Sony PS-HX500, análisis: un tocadiscos para resucitar tu colección de clásicos

A veces los tocadiscos más sencillos, aquellos que tienen la apariencia más sobria y limpia, sin añadidos extra, esconden bajo su diseño una declaración de intenciones: «quieres reproducir vinilos, pues eso es exactamente lo que vas a hacer». Debo decir que el Sony PS-HX500, presentado en segundo plano en el pasado CES de Las Vegas, no llamó especialmente la atención. ¿Qué puede hacer que no hagan otros tantos giradiscos del mercado?

Para mi sorpresa he comprobado que este PS-HX500 no sólo reproducen vinilos con un rendimiento superior, sino que nos permiten digitalizarlos en alta resolución, para escucharlos en cualquier parte tal y como se concibieron.

Montaje y diseño

Lo primero que llama la atención al abrir el packaging de este Sony PS-HX500 es una indiscutible sensación de robustez. Estamos hablando de más de 5 kg de base. El montaje se compone simplemente de un par de pasos habituales: sobre la base hemos de montar el plato, de aluminio fundido muy estable y bien acabado. Por el hueco del plato debemos sujetar la correa de goma al sistema de transmisión, después montar la alfombra, un tapete de goma de unos 5 milímetros de altura; y finalmente montar la cubierta antipolvo, mediante dos bisagras.

De un simple vistazo se aprecia que estamos ante un tocadiscos de altas prestaciones

Ya desde aquí se aprecia los primeros detalles de estar ante algo especial, ante una "tornamesa" de alto rendimiento. Las bisagras de la cubierta están enmoquetadas, ayudando a aislar de la posible vibración redundante que reciba la tapa de metacrilato. Que el tapete de goma pese casi el doble que el plato de aluminio también arroja un dato relevante: en este tocadiscos es muy difícil que se produzcan distorsiones o trémolos por vibración —con una fluctuación de menos del 0,25%, según la propia Sony—.

Todo en él está concebido para aislar y minimizar las reverberaciones. La base es un MDF (panel de fibra de densidad media) de 30 milímetros de grosor, con un tintado grueso para evitar que el polvo se adhiera, propicio en superficies más lisas. En su interior incluye un servomotor de corriente continua y una placa de circuitos fabricada en resina epoxi, aportando un plus de flexibilidad y estabilidad al conjunto.

Si nos fijamos en la parte trasera, nos encontraremos con la conexión de alimentación (de 230V), una conexión USB 2.0, un conector de masa GND, salida de audio RCA estéreo no balanceado y una patilla selectora de salida, bien de línea o fono. De esta manera podemos elegir entre el ecualizador fonográfico interno o uno externo, por si ya poseemos un amplificador dedicado a ello. Los cables, como es habitual en estos casos, son bastante cortos, pero al menos el cable de alimentación no va fijado a la estructura.

En el frontal tenemos un interruptor de encendido/apagado, con selector de 33 RPM o 45 RPM. El packaging incluye además un adaptador de 45 rpm para reproducir discos de vinilo de 17 centímetros. El lado derecho de la mesa está compuesta por un brazo de lectura manual —con un pasador de seguridad para sujetar el brazo cuando no se está usando—, la palanca, una ruleta antideslizamiento, la cual podemos calibrar del valor 0 al 4, y el peso, con una línea blanca que marca el punto a partir desde donde regular el equilibrio del brazo.

Algo que me ha gustado menos son las patas. Sus amortiguadores de goma absorben la vibración y la fugan gracias a las pequeñas ranuras de la estructura. No obstante, una clásica pata de rosca, modular, hubiese sido un acabado más correcto para un producto de estas características.

Brazo, aguja y rendimiento

El brazo tonal del Sony PS-HX500 es completamente recto, pensado para afinar la precisión de lectura de la aguja y que la torsión que genera la propia aerodinámica, mientras estamos reproduciendo música, no afecte ni provoque fluctuaciones. La aguja posee un sistema de montaje y desmontaje muy cómodo. Tras quitar la capucha protectora, sólo tenemos que sostener el cuerpo del cartucho fonocaptor y tirar ligeramente hacia abajo y hacia adelante.

El contrapeso es robusto, ligeramente aceitado como de costumbre, pero el calibrado del brazo no es precisamente intuitivo. Estuve como 30 minutos probando a ciegas diferentes presiones, ya que no tenía una estimación práctica del peso del cartucho. Las instrucciones tampoco especificaban ninguna recomendación. Por mi parte recomiendo dejar el anti-skate en el punto 3 y el peso en el 3,1.

La primera conclusión que obtengo del PS-HX500 es que este es un tocadisco sobre el que la aguja flota un poco. Por más que sobrecargue el brazo, en ningún momento noto que esté, literalmente, presionando sobre el vinilo. Esto es una virtud en cuestión de seguridad y vida útil para nuestros vinilos, pero también limita la intensidad y el volumen de reproducción. Por otro lado, podría decirse que pasa con nota otra prueba en la que muchos caen: no reproduce los ligeros golpes sobre la base, claro síntoma de que la amortiguación está haciendo su trabajo a la perfección. Sí recibe, en cambio, ese mismo tapping sobre la cubierta superior, debido a las fluctuaciones en la presión del aire que generan esa cabina anterior.

Digitalizando pasado y presente

Bien. Vamos ahora con una de las características más sugerentes de este Sony PS-HX500. La marca tokiota ha apostado con este tocadiscos por la conversión de analógico a digital de manera flexible y simple. En Sony saben que el vinilo vive un periodo dulce, y nada mejor para disfrutar de nuestra colección que llevándola donde más nos guste y mediante la máxima calidad posible.

Lo único que tenemos que hacer es conectar el cable USB a su correspondiente salida y, desde ahí, a nuestro PC o MAC. Para ello necesitamos la aplicación Hi-Res Audio Recorder, que podéis descargar gratis directamente desde aquí (Windows o Mac OSX). Como pueden ver en la imagen, el sistema de grabación es limpio y muy intuitivo. El conversor D/A interno admite conversiones originales de analógico a DSD de 2,8 MHz o en digital de 5,6 MHz (128x).

En PCM podemos grabar tanto en 16 como en 24 bits de resolución y en frecuencias que van desde los 44.1 kHZ, el estándar de un CD de audio, hasta los 192 kHZ. Así que podemos convertir nuestros vinilos en pistas resultantes en formato DSF —formato de modelado tridimensional de alta resolución— o WAV. Yo realicé la prueba, usando línea directa, desde un Mac OS X 10.11.5, deteniendo la grabación en cada pista e introduciendo el nombres de autor y demás metadata, en formato WAV a 24 bits/96 kHZ.

El resultado es impecable: de alguna forma conserva los artefactos y rarezas propias, logrando transmitir todos esos matices que hacen al vinilo un formato especial y característico. El editor, por cierto, permite cortar y eliminar las partes de la grabación que no nos interesen, como un secuenciador de audio. Muy práctico para borrar desde la propia app los noise bridges entre pistas o para limpiar los comienzos y cierre de disco.

El resultado de la digitalización es impecable: una conversión fidedigna para nuestros vinilos

Luego, claro, podemos convertir esos archivos a MP3 y escucharlo en el coche, en el móvil, o almacenarlos en un disco duro. Aunque esa no es en absoluto la meta de Sony con un tocadiscos de semejantes características. En este particular recomiendo al usuario convertir los archivos originales —te encontrarás con mastodontes de 400 megabytes— a FLAC, un formato más manejable pero que al menos se cuida de no recortar frecuencias de manera drástica.

Sony PS-HX500, la opinión de Xataka

El Sony PS-HX500 es fiable, aunque no perfecto. Le falta un plus de flexibilidad, para cubrir mayores perfiles de usuarios. La aguja ofrece sobre el papel unos 3g de presión que resultan insuficientes. Tengo la sensación de que aún, sobre la máquina, se pueden aportar elementos para batir a sus competidores. Su rendimiento analógico es solvente, dentro del rango de precios y capacidades, pero donde destaca de verdad es en su rendimiento digital. Es el primer tocadiscos del mercado en ofrecer conversión directa a DSD.

Las piezas jazzísticas se escuchan con un timbre grueso y cálido

Los discos se escuchan asombrosos, las piezas de jazz que probé —fundamentalmente el clásico ‘Kind Of Blue’ y ‘A Love Supreme’— suenan gruesas, con un timbre cálido y suave, sin la coloración dulce tan típica del formato digital, incluso traduciendo los momentos más “rasposos” del original. Con piezas electrónicas, como el 'Foley Room' de Amon Tobin, descubrí «notas» y matices más allá de lo que recordaba.

Podría decirse, en resumen, que este tocadiscos, que podemos adquirir por 399 euros, llega en el momento perfecto para hacer las delicias de quienes tengan una buena colección de vinilos a digitalizar, bien por espacio o practicidad, pero a nivel analógico y de construcción no suponen una gran revolución sonora.

El producto ha sido cedido para la prueba por parte de Sony. Puedes consultar nuestra política de relaciones con empresas

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