que sea, el Wi-Fi, el NFC para pagar o las antenas para llamadas funcionen sin problema.

Al final, mucho de lo que nos contaron se resume en que realizan pruebas, capturan datos, los mandan a otros equipos de hardware y en conjunto afinan los chips para que rindan bien en cualquier país y en cualquier situación. 

Pero la clave, y con lo que me quedo de esta visita, es que una de las compañías más potentes del mundo realiza ese trabajo tan vital para cualquier dispositivo en el corazón de una ciudad española. Como decía al comienzo del artículo, el objetivo es que el iPhone, el Mac o el Apple Watch, simplemente... funcionen. 

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