
El proyecto "Second Life" pretende darle una nueva vida a las baterías de sus Nissan Leaf
En Melilla tienen un sistema formado por 78 unidades de estas baterías que pueden suministrar energía a toda la ciudad durante 15 minutos
Nissan ha vuelto a poner el foco en uno de sus proyectos españoles más singulares. Y es que en una reciente nota de prensa, la compañía recuperaba el caso de Melilla como ejemplo de cómo está impulsando la "segunda vida" de las baterías de sus coches eléctricos. La instalación lleva ya varios años funcionando en la ciudad, pero el proyecto sigue siendo uno de los argumentos centrales de Nissan para defender que una batería que ya no sirve para mover un coche todavía tiene mucho que aportar a la red eléctrica.
De qué va exactamente. El proyecto se llama Second Life y nació de una alianza entre Nissan, el grupo energético Enel (a través de su filial española Endesa) y la empresa italiana Loccioni, especializada en sistemas de medición y control. La idea consiste en aprovechar baterías del Nissan LEAF que han terminado su etapa en el coche para montar un sistema de almacenamiento estacionario de energía.
Según anunció la propia compañía cuando hizo público el proyecto, la instalación combina 48 baterías usadas del LEAF con 30 nuevas, hasta sumar 78 unidades.
Por qué Melilla y no otra ciudad. Melilla es un caso poco común dentro del sistema eléctrico en España, ya que está aislada, no se conecta a la red nacional de distribución y depende por completo de una única central térmica operada por Endesa. Dicho de otra forma, si esa planta se cae, la ciudad entera se queda sin luz. Y precisamente ese punto convierte a la ciudad en el escenario ideal para probar sistemas de respaldo como el de Nissan.
Cómo funciona en la práctica. El conjunto de baterías actúa como un generador de emergencia. Reúne una potencia de 4 MW y una capacidad de hasta 1,7 MWh de energía almacenada. Si la central se desconecta, el sistema puede inyectar electricidad a la red de Melilla durante unos 15 minutos. Puede parecer poco, pero es el margen que se considera suficiente para reactivar la central y restablecer el suministro sin que la población llegue a notar un corte prolongado. Vamos, que sirve como colchón para evitar apagones y mantener la red estable (aunque no está a prueba de apagones tan problemáticos como el de abril de 2025).
Un detalle técnico interesante. El sistema no desmonta las baterías celda a celda. Según explica la compañía, cuando se extrae cada pack de un vehículo se coloca directamente en el sistema de almacenamiento tal y como iba montado en el coche. Es una forma de reaprovechar el conjunto sin un proceso de desmantelaje complejo, algo que abarata y simplifica la reutilización.
Estrategia. La marca enmarca Second Life dentro de su concepto de las "4R": reutilizar, refabricar, revender y reciclar. Es una lógica de economía circular, pues una batería que pierde rendimiento en un coche todavía conserva buena parte de su capacidad, suficiente para usos donde no se le exige tanto, como el almacenamiento fijo de energía. Soufiane Elkhomri, director de Servicios Energéticos de Nissan para la región AMIEO, contaba además que la colaboración con Enel les permitió crear "un modelo para la segunda vida de una batería, que puede aplicarse a muchos otros casos de uso".
Un primer paso. Melilla es solo una pieza dentro de una apuesta más amplia que Nissan replica en otros lugares, como las baterías del LEAF que dan respaldo al aeropuerto de Fiumicino en Roma o a algunas de sus instalaciones en Japón. La idea es interesante, sobre todo por la parte de reutilizar un componente tan crítico como la batería de un coche. Habrá que ver, en cualquier caso, hasta qué punto este tipo de soluciones se generaliza a medida que millones de baterías de vehículos eléctricos vayan llegando al final de su primera vida en los próximos años.
Imagen de portada | Christelle Hayek y Giovanni Della Checa
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