
Ford ha invertido 2.000 millones de dólares para cambiar la forma de fabricar sus coches
Acababa de empezar el año 1914 cuando Henry Ford soltó la bomba: repartiría la mitad de los beneficios conseguidos en un año entre todos sus trabajadores. La cifra, se esperaba, ascendería a unos 10 millones de dólares de la época. Al día siguiente, su fábrica había colapsado por la cantidad de gente que estaba esperando para entrar en la línea de montaje.
El movimiento fue tan audaz como imprescindible para la compañía. En aquellos años las fábricas tenían un problema grave de absentismo y Henry Ford tenía muy claras sus ideas. Sabía que la producción en cadena abarataría la producción de sus coches pero necesitaba mucha mano de obra de forma sostenida.
Es lo que conocemos como el Fordismo, de donde salió la producción en cadena a gran escala, con el consiguiente ahorro de costes. Y es que cuanto más copias se venden del mismo producto, más barato sale porque más rápido se amortizan los costes fijos. Es por eso que Henry Ford no se complicaba lo más mínimo: "Cualquier cliente puede tener un coche pintado del color que quiera siempre y cuando sea negro", dijo una vez sobre el Ford T.
La frase era más socarrona que otra cosa pero explicaba bien lo que quería hacer con sus coches. Sin embargo, Ford dejó muchas otras frases relacionadas con su método para producir coches que eran igual de interesantes. Algunas de ellas, de hecho, pueden aplicarse hoy aunque, curiosamente, se tenga que adaptar parte de la filosofía original de aquel proceso productivo que hizo del Ford T el primer coche de masas.
Del Ford T al futuro coche eléctrico
Y es que cuando se trata de ganar al mercado, Henry Ford tendía muy claro que había que prestar atención a lo importante: "cuanto menos complejo sea un artículo, más fácil será de fabricar y más barato se venderá", tal y como se recoge en el libro My life and work del propio Henry Ford.
El objetivo es diferente, la simplificación del producto facilita la una producción más sencilla y reducir los tiempos productivos. Por lo tanto, se puede fabricar más más rápido y más barato por lo que se puede jugar con el precio cuando se vende el producto en la calle.
Esto mismo es lo que, según algunos expertos, han conseguido desde China. BYD y Tesla están simplificando sus productos al máximo para ahorrar en costes productivos y así poder competir contra la maquinaria extremadamente engrasada y eficiente que es Toyota.
El problema para esta última empresa es que esta forma de trabajar le replantea por completo sus propios estándares de calidad pero, sobre todo, le obliga a replantearse todo su sistema productivo. Y es que un coche eléctrico no se fabrica igual que uno de combustión. Por eso hay consultoras que han señalado a Toyota que no está actuando correctamente si piensa simplemente en ambas tecnologías de manera muy parecida.
En Ford hace tiempo que vienen dándole vueltas a esta idea. Desde la compañía han reconocido que se han llevado coches chinos a sus instalaciones para desmontarlos y entender qué los hace diferentes. La fascinación de Ford por los vehículos llegados desde este país de Asia es tal que Jim Farley, CEO de la compañía, ha reconocido que no se quería bajar de su Xiaomi SU7.
Para ponerse al día, en Ford se han sumado a esa corriente que dice que un coche eléctrico no puede producirse como uno de combustión. Con ello se huirá de la línea única, del camino sobre el que se asentó el Fordismo pero el objetivo final es el mismo: abaratar los costes productivos. Seguir la máxima de hacer del producto el objeto más simple posible porque eso, en la práctica, abarata la producción y permite vender más barato.
Lo hacen optando por una fabricación en árbol a lo que han llamado "Nuevo sistema de producción universal de coches eléctricos de Ford". En lugar de montar el coche en una sola línea, en Ford han ideado otro sistema que se basa en tres subconjuntos que terminan por unirse casi al final del proceso productivo cuando el coche ya debería estar muy cerca de salir por la línea de montaje. Así, tenemos tres espacios individualizados: uno para la parte delantera del coche, otro para la trasera y un último que incluye batería, asientos y consola.
Según la compañía, el nuevo sistema les permite producir sus vehículos eléctricos un 40% más rápido en la fábrica Louisville Assembly Plant donde la compañía ha invertido casi 2.000 millones de dólares para renovarla en profundidad y sacar de allí sus "camionetas eléctricas de tamaño mediano". Es decir, pick-up eléctrica y grandes todoterrenos que en Europa considerarías de gran tamaño.
Con este nuevo sistema, aseguran, es más sencillo ser eficiente en el diseño de la electrónica y la instalación de los cables, lo que supone un ahorro en peso y, sobre todo, en dinero que hay que invertir en cableado. Una máxima que ya hemos visto en otros modelos del mercado como el BMW iX3. Según los datos de Ford, necesitarán un 50% menos de conexiones eléctricas, un 50% menos de instalaciones de refrigración y un 20% menos de piezas.
Además de todo esto, la planta contará con WiFi-7 y un sistema de 5G privados para el envío de datos lo que, según Ford, les permitirá hacer controles de calidad más exhaustivos en cualquier punto del proceso productivo. Esto repercute en encontrar antes cualquier tipo de defecto y ponerle remedio lo antes posibles.
Es decir, la intención de la compañía es reinventarse para el futuro pero siguiendo las premisas que su creador ya les marcó hace más de 100 años.
Vía | L'Automobile
Foto | Wikipedia y Bram Van Oost
Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com
VER 2 Comentarios