Firefox, el auténtico viejo rockero de la web que nunca muere

El 9 de febrero de 2004 la Fundación Mozilla, creada menos de un año antes, publicó un anuncio oficial especialmente significativo: la llegada de Firefox 0.8, la primera versión pública del navegador que por primera vez adoptaba ese nombre. Firefox había sido Phoenix primero y Firebird después, pero ambas nomenclaturas daban problemas por empresas y proyectos con ese mismo nombre.

Probablemente no lo recordéis, pero en febrero de 2004 sólo había un protagonista en el mundo de los navegadores web: Internet Explorer. El desarrollo había sido incluido de forma nativa en su -hoy infausta- versión 6.0 en el ya consolidado Windows XP, y los usuarios parecían no necesitar otra cosa. Pero solo lo parecía.

El mundo necesita(ba) un navegador abierto

A esas alturas hacía ya casi 11 años que un joven (y aún con pelo) Marc Andreessen había desarrollado Mosaic, el primer navegador web "moderno". Andreessen acabaría siendo fichado por Jim Clark para fundar Netscape, la empresa que realmente comenzaríamos a relacionar con aquello tan difuso aún de Internet, y que sus creadores acabaron vendiendo a AOL por 4.200 millones en 1.999 en uno de los pelotazos de aquella era pre-burbuja.

En esos años Netscape siguió creciendo como navegador, pero en 1998 el dominio de Internet Explorer -que había sido incluido en versión 1.0 en Windows 95- estaba empezando a ser preocupante. En Netscape decidieron crear un esfuerzo paralelo que tuvo como resultado el navegador Mozilla. Aquel navegador destacaba por ser un desarrollo Open Source, y se basó en el código fuente de Netscape Communicator 4.0. La relación entre el navegador oficial de Netscape y el proyecto paralelo de Mozilla se rompería poco después: en Netscape querían enfocar sus esfuerzos a la empresa, y en Mozilla decidieron crear el motor de renderizado Gecko y desarrollar su propio navegador -del mismo nombre- sobre aquellas bases y, por supuesto, manteniendo la filosofía Open Source.

Algunos de los desarrolladores de Mozilla no veían claro aquello de tener una suite de aplicaciones de Internet similar a la que proponía Netscape. La suite de Mozilla -que hoy en día sigue en funcionamiento bajo el proyecto SeaMonkey- era un mastodonte sin demasiado sentido para este grupo -formado por Dave Hyatt, Joe Hewit y Blake Ross-, que se lanzó a crear una rama experimental de Mozilla Suite a la que llamaron simplemente "m/b" (por mozilla/browser), además de un cliente de correo que inició su historia con el nombre de Minotaur pero que acabaría llamándose Thunderbird.

Aquella rama experimental fue la semilla real del Firefox que conocemos hoy. El proyecto comenzó llamándose Phoenix (que mantuvo cinco versiones del proyecto, de la 0.1 a la 0.5), pero una disputa por la marca registrada del fabricante de BIOS hizo que en Mozilla cambiaran el nombre a Firebird (que a su vez contó con dos versiones, la 0.6 y la 0.7). Esa denominación también estaba siendo utilizada para un servidor Open Source de bases de datos, así que tuvieron de nuevo que renombrar el proyecto. Firefox fue el nombre elegido, y su primera edición, la 0.8, aparecería aquel señalado 9 de febrero de 2004. Todas esas versiones iniciales siguen a disposición de los usuarios en el sitio de descargas de Mozilla, y de hecho la captura que tenéis un poco más arriba es la de la página de Xataka en aquella primera versión de Phoenix 0.1 que se lanzó el 23 de septiembre de 2002.

El desarrollo experimental se convirtió en algo mucho más serio muy pronto. Asa Dotzler, uno de los máximos responsables de Mozilla, contaba cómo al comentarlo con Blake Ross en aquella época ambos se dieron cuenta de que necesitaban hacer un navegador que no cubriese a los usuarios actuales. "La mayor audiencia es la de los usuarios de IE, y ellos no necesitan una herramienta de autoría HTML o un cliente de correo. Démosles simplemente un navegador mejor con bloqueo de pop-ups y navegación por pestañas". Así empezó todo.

Un crecimiento viral

El lanzamiento de Firefox llegó en el momento justo. Hacía tiempo que Microsoft se había convertido en "la mala de la película" para muchos usuarios, y su decisión de integrar Internet Explorer en sus sistemas operativos Windows les habían dado una ventaja que hacía prácticamente imposible competir. O eso parecía.

Aquel navegador pronto demostró sus debilidades, y la adopción de Firefox fue asombrosa para la época. Probablemente muchos de vosotros recordéis el lanzamiento de Firefox 1.0 "GreenLane" Preview Release el 14 de septiembre de 2004 causó sensación, y lo hizo en gran parte gracias a la puesta en marcha de la iniciativa de marketing SpreadFirefox (ahora desaparecida) en la que se animaba a los usuarios a lograr superar el millón de descargas en 10 días desde el lanzamiento.

La cifra pronto se quedó pequeña. El millón de descargas se superaría en apenas cuatro días, y en los primeros 30 días desde el lanzamiento los responsables de Firefox afirmaron contar ya con más de 10 millones de descargas. Quien lo probaba no solía volver a otra cosa. Firefox convencía, y lo hacía con razón.

En ese esfuerzo de marketing se unieron algunas estrategias pioneras en la época. Entre ellas destacó la influencia que tuvieron diversos blogs de tecnología, que insertaron en sus páginas un botón para la descarga de Firefox. Aquel botón se extendió de forma viral: Firefox era lo que molaba en aquella época, y a esas decenas de blogs más influyentes pronto se les sumaron cientos, miles, e incluso decenas de miles de otras páginas en las que también se añadió ese botón que instaba a probar el navegador Open Source.

Para convencer a los usuarios de Internet Explorer de la migración, en Firefox tuvieron el tacto de hacer que los atajos de teclado -que inicialmente eran distintos- coincidieran con los del navegador de Microsoft, algo que dejaban claro en las notas de aquella versión. En ellas también se destacaba la posibilidad de bloquear los molestos pop-ups que inundaban nuestras pantallas por aquella época, e incluso un guiño específico a los usuarios de Linux y a la integración con GNOME: Firefox se convirtió rápidamente en la referencia en esa plataforma.

Otras de las medidas de la notoria campaña de marketing inicial fue el famoso anuncio que Mozilla publicó en The New York Times el 15 de diciembre de 2004. La versión 1.0 del navegador había aparecido un mes antes y ya se habían superado los 11 millones de descargas, y la campaña de donaciones que Mozilla había puesto en marcha para recaudar fondos para sus esfuerzos de marketing -y para firmar "la declaración de independencia frente a una web monopolizada y estancada"- también dio el resultado esperado. Aquellas dos páginas dieron a conocer Firefox a todo un sector de la población que se dio cuenta de algo importante: había alternativas en el segmento de los navegadores web.

A partir de ese momento el crecimiento en el uso del navegador fue notable, aun cuando la competencia con Internet Explorer seguía siendo ciertamente complicada. La Unión Europea no reaccionaría frente a esa actitud de Microsoft hasta muy tarde, y la famosa "ballot screen" que permitía elegir navegador nada más instalar Windows aparecería en marzo de 2010. Lo haría con críticas además, por no presentar los navegadores de forma aleatoria y condicionar la decisión, y por la propia selección de navegadores elegidos -en su versión inicial, la mitad de las alternativas usaban el motor de renderizado Trident de IE-.

Eso no importó demasiado, porque los números de Firefox seguían creciendo de forma sostenida. El 31 de julio de 2009 Mozilla anunciaba un logro singular: haber pasado de los 1.000 millones de descargas de un navegador que por entonces andaba por la versión 3.5 y que ya soportaba 75 idiomas distintos. La cuota de mercado seguía creciendo a expensas de un Internet Explorer que se había quedado dormido, y llegó a predecirse que Firefox lograría superar a IE en cuota de mercado durante 2009.

Aquel crecimiento se vio frenado de golpe y porrazo con la llegada de una alternativa sorpresa. El 1 de septiembre de 2008 Google anunciaba el lanzamiento de Google Chrome, que ellos calificaban de "un punto de vista fresco en navegadores" y que se centraba en apartados que Firefox por aquella época parecía haber descuidado pese a tener unos objetivos originales parecidos. Chrome quería apostar por una filosofía que ya tenía éxito en su buscador: "Como la página de inicio clásica de Google, Google Chrome es limpio y rápido".

La presentación de aquel navegador -con un fantástico cómic que muchos recordaréis- fue un jarro de agua fría para las aspiraciones de Firefox, que vio cómo el proyecto de Google respondía de forma adecuada a las necesidades de muchos usuarios. Su motor JavaScript palidecía frente al de Chrome -algo que ahora es muy discutible-, y características como el de separar y aislar cada pestaña como si fuera un proceso independiente llamaron la atención de una comunidad de usuarios cada vez más preocupada por el rendimiento y seguridad de sus navegadores. El gigante de las búsquedas ya era realmente gigante por aquella época, y su impulso a Chrome fue implacable, y, sobre todo, efectivo.

En Mozilla quisieron quitarle hierro al asunto, y de cara al respetable afirmaban aquello de que "Chrome no está orientado a competir con Firefox", y que ese lanzamiento no afectaría a la relación entre Google y Mozilla. Mientras que esto último es cierto -al menos, de momento- lo primero no lo fue tanto. Chrome competía con todos, y logró robarle cuota a todos. De hecho, según las cifras de StatCounter, Chrome tenía un 25,69% de cuota en noviembre de 2011, mientras que Firefox llegaba al 25,23%. Por primera vez el navegador de Firefox caía al tercer puesto desde prácticamente su nacimiento. En Net Applications aquellas cifras eran distintas (Firefox mantenía un 22,14% por un 18,18% de Chrome en ese mismo periodo), pero todos los medios se lanzaron a aprovechar el titular facilón.

Esa guerra de cuotas de mercado ha sido desde hace años mediatizada por esas dos grandes referencias. Mientras que los sistemas de recuento de StatCounter siempre han favorecido a los navegadores alternativos -y especialmente a Chrome-, las de NetApplications han sido especialmente favorecedoras para Internet Explorer. En realidad hay que tomar a los estudios de una y otra -en Wikipedia podéis ver un resumen de cuotas de mercado de estos y otros proveedores- con la misma actitud: con perspectiva. Es difícil saber cuál es el estado real del mercado, pero los datos son coherentes si uno entiende las métricas utilizadas por ambas empresas. Mucho se ha debatido sobre quién miente o quién dice la verdad, pero una de las mejores explicaciones sobre el tema la dio, sorprendentemente, uno de los responsables de marketing de Internet Explorer en Microsoft. Roger Capriotti, responsable de aquel post en el blog de Windows, lo dejaba claro en sus conclusiones:

Ciertamente no hay forma perfecta de medir la cuota de mercado de navegadores a nivel global. Por eso nos centramos en utilizar los datos que proporciona la representación más precisa del uso actual de cuota en todo el mundo. Aunque tanto Net Applications como StatCounter a menudo muestran tendencias similares, es importante destacar que ciertos pasos deben ser tenidos en cuenta para representar de forma precisa una evaluación cuantitativa de cuota en todo el mundo.

Por supuesto, aquello provocó aún más debate, en el que tanto los responsables de StatCounter como investigadores independientes arrojaron sus propias impresiones. Prácticamente todos los grandes medios tuvieron en cuenta -entre los ejemplos destacados, The Wall Street Journal- ese hecho y dejaron claro que aquella batalla por la cuota de mercado era más bien simbólica: lo importante eran las tendencias.

Y las tendencias no han dejado de ser evidentes. La llegada de Chrome provocó el estancamiento y la caída gradual de Firefox, que en ambas consultoras se aprecia de forma clara aunque su magnitud es distinta en una u otra. Nosotros hemos usado una gráfica con datos de Net Applications por cubrir un rango de tiempo más amplio -de hecho, cubre el de la llegada de Firefox, que nos interesaba especialmente- pero lo cierto es que en esa gráfica evolutiva lo importante no es tanto la cuota de mercado como esa clara batalla que Firefox libra ahora no solo frente a Internet Explorer, su "enemigo" tradicional, sino frente a Chrome.

El primer navegador modular

Probablemente aquello de que Firefox defendiese la bandera Open Source no le importase en realidad demasiado a mucha gente. La etiqueta le daba un halo atractivo, sin duda, pero las bases del éxito del proyecto fueron otras. Y sin duda entre las más destacadas estuvo el soporte de extensiones.

Aquel soporte fue un regalo inesperado de la naturaleza extensible de la suite Mozilla original y de su amplia modularidad. El lenguaje de marcado XUL permitía ampliar las características y prestaciones del navegador a través de unos componentes que durante mucho tiempo se denominaron extensiones y que en los últimos años se engloban dentro de los complementos o add-ons. De hecho, ese mismo lenguaje habilitaba no solo esas extensiones, sino también ese amplio soporte de personalización a través de temas que también encantaba a los usuarios de los navegadores modernos.

Las extensiones supusieron sin duda un antes y un después en este segmento, y se convirtieron en un factor decisivo para que los usuarios se decidieran por instalar Firefox. Aquello generó todo un ecosistema en el que los desarrolladores no necesitaban crear un fork específico de Firefox -aunque pudieran- para construirse un navegador a medida: las extensiones permitían lo mismo con mucho menos esfuerzo.

La gestión de las extensiones y de los temas por parte de Mozilla se llevó también a cabo desde una etapa muy temprana: en junio de 2004 aparecería Firefox 0.9 y con él un nuevo gestor de complementos que trataba de facilitar una tarea que desde entonces no ha parado de ser utilizada por los usuarios. Las posibilidades parecían casi ilimitadas, y el uso de otras tecnologías como CSS, DOM, JavaScript o XPCOM serían fundamentales para potenciar esa modularidad y extensibilidad del navegador que demostraba poder crecer a un ritmo mucho más rápido que lo que lo hacían sus competidores y, sobre todo, Internet Explorer.

En estos más de 10 años de Firefox hemos visto -y seguiremos viendo- extensiones para todos los gustos. Desde las más obvias -lectores RSS, gestores de favoritos, clientes FTP o clientes de correo, reconocedores gestuales, clientes IRC- hasta potentes transformadoras de la experiencia, con un ejemplo destacado, Greasemonkey, sin olvidar a la extensión más popular de Firefox de todos los tiempos, inevitable en este repaso y que esperamos tengáis al menos desactivada para los sitios de Weblogs: Adblock Plus, que a día de ayer celebraba tener la friolera de 20,2 millones de usuarios en Firefox.

Toda esa modularidad se ha visto premiada por el interés de los usuarios: ya en julio de 2012 se superaron los 3.000 millones de descargas de add-ons -lamentamos no tener cifras más recientes-, y ese gusto por las extensiones ha ido más allá del escritorio y también es característica destacada en Firefox para Android, como veremos más adelante.

La defensa de los estándares web

El pilar fundamental que sostenía este proyecto de Mozilla (y todos los demás, en realidad) es su filosofía Open Source. Con esa forma de entender la concepción del software no es extraño que pronto se definiese también la estrategia en cuanto al soporte de tecnologías web. Salvo casos excepcionales, casi inevitables (Flash como referente en este caso) el navegador Firefox ha sido un referente en soporte de estándares web.

Lo fue desde luego en el soporte de HTML4, el estándar que dominaba nuestras vidas online hace unos años, pero también lo fue con otros muchos componentes fundamentales de la web como el actual HTML5, XML, XHTML, MathML, SVG, CSS, JavaScript, DOM, XSLT, Xpath, y otros estándares de facto como los formatos de audio, vídeo o imagen.

Pocas veces Mozilla se convertía en creador de estándares -algo que Chrome intenta frecuentemente con propuestas (abiertas, eso sí) como SPDY, WebM o WebP-, pero sí se preocupaba, y mucho, por cumplir lo mejor posible los requisitos que imponían esos estándares.

Durante una buena temporada, por ejemplo, fueron famosas las comparaciones entre navegadores en ese soporte de estándares: los tests Acid2 y sobre todo Acid3 se convirtieron en una singular forma de mostrar qué desarrollos parecían más avanzados en ese soporte de estándares web. En la gran mayoría Internet Explorer salía derrotado -de forma humillante, añadiría-, aunque las críticas a estas pruebas, con ciertas características más bien anecdóticas y sin tanta relevancia como nos querían hacer ver, también las han convertido en algo menos relevante en los tiempos recientes.

Benditas pestañas

La navegación por pestañas no fue desde luego creación de Mozilla o de Firefox, pero este navegador fue el que probablemente más contribuyó a extender la popularidad de este paradigma de usabilidad que más tarde se extendería a otras aplicaciones en todo tipo de sistemas operativos.

Esa fue sin duda una de las características definitorias de aquel navegador que sorprendió a todos con una gestión que causó toda una disrupción en el mercado de navegadores: una vez alguien probaba las pestañas, era inconcebible volver a un navegador sin ellas. Internet Explorer no lo integraría hasta 2006, con el lanzamiento de su versión 7, y ese simple motivo probablemente fuera uno de los que hiciera que muchos usuarios dieran el salto a Firefox en aquellos años.

En Mozilla sabían potenciar características que funcionaban, y la navegación por pestañas fue un claro ejemplo. En la versión 1.1a2 que aparecería en julio de 2005 -preludio de Firefox 1.5- ya se soportaba la reordenación de pestañas con el mecanismo de arrastrar y soltar, mientras que en Firefox 2.0a2 (mayo de 2006) llegaría el célebre botoncito de cerrar a cada pestaña. Los cambios en la gestión de pestañas de Firefox 3.1b1 (edición preliminar de Firefox 3.5) en octubre de 2008 no tuvieron éxito y se eliminaron casi de inmediato, pero sí funcionaron los cambios de 2009 que permitían crear ventanas de navegación arrastrando pestañas fuera de la ventana en las que estaban. Y desde luego, también funcionaron en el diseño con aquello de los Tabs on Top en Mozilla 3.7a5 (junio de 2010) que haría que las pestañas estuvieran por encima de la barra de navegación, algo que a la postre sería también preludio de continuos cambios de diseño que trataban de mejorar la experiencia de usuario y que han tenido su último gran impulso muy recientemente, con la llegada de Firefox 29 y la llegada de la llamativa interfaz Australis.

Un ciclo de desarrollo vertiginoso

Los primeros 7 años de vida de este proyecto fueron, al menos sobre el papel, tranquilos en el ciclo de desarrollo de Firefox. Las características, novedades y revisiones (sobre todo con parches de seguridad y mejoras de estabilidad) no paraban de llegar, pero lo hacían a ritmos propios casi de sistemas operativos.

De hecho, la aparición de versiones "mayores" se producía con bastante poca frecuencia: la versión final (no la PR) de Firefox 1.0 aparecería el 9 de noviembre de 2004, mientras que Firefox 1.5 en noviembre de 2005 y Firefox 2.0 en octubre de 2006. La cosa se alargó aún más para Firefox 3.0 "Gran Paradiso", que no aparecería en su versión final hasta junio de 2008, aunque las versiones preliminares ya podían obtenerse desde diciembre de 2006. Firefox 3.5 aparecería un año después, en junio de 2009, y Firefox 4.0 no sería presentado hasta el 22 de marzo de 2011.

Entre medias, por supuesto, había habido decenas de versiones preliminares que normalmente tenían una cuota de mercado casi anecdótica: solo los usuarios avanzados y con ese gusto por disponer siempre de lo último (aunque eso implicara inestabilidad o ciertos conflictos software) aprovechaban dichas versiones. Aun con ese ciclo de desarrollo más estable, las disensiones y las críticas llevaban ya en 2011 algún tiempo apareciendo. Para muchos Firefox era algo inmovilista.

Y lo era, claro, por la influencia de Google Chrome. El navegador del gigante de las búsquedas fue un buen ejemplo de esa filosofía del "release early, release often" y de hecho fue especialmente llamativa su introducción de distintos canales de desarrollo para distintos tipos de usuario. El canal Dev, con las opciones más novedosas pero también las más inestables, para desarrolladores. El Beta para usuarios que querían tomar ciertos riesgos pero no tantos como los del canal Dev, y por último el canal Estable, para la inmensa mayoría de usuarios que ante todo valoran la estabilidad. A esos canales, inaugurados en enero de 2009, se les sumaría el canal Canary (con versiones muy verdes, aún más que las del canal Dev) en julio de 2010: en Google querían lanzar nuevas iteraciones del navegador cada seis semanas. La filosofía de Chrome era envidiable, y su ciclo de actualización constante y transparente -la mayoría de los usuarios no sabían qué versión tenían, y no les importaba- era referente en esa nueva época de los navegadores web.

Eso no ocurría desde luego con Internet Explorer, mucho más dependiente de las versiones de Windows. Pocas ediciones independientes de IE se han lanzado sin estar predestinadas a una nueva versión del SO de Microsoft. En Firefox el ciclo era igualmente lento, y parecía que aquello de pasar a un número redondo no se podía hacer así como así.

Aquella situación cambió en abril de 2011, cuando Mozilla decidió anunciar un cambio radical en el ciclo de desarrollo de Firefox. A partir de entonces se adoptaría un ciclo de desarrollo rápido que en realidad era una adaptación del modelo de Google Chrome. En Mozilla se crearon canales distintos: Nightly para las compilaciones nocturnas, Aurora para versiones algo más pulidas pero aún claramente inestables, Beta para ir un paso más allá en estabilidad y, por fin el canal Release para las ediciones finales.

Como sucedía en Chrome -desde hacía tiempo, claro referente para Firefox- la idea era la de lanzar nuevas versiones cada 6 semanas. Eso, por supuesto, hizo que de la noche a la mañana aparecieran un gran número de versiones "redondas" de Firefox, difícilmente distinguibles unas de otras. Si en siete años, hasta 2011 solo se había llegado a Firefox 4, en los tres últimos se han lanzado casi otras 30 ediciones más. Andamos en la versión de Firefox 33 Nightly, mientras que Aurora está en versión 32, Beta en la 31 y Firefox en versión estable en su versión 30.

Los cambios en estas últimas ediciones son por supuesto más aislados y escasos que los que existían en el anterior ciclo de desarrollo, pero eso no impide que la evolución sea constante. Mucho ha avanzado Firefox en estos tres años, y de hecho -y esto es una opinión personal- ese ciclo de desarrollo probablemente ha sido la decisión más acertada que Mozilla ha tomado en mucho tiempo. Ese frenético ritmo de aparición de versiones ha obligado a forzar la máquina para poder competir en un segmento en el que Chrome estaba planteando demasiados retos.

La inclusión de características en todo ese ciclo (y, por supuesto, el anterior) merecería, desde luego, un artículo aparte por su extensión. Tenéis un gran repaso en la Wikipedia, aunque yo destacaría algunas mejoras muy evidentes. La primera, la que afecta a los motores de renderizado JavaScript, que se convirtieron por derecho propio en componentes fundamentales de los navegadores web. La popularización del uso de este código hizo que la ejecución en navegadores de este tipo de lenguaje fuera un factor clave en su rendimiento, y en Firefox existió cierta relajación al respecto hasta que Chrome llegó con su fantástico motor V8.

A partir de ahí Firefox fue acortando distancias con sucesivas versiones de ese motor. A SpiderMonkey en Firefox 3.5 le sucedió JagerMonkey en Firefox 4.0. Habría mejoras incrementales en ese motor, mientras que su sucesor, IonMonkey llegaría en Firefox 18 (enero de 2013) y a él le suplantaría OdinMonkey en Firefox 22 (junio de 2013). Esa evolución de la velocidad de estos motores JavaScript se convirtió en una obsesión para los desarrolladores de Mozilla, algunos de los cuales pusieron en marcha la web Are we fast yet? con un estudio evolutivo del rendimiento de diversos motores de navegadores (echo de menos el de IE) basándose en diversos benchmarks (Kraken, SunSpider, Octane), y la semilla de esa batalla ya se podía ver en 2010 con artículos de Asa Dotzler, uno de los máximos responsables del desarrollo de Firefox.

Esa obsesión por el rendimiento también se ha traducido en otros apartados como el de la gestión de la memoria, un apartado que también se le criticaba a Firefox y que en los últimos tiempos se ha mejorado de forma notable. Las últimas comparativas muestran como Firefox se comporta mejor que Chrome o Internet Explorer en casi todas las situaciones, pero la propia Mozilla también está muy al tanto de esas comparaciones y hace tiempo que puso en marcha su propio proyecto comparativo-evolutivo: Are we slim yet?, muy en línea con el estudio del rendimiento JavaScript.

A esas claras mejoras en rendimiento se le suman otras muchas características notables. En febrero de 2011 Firefox se convertiría en el primer navegador en integrar soporte para la opción Do Not Track (DNT) que permitía deshabilitar el seguimiento del usuario a través de los sitios que visitaba en el navegador. Con Firefox 10 llegaría la primera edición ESR (Extended Support Release), orientada a empresas y organizaciones como universidades y escuelas en las que el ciclo de actualización es menor y necesita alargarse en el tiempo.

También fueron importantes cambios funcionales como el comportamiento al abrir nuevas pestañas. Curiosamente este es uno de los apartados que más suelen cambiar de versión en versión, y no parece que haya una respuesta definitiva a ese problema por parte de ningún navegador. Las opciones de sincronización (potenciadas con las últimas ediciones de Firefox Sync), las actualizaciones "silenciosas", las continuas mejoras al panel de descargas, el soporte para diversos formatos de audio y vídeo -mención especial para el códec H.264 que Cisco liberó como Open Source en octubre de 2013- o la inclusión de modos de navegación privada (que debutaron ya en dicembre de 2008) son algunas de esas destacadas.

Las fuertes convicciones de Mozilla en todo lo que rodea a la filosofía Open Source no siempre se han podido mantener en el desarrollo de Firefox. El ejemplo más claro se produjo hace algo más de un mes, cuando los responsables de este organismo anunciaban que las futuras versiones del navegador integrarían mecanismos DRM para HTML5. Este tipo de sistemas eran un mal necesario para no quedarse atrás en prestaciones con respecto a otras propuestas, sobre todo a la hora de ofrecer el soporte de contenidos multimedia de proveedores que obligan al uso de ese tipo de sistemas.

Mención aparte merecen, desde luego, las herramientas para desarrolladores. La consola web de Firefox que debutó en Firefox 4 supuso el inicio de una larga y fructífera relación de Mozilla con los desarrolladores web. Sus opciones no han parado de incrementarse en todos estos años, y hoy en día este navegador Open Source es un referente en este campo. Imposible no hacer receso en este punto para destacar a la extensión por antonomasia de esa histórica relación con desarrolladores: Firebug, que fue creada por Joe Hewitt, un antiguo desarrollador de Firefox, sigue siendo uno de los ejemplos de la potencia que las extensiones pueden aportar a este navegador.

La conquista del móvil: vía navegador...

La popularidad de Firefox en sistemas operativos de escritorio (para PCs y portátiles) hizo que los responsables del proyecto en Mozilla se dieron cuenta de que este desarrollo tenía cabida en otras plataformas.

Y por supuesto, los smartphones eran el claro objetivo. Firefox for Mobile ("Fennec") apareció en enero de 2010, y lo hizo de forma original: únicamente estaba soportado en Maemo. Esa primera elección era clara: Firefox seguía manteniendo una fuerte relación con Linux, y Maemo era una plataforma móvil basada en Debian.

A partir de ahí los desarrolladores de esta versión para móviles se centraron en Android, con una versión inicial, la 4, que estaría basada en Firefox 4 para escritorio y que iniciaría un largo recorrido para tratar de conquistar esta plataforma móvil.

Su éxito en este segmento es, lamentablemente, inexistente. Tanto Google como Apple, dominadoras del segmento de la movilidad, han utilizado la misma táctica que usó Microsoft para popularizar Internet Explorer en el escritorio. Safari en iOS y Chrome (o el navegador nativo de Android en versiones previas del SO) en Android son los navegadores preinstalados -la UE no parece tener demasiado interés en ellos de momento-, y por supuesto eso motiva que sean absolutos destacados.

NetApplications aquí nos pinta un cuadro singular: según sus datos en mayo de 2014 Safari cuenta con un 48,72% de cuota por un 21,87% del navegador Android y un 15,79% de Chrome. Opera Mini es destacado con un 7,05%, y a partir de ahí Firefox aparece lejos, con un 0,66% de cuota. Esas cifras no se corresponden en absoluto con la cuota que Android tiene en el mercado global de smartphones y tablets, y lo cierto es que en este caso esos datos son algo contradictorias.

Más coherentes parecen los que ofrece StatCounter, que indica que el navegador de Android cuenta con un 23,35%, Chrome un 17,1%, el iPhone (¿a qué se referirá?) un 17,25% y Safari un 12,82%. Opera dispone de un 9,83%, mientras que un sorprendente UC Browser está detrás con un 8,48%. Firefox ni siquiera aparece de forma concreta en estos datos, y está englobado en "Otros", un conjunto de alternativas que apenas superan el 5% de cuota en total.

Será difícil que la situación cambie a priori, y eso que Firefox para Android dispone de diversas prestaciones de interés. El soporte Flash -a pesar de que este tipo de contenidos ya no es tan relevante- es una de ellas, pero también están el soporte de complementos -algo que Chrome no ofrece en su versión móvil, como aclaran sus responsables-. El modo de lectura nativo en Firefox (en Chrome se puede lograr una experiencia similar con aplicaciones como Instapaper, Pocket o Readability) es otra de sus fortalezas, como también lo es su soporte para dispositivos basados no solo en Ice Cream Sandwich (necesario para Chrome) sino también para Gingerbread. Firefox para Android sigue mejorando de forma paralela a la versión de escritorio, y será interesante ver si esas opciones logran cuajar entre los usuarios. No hay edición para iOS, no obstante: y como indican los responsables de Mozilla, "las restricciones de Apple evitan que llevemos la actual versión de Firefox a dispositivos iOS".

... o vía sistema operativo: Firefox OS al ataque

La otra gran pata de la apuesta de Mozilla en el terreno de la movilidad es aún más ambiciosa. Se trata, cómo no, de Firefox OS, una plataforma móvil que convierte a este navegador en el centro de toda la experiencia en el smartphone.

Esta propuesta de Mozilla lleva ya tres años en desarrollo. Andreas Gal, director de Investigación en Mozilla, anunció el lanzamiento de Boot to Gecko (B2G) en julio de 2011, y desde ese momento comenzó el trabajo en una alternativa que como en el caso del navegador de escritorio abogaba por los estándares web abiertos.

La apuesta esencial por esos estándares hace que en Firefox no exista un conjunto de APIs nativas y propietarias y de un SDK exclusivo para ellas como en el caso de Google o de Apple. En lugar de eso, en Firefox OS el ingrediente fundamental es el lenguaje HTML5, algo que facilita el uso de código en diversos dispositivos distintos pero que también tiene algunas implicaciones negativas. La más importante, según los expertos, es el hecho de que las aplicaciones nativas son más rápidas y eficientes por ese acceso directo a los recursos del hardware que en el estándar HTML5 cuesta más conseguir.

Aún así esa plataforma ha seguido reforzando su posición, y hoy en día es una propuesta que tiene apoyos muy importantes de la industria. La operadora española Telefónica es claro referente en ese apoyo, y de hecho la operadora está comercializando junto a algunas otras algunos terminales de gama baja en países emergentes pero también en el nuestro. No es objeto de este artículo valorar esa evolución y el futuro de esta plataforma móvil -aunque ya realizamos un análisis de la plataforma hace tiempo-, pero sí era inevitable no mencionar un proyecto que tiene al navegador Firefox como pilar absoluto y que podría convertirse en una alternativa válida si los desarrolladores comienzan a apostar también por ella.

Todo el futuro por delante

Los últimos 10 años han sido vertiginosos para Mozilla y su hijo predilecto, Firefox. El navegador logró algo que parecía casi imposible: romper el monopolio de Microsoft en este segmento y abrir las puertas a que otros también ofrecieran sus propias ideas en este campo.

Este desarrollo Open Source es uno de los mejores ejemplos de lo que se puede lograr con esta filosofía, y de hecho en Mozilla suelen presumir de que el 40% de Firefox se la deben a desarrolladores independientes: programadores altruistas que ceden su tiempo y recursos para seguir aportando sus ideas y talento a un proyecto colaborativo que quinientos millones de personas usan en todo el mundo.

Puede que Firefox haya sufrido unos últimos años algo más difíciles ante el auge de Chrome y su limitado papel en dispositivos móviles, pero en Mozilla han tomado todas las decisiones necesarias para seguir siendo relevantes. El ciclo de desarrollo rápido en el escritorio está demostrando su validez a pesar de las críticas (quizá demasiado rápido para algunos), mientras que Firefox para Android no para de mejorar y Firefox OS es una valiente e interesante propuesta que mantiene esos valores que definen a un proyecto que merece el mayor de los respetos y que tiene ante sí todo el futuro para demostrar de lo que es capaz.

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