El transporte público gratuito ha llegado a Europa: por qué puede ser una mala (y buena) idea

La gratuidad del transporte público sigue siendo un tema ampliamente debatido en Europa. Hemos visto que el modelo de financiación que ha funcionado hasta ahora no es a prueba de pandemias. Es decir, no se puede confiar en los cargos a los usuarios de la forma en que lo hicimos. Pero a medida que las principales metrópolis empiezan a salir del hoyo, sigue siendo una incógnita si un modelo de transporte público gratuito podría tener un efecto transformador en grandes ciudades.

Lo cierto es que es un tema controvertido. De los experimentos en lugares que han aplicado esta iniciativa se derivan puntos a favor y en contra. Pero lo que sí está claro es que existe una tendencia a adoptar esta nueva modalidad gratuita en Europa. Y no parece que vaya a desaparecer.

Una tendencia. La idea del transporte público gratuito no viene de nuevas. En Francia, ya es una realidad para cientos de miles de personas en más de 30 municipios, como Calais, Marsella y Toulous. En París, se introdujo el transporte público gratuito para menores de 18 años en 2020. Estrasburgo, la novena ciudad más grande de Francia, aplicará la misma política en septiembre. Y cerca de un millón de habitantes del área metropolitana de Nantes viajan gratis los fines de semana.

En 2013, la ciudad estonia de Tallin se convirtió en la primera capital de la UE en adoptar este modelo y el año pasado Luxemburgo, con una población de 626.000 habitantes, se convirtió en el primer país en ofrecer transporte público totalmente gratuito. Podríamos decir que es una nueva tendencia basada en la creación de redes verdes más sostenibles y que ayuden a las comunidades más necesitadas.

Resultados. Las diversas medidas han tenido resultados muy dispares. Uno de los experimentos más recientes ha sido en la ciudad de Dunkerque, en el norte de Francia. Su sistema de transporte público pasó a ser gratuito en 18 rutas de autobús. Esta política ha “revitalizado” el antiguo puerto industrial y ha ayudado a reducir las emisiones de carbono, según un estudio del Observatorio independiente de Ciudades de Transporte Libre. Los investigadores concluyeron que después de la implementación, que fue financiada por un pequeño aumento en el impuesto comercial, los pasajeros aumentaron en un 60% durante la semana y se duplicaron los fines de semana, con casi 50.000 viajes realizados por día.

A favor. Los defensores argumentan que hacer que el transporte público sea gratuito, además de reducir las emisiones y la contaminación del aire, aliviaría las presiones sobre los hogares desfavorecidos y, a la luz de las fallas del sistema actual basado en tarifas expuestas por la pandemia, crearía un modelo de financiamiento más resistente para el futuro. Pero las razones socioeconómicas también son importantes. En Estrasburgo, las familias con dos hijos llegarían a ahorrar 550 euros en tickets de viaje al año, según los planes propuestos.

Alain Jund, el vicepresidente de movilidad de la ciudad, decía en un reportaje de la BBC: "Estamos en una crisis económica. Esta es una medida de solidaridad y protección del poder adquisitivo. Pero también se trata de proporcionar igualdad territorial entre los del centro de la ciudad y los de las zonas rurales, y proteger el derecho a la movilidad”.

En contra. No obstante, otros críticos se oponen a la idea de reducir las tarifas, señalando los principales desafíos de costes e infraestructura involucrados en la transferencia de una política probada en pueblos pequeños a centros metropolitanos en expansión. Esas preocupaciones vienen por un estudio sobre la zona de Ile-de-France sobre la viabilidad de abolir las tarifas en la región. Descubrió básicamente que, si bien la política llevaría a un aumento del 6 al 10% en los pasajeros, costaría entre 2.200 y 3.300 millones de euros, la calidad del servicio de la red se reduciría y el uso del automóvil solo se reduciría en un 2%

El caso de Tallin, que hemos analizado en Magnet, es bastante representativo de este otro lado de la moneda. El transporte gratuito no hizo que la gente abandonara sus coches para subirse al bus, ni que los atascos desaparecieran. El número de pasajeros sólo creció un modesto 3% y solo contribuyó a elevar un 1,2% el número de viajeros, según un estudio emitido por el Real Instituto de Tecnología en Suecia. Lo que pone de manifiesto que el factor precio no es es el único determinante en la elección del automóvil como medio de transporte, teniendo mucho más peso razones como el tiempo de viaje, la comodidad o la disponibilidad.

A las grandes ciudades. Trasladar un sistema similar a una ciudad como París llevaría más tiempo. La diputada Audrey Pulvar ha hecho del transporte público gratuito una promesa clave en su campaña para convertirse en presidenta de Ile-de-France, una región que alberga a 12 millones de personas. Según su propuesta, una implementación gradual primero permitiría que los menores de 18 años, estudiantes y solicitantes de empleo recibieran transporte gratuito, antes de extender la política a todos los residentes los fines de semana, y luego todos los días, para 2026.

Se estima que esta medida costaría la friolera de alrededor de 3.000 millones de euros al año. Según sus planes, ese déficit se cubriría con impuestos sobre los vehículos más contaminantes y las empresas de comercio electrónico como Amazon, basándose en el impuesto pionero de Francia sobre los gigantes tecnológicos, así como mediante los "costos evitados" de accidentes automovilísticos, contaminación y horas perdidas de trabajo por el tráfico, que según ella le cuesta a la región 10.000 millones de euros al año.

Hay diferencias. Pero no sucede lo mismo en un lugar como Dunkerque comparado con lo que sucede en una megaurbe como la de París o Londres. En Dunkerque pagan muy poco por los costes del transporte público y eso significa que el tránsito sin tarifa es relativamente fácil de implementar, especialmente porque ya la pandemia ha reducido aún más el uso y, por lo tanto, los ingresos por la venta de tickets.

Pero este no es el caso en todas partes. Las tarifas representan alrededor de dos tercios del presupuesto de transporte de Londres, lo que significa que su eliminación sería mucho más complicada y cualquier despliegue de transporte gratuito debería hacerse gradualmente. Basta decir que el londinense medio gasta más de 100 euros en transporte al mes.

Imagen: Unsplash

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