
Henry Ford dominó como nadie los entresijos laborales de su propia empresa. Sabía cuándo tenía que abrir y cerrar la mano
Nadie resumió mejor las dudas que a uno le asaltan cuando se pregunta si realmente conoce algo que Sócrates y su famoso "sólo sé que no sé nada". Esa sensación de desamparo ante todo lo que uno puede llegar a conocer se ha expresado de múltiples maneras a lo largo de la historia.
Esa humildad llevó a Sócrates a ser reconocido como el "sabio más sabio". Es algo que lo explica Platón en ‘Apología de Sócrates’, la defensa que hace Sócrates cuando es acusado de corromper a los jóvenes y rechazar a los dioses. Esa supuesta corrupción llega porque Sócrates era un firme defensor de la mayéutica, como se llama a su proceso de confrontar ideas en un diálogo abierto a través de hacer preguntas clave al discípulo.
Como señalan nuestros compañeros de Trendencias, el problema no es ni mucho menos ignorar algo. El verdadero problema es conocer algo sobre un tema y llegar a pensar que lo conocemos todo. Un error que se ha repetido siempre en la historia y para el que Henry Ford tenía una solución: "nos deshacemos de él".
Siempre queda algo por aprender
Sabemos que Henry Ford fue un hombre peculiar. Creó el primer coche producido en masa del mundo, el Ford Model T gracias a la producción en cadena. Es decir, gracias a la extrema especialización de sus trabajadores.
Ya contamos que, para conseguirlo, no dudó en pasar por encima de la competencia ofreciendo sueldos más altos y, sobre todo, prometiendo repartir todos los beneficios obtenidos a final de año. La mitad para los trabajadores, la mitad para él. El resultado fue tan exitosos que al día siguiente la entrada a la fábrica colapsó porque nadie quería perderse la oportunidad de ganar mucho más dinero apretando los tornillos de un coche.
La producción en cadena tiene un funcionamiento tan sencillo como complejo. Todos los componentes tienen que estar en su sitio cuando toca. Y todos los empleados tienen que hacer lo propio. El absentismo y las bajas injustificadas estaban tan extendidas en aquel momento que llevó a Ford a proferir esta promesa. Tentando al trabajador con más dinero del que cobrarían en cualquier otro sitio, se aseguraría que estuviera presente en su puesto de trabajo.
Y es que si un engranaje de la cadena falla, el resto se resiente. Si fallan dos, probablemente la cadena se rompa. Esto nos lleva a que en una cadena de montaje, lo ideal, es que una persona siempre trabaje igual, al mismo ritmo y con movimientos repetitivos. Cualquier distracción se paga en tiempo... y eso es dinero que se va por el desagüe.
Podríamos decir que estos trabajadores son expertos en lo suyo. ¿Sí? Pues Henry Ford tenía un mensaje para ellos: la puerta de la calle. Y es que como se lee en I Invented the Modern Age: The Rise of Henry Ford de Richard Snow, a Henry Ford no le gustaba que sus trabajadores le llevaran la contraria y, mucho menos, que se pensaran que ya lo sabían todo sobre algo. En dicho libro, se recoge que el mandamás de la compañía que llevaba su nombre dijo en 1922:
"Ninguno de nuestros hombres es un 'experto'. Desafortunadamente, hemos decidido deshacernos de un hombre tan pronto como se cree un experto, porque nadie se considera a sí mismo un experto si realmente conoce su trabajo... En el momento en que uno entra en un estado mental de 'experto', una gran cantidad de cosas se vuelven imposibles"
Explica el autor que lo que Ford quería dejar claro es que la última palabra sobre cualquier tema la tenía él. En parte, también, porque era él el único que tenía una fotografía completa de la compañía y del producto que tenía entre manos. El éxito del Ford Model T le había llevado a un estado de creerse infalible, cuentan en el libro. Pero lo cierto es que cada cosa que probaban por orden de Henry Ford acababa funcionando por ilógico que pareciera.
Convertirse en un experto en la materia podía llevar a cualquiera a cuestionar la dirección y las decisiones del director de orquesta. Sin embargo, uno de los directivos apuntaba aquellos días que un día Ford le pidió algo que le parecía imposible. Sin embargo, le decía a un periodista: "Es una tontería, una cosa imposible, pero ha logrado tantas cosas imposibles que he aprendido a suspender el juicio y esperar el resultado".
Esa capacidad para probar y no desechar ninguna idea por absurda que pareciera antes de tener la constancia de que no iba a funcionar es lo que buscaba Henry Ford entre sus trabajadores. De hecho, en ese mismo libro se señala que Ford rechazaba las críticas que lo trataban de inmovilista, recalcando que tenía vehículos de pruebas para comprobar la fiabilidad de sus innovaciones y que, aunque él tenía la última palabra, no iba a desechar una mala idea porque se aseguraba de contemplar todas las opciones antes de dar o no el visto bueno a algo.
Es muy probable que esta forma de pensar le llegara desde su formación autodidacta en la que, se cuenta, que había huido de los libros en favor de la experimentación práctica sobre la teórica.
Foto | Wikimedia
Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com
VER 1 Comentario