Le habíamos prestado muy poca atención a los bellísimos escenarios de Sailor Moon

Hay poco nuevo que decir de aquel anime que cambió la historia del medio y la vida de millones de niñas a lo largo del globo. Naoko Takeuchi consiguió revolucionar y dignificar el maho shojo, muchos países occidentales abrieron sus cadenas televisivas a un nuevo estilo de anime y los japoneses, especialmente los de Toei Animation, lograron hacer pingües beneficios.

Años después y gracias a nichos especializados en plataformas como Twitter o Tumblr aquellas niñas, ahora adultas, están redescubriendo la serie. Puede que muchas de nosotras recordásemos con mucho cariño a unos personajes unidimensionales y, sobre todo, las fetichistas transformaciones corporales que impactaron nuestras retinas para siempre. Lo que estamos descubriendo ahora, también, es que aquellos finísimos hilos narrativos estaban llenos de lecciones sobre la amistad femenina, la lucha contra los roles de género, el lesbianismo e incluso el cuidado de la salud mental.

También vemos ahora que el trabajo de animación, aunque claramente comercial y sometido a una producción acelerada, salía del paso con bastante elegancia, imponiendo además todo un estilo artístico propio, vaporoso y pastel, desvergonzadamente almibarado, que ha vuelto a ser reivindicado después en el Internet post 2010 y las modas millennials.

Sin más ni más, un paseo óptico por aquellos fondos fijos de la serie que circulan ahora por la red y que nos hacen reconectar con aquella poderosa fantasía que nos hizo creer en el amor y la justicia.

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