Hubo una época en la que tener un termómetro en el coche era todo un lujo. Así lo resolvía este ingenioso invento en el retrovisor

Lincoln termometro
  • Marcas prestigiosas estadounidenses como Cadillac o Lincoln incluían termómetros analógicos bajo el espejo retrovisor de sus coches

  • Sin pantallas ni electrónica, se convirtió en un accesorio para vehículos premium

Antonio Vallejo

Editor

Hoy por hoy contamos con elementos básicos en nuestros coches que han perdurado casi en el mismo sitio durante décadas. Por ejemplo: el termómetro. Llevamos muchísimos años pudiendo saber qué temperatura hace en el exterior desde la comodidad de nuestro coche (aunque a veces nos preguntemos si el sensor funciona como debiera).

Sin embargo, muchísimo antes de que este elemento se incorporase al cuadro de instrumentos o a la pantalla central de nuestro coche, algunos fabricantes optaron por otro lugar: bajo el espejo lateral del conductor. Y es que en una época en la que lo analógico predominaba, no había más remedio.

La América del lujo de los setenta

El termómetro analógico en el retrovisor exterior fue un invento nacido en los Estados Unidos, en el contexto de los grandes coches de lujo americanos de los años setenta. Una época en la que las marcas más prestigiosas del país competían por ofrecer el equipamiento más extravagante posible, desde relojes Cartier integrados en el salpicadero hasta sistemas de apertura de garaje o indicadores de autonomía.

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El mecanismo era sencillo a la par que ingenioso. Y es que tal y como recogen en el foro Curbside Classic, donde propietarios y aficionados han debatido durante años sobre este tipo de accesorios en los vehículos, el termómetro funcionaba mediante un muelle en espiral hecho de un material sensible a los cambios de temperatura (normalmente dos metales con coeficientes de dilatación térmica muy distintos, como el latón u aleaciones de hierro y níquel).

Un extremo del muelle estaba fijado al interior de la carcasa del espejo; el otro, al pequeño tambor exterior. Al dilatarse o contraerse con el calor o el frío, el muelle hacía girar el tambor, que mostraba la temperatura correspondiente en una escala graduada. No había cables ni electrónica. Era pura mecánica de precisión.

Además, algunos fabricantes incluían iluminación integrada en el accesorio, ya sea a través de una bombilla o fibra óptica que provenía del cuadro de mandos (como en algunos Cadillac). Este último método era mejor, ya que no generaba calor y no alteraba la lectura del termómetro.

Cadillac primero, Lincoln después

La marca que primero ofreció esta peculiaridad fue Cadillac, la joya de la corona de General Motors. Según cuentan en The Autopian, los Cadillac equiparon estos termómetros en el espejo lateral sobre el 1976, antes incluso que su rival directo Lincoln. El Cadillac Seville, modelo insignia de la marca en aquel periodo, fue uno de los que incluían este accesorio en su equipamiento, que también estuvo disponible en otros modelos de la gama como el Eldorado, el DeVille o el Fleetwood.

Termómetro en un Lincoln. Imagen: Vanguard Motor Sales (Instagram)

Desde Hagerty Media, en un artículo sobre el Cadillac Fleetwood Brougham de 1976, cuentan que el termómetro en el espejo lateral era una opción disponible en el catálogo de ese año a un precio de 18 dólares, lo que lo situaba entre los extras más asequibles dentro de un menú de opciones que incluía desde el control de crucero (104 dólares) hasta el sistema de alarma (114 dólares) o el radiocasete (239 dólares).

El Buick Park Avenue, la otra gran apuesta de GM en el segmento premium, también lo llevó desde sus primeros años como paquete de equipamiento para diferenciarse del resto. Tal y como aparece en la ficha de equipamiento, el Park Avenue original de 1975 ya incluía el espejo con termómetro junto a otros elementos como climatizador y nivelación trasera automática en la suspensión. Por su parte, según cuenta el medio, Lincoln, la división de lujo de Ford, incorporó el termómetro iluminado a sus modelos a partir de 1978.

Un lujo difícil de encontrar hoy

Espejo retrovisor de un Lincoln con termómetro incorporado y cableado para el control automático del espejo. Imagen: eBay

Tal y como expresa el medio el medio, hoy resulta extraordinariamente complicado encontrar estos espejos en buen estado. Un espejo con termómetro para un Lincoln Town Car de 1988 puede alcanzar entre 140 y 660 dólares en plataformas de segunda mano como eBay según el estado de la pieza, mientras que uno destinado al Cadillac Seville de 1976-1979 puede superar los 800 dólares.

El termómetro de Lincoln de los años ochenta incorporó ya la doble escala Fahrenheit y Celsius, algo que los modelos de finales de los setenta no tenían, pues solo mostraban la temperatura en la escala Fahrenheit. Sin embargo, Cadillac empezó a deshacerse de sus termómetros analógicos, ya que a comienzos de los 80 ya incluían en sus vehículos sistemas más avanzados de temperatura donde también se mostraba la temperatura del exterior en formato digital.

El salto a lo digital

La llegada de sistemas electrónicos cada vez más avanzados hizo que estos termómetros quedaran obsoletos. En la primera mitad de los años ochenta, los fabricantes comenzaron a integrar pantallas digitales en los salpicaderos que mostraban, entre otros datos, la temperatura exterior. Era la era del "high-tech", y lo digital tenía un enorme atractivo para el comprador de lujo.

El primer coche con instrumentación digital fue el Aston Martin Lagonda, presentado como prototipo en 1976, aunque su tecnología de tubos de rayos catódicos resultó demasiado cara para el público masivo (imagínate cuánto de caro, si ya de por sí comprarse un Aston Martin no era precisamente barato). Fue la llegada de las pantallas LCD de cristal líquido, y en particular la tecnología TN LCD, más barata y ligera, la que democratizó los paneles digitales en los coches durante la primera mitad de los ochenta.

A partir de ese momento, mostrar la temperatura exterior en un display dentro del habitáculo fue pasando de ser una novedad a una característica cada vez más habitual, primero en los coches premium y, con el paso de los años, en segmentos cada vez más accesibles. A mediados de los noventa, ya era un elemento relativamente común en los coches de gama media-alta.

Y si alguna vez te has preguntado dónde se encuentra el sensor que mide la temperatura y que se refleja en la pantalla de tu coche, normalmente está en el paragolpes delantero, alejado del calor del motor.

Visto con perspectiva, el termómetro en el espejo lateral fue un producto de su tiempo, pero verlo a día de hoy, aunque sea en imágenes, le da un atisbo de elegancia mecánica muy pintona.

Imagen de portada | The Autopian (eBay)

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